Los problemas del error en el aprendizaje, son están antiguos como la enseñanza misma. No obstante, nos encontramos continuamente con el error en la vida diaria, y el sentido común no deja que se repita. En la mayoría de las actividades que practican los estudiantes, se consideran como un desafío, es decir, como una ocasión más de superación. Sin duda, porque aprecian que aprenden algo más en cada momento en que intentan algo en lo que equivocarse. En la institución educativa todo cambia.

El error es una fuente de angustia y de estrés. Hasta los estudiantes que se consideran buenos tienen miedo de errar, y todos hemos conservado la fuerte emoción de esos incómodos momentos pasados frente a la pizarra, o incluso la de aquellos días en que el lápiz del docente iba descendiendo por el listado de clases, en busca de un nombre.

En los modelos constructivistas los errores no se consideran faltas vergonzosos ni fallos de programa lamentables, solo son síntomas interesantes de los obstáculos con los que se enfrenta el pensamiento del estudiante, Los educadores, están en el mismo foco del proceso de aprendizaje que se quiere conseguir e indican los progresos conceptuales que deben obtenerse. 
El hecho de que el docente conozca la dirección de la enseñanza, no es suficiente para suprimir los temores que nacen con la admiración de las vistas y formas desconocidas. Las fatigas los sumergen. Se enganchan a una palabra, a un enunciado, a una idea, como a una rama que no queremos soltar. Este detalle insignificante toma enormes proporciones, sólo lo ven en él. Ya que no son capaces de moverse.
Existe un aprendizaje del error, es decir, que se deben orientar y guiar las ideas de los educandos antes que subrayar inútilmente lo incompleto de sus conocimientos. Nunca se acaba de comprender. Todo saber auténtico y vivo comporta su círculo de neblina y sus zonas oscuras, por lo que se debería dedicar aquí un verdadero elogio a la imperfección. Sólo los conocimientos académicos que no sirven y los ejercicios en la aplicación repetitiva parecen escapar de esta regla, pero tienen poco que ver con el aprendizaje.
En síntesis, la vida escolar es una fuente de verdades. Porque existen variados estatus que pueden tener los errores escolares, y sus efectos pueden reconducirse posteriormente de manera positiva. En efecto, el error parece una buena forma de analizar modelos pedagógicos; es la piedra de roce de una mayor profesionalización del trabajo del educando.

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