
A partir de la práctica de las distintas técnicas de estudio, se pone en marcha una gran cantidad de habilidades por parte del estudiante, como, por ejemplo: la lectura comprensiva, superficial, concentración, etc., por lo que no sólo benefician los resultados en el estudio, sino que optimizan y desarrollan una gran cantidad de habilidades necesarias para la evolución de nuestro estudiante.
Tradicionalmente, los docentes han considerado que la mejor manera de estudiar es memorizar una gran cantidad de conceptos, para después reproducirlos en el examen. Se ha justificado que esto, no da los resultados pertinentes en el aprendizaje del estudiante, ya que sólo se restringen al reproducir los contenidos memorizados en la memoria a corto plazo en el examen, por lo que los esquemas mentales previos no llegan a modificarse, ni se produce un aprendizaje significativo, llegándose a olvidar rápidamente los nuevos contenidos.
En el estudio interceden una gran cantidad de factores, los cuales condicionan el mismo y lo hacen posible o lo entorpecen. Estos factores se pueden controlar, modificar y mejorar, a partir de las actuaciones oportunas. Entre los factores que determinan el estudio encontramos los siguientes:
- Cognitivos: Inteligencia general, Aptitudes específicas, Conocimientos previos, Práctica intelectual habitual, Material didáctico, Emocionales, Motivación, Autoconcepto, Ansiedad, Estabilidad, Madurez, Expectativas y Actitud
- Sociales: Adaptación al grupo, Sociabilidad, Adaptación familiar.
- Ambientales: Lugar de estudio, Iluminación, Temperatura, Ruidos e Interrupciones.
- Conductuales: Conducta en clase, Hábitos de estudio y Actividades extraescolares.
- Fisiológicas: Estado de salud general, Fatiga física y Sueño.