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Blog Educativo fundado por Docentes 2.0 ® el 7 de Junio de 2013

miércoles, diciembre 06, 2017

EL ACTO DE DISCERNIR | DOCENTES 2.0


El verbo discernir, procedente del latín discernĕre, refiere a distinguir o advertir algo. El discernimiento es el proceso sistemático que permite tomar decisiones libres de compulsiones interiores, que pertenezcan a lo más cerca posible a la realidad objetiva y que estén íntimamente en armonía con las convicciones de nuestra seguridad. Todas las personas toman decisiones y tiene todo lo necesario para tomar decisiones en la vida. Estas decisiones pueden estar equivocadas o motivadas por impulsos incontrolables, o pueden estar llenas de certeza y sabiduría.

El acto de discernir es una virtud ligada a un juicio moral que permite al individuo valorizar si una acción es buena o mala. El discernimiento en el aula de clases como juicio moral es la habilidad o capacidad que posee una persona para certificar o negar el valor moral de una determinada situación.

La palabra discernir es sinónimo de juicio, perspicaz, distinguir, comprender, es decir, cuando una persona discierne algo debe de comprender, distinguir lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto y ser prudente en su manera de actuar. Por ejemplo, en el aula de clases cuando un docente propone un trabajo debe de discernir, es decir, debe de analizar lo bueno y lo malo de esa propuesta de trabajo para poder tomar una correcta decisión.

Por otro lado, lo contrario de discernir es imprudencia, inocencia, insensatez, irreflexión, entre otros. Se refiere a la persona que no es capaz de hacer un juicio cabal sobre la situación y sin apreciar las consecuencias de sus actos. Discernir visto como la capacidad de comprender y declarar la diferencia entre varias cosas de un mismo asunto o situación; en medio de una educación arrinconada por la practicidad, soporta a que el aula de clase debe ser un territorio para pensar, sopesar, distinguir, caracterizar y valorar, con criterio y evidencias sólidas.

No obstante, sin estos criterios cualquier elección, opinión o actuación en el aula de clases es válida. De hecho, un mal que agobia a los docentes, es la ausencia de criterio o el temor de hacer valer su criterio. Cuando los criterios son relativizados o llevados a su mínima expresión, el discernimiento se hunde y sin ello, todo viene a ser válido, indistinto y aceptado.

En síntesis, en la actualidad la educación está enmarcada en el adolescentismo de las opiniones, el rating y las respuestas inmediatas que, en los juicios y las posturas sólidas, una labor impostergable del docente es tener criterios claros, exponerlos y guiar las prácticas de aula desde ellos. Si algo anhelan las nuevas generaciones, son adultos con criterio. El mundo actual necesita educadores que enseñen para la vida y no sólo para una sesión de clase.

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