LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA, LA FAMILIA Y LA COMUNIDAD.

Las instituciones educativas, especialmente aquéllas que están en contextos de desventaja en la actualidad, no pueden trabajar aisladas de las familias y de las comunidades respectivamente. Es una realidad establecida que, cuando las instituciones educativas trabajan conjuntamente con las familias para apoyar el aprendizaje de los estudiantes, estos suelen tener éxito. De ahí el requerimiento continúo a formar redes de colaboración que involucren a los padres en las tareas educativas.

Realmente el problema no es el objetivo sino cómo se traspasan las barreras actuales y como partiendo de la situación llegar hasta él. Si bien la literatura está llena de experiencias que describen programas de importancia de las familias, actividades realizadas y resultados conseguidos, el problema es su carácter situado y la escasa posibilidad de transferencia a otros contextos.
En la actualidad, existen un conjunto de obstáculos y barreras, más perceptivos que objetivos, que impiden la colaboración y el trabajo conjunto: los docente no siempre fomenta la implicación de las familias, en parte es debido a la desconfianza contra las evidencias que pueden aportar a la mejora de la educación; Así mismo, los padres no siempre participan cuando son inducidos, debido al desconocimiento e inseguridad sobre lo que ellos pueden hacer, entre otras cosas. En los últimos tiempos, los docentes se quejan ante determinadas situaciones conflictivas, la actitud más común de los padres es la de apoyar a sus hijos, en vez de colaborar. Es preciso romper las fronteras de territorios separados, cuando de lo que se trata es del objetivo común de educación para la ciudadanía. 
La familia desempeña un papel crítico en los niveles de consecución de los estudiantes y los esfuerzos por mejorar los resultados de los estudiantes son mucho más efectivos si se ven acompañados y apoyados por las respectivas familias. Si es muy importante el apoyo en casa, éste se ve reforzado cuando hay una implicación en las tareas educativas desarrolladas por la institución educativa. Como efecto final, dicha implicación contribuye, a la larga, a mejorar el propio centro educativo.
Hay distintos enfoques teóricos y prácticos sobre las relaciones familia-comunidad: 
  1. Un enfoque de integración de servicios comunitarios, apropiado para zonas desfavorecidas.
  2. Un enfoque funcional de implicación de las familias, que describe los papeles y responsabilidades de los docentes y las familias para promover el aprendizaje de los estudiantes.
  3. Un enfoque organizativo que apuesta por construir capital social mediante el establecimiento de redes y relaciones con la comunidad.
La familia, la institución educativa y la comunidad son tres esferas que, de acuerdo con la propuesta de Epstein, según el grado en que se compartan intersecciones y se solapen tendrán sus efectos en la educación de los estudiantes. La colaboración entre estos agentes educativos es un factor clave en la mejora de la educación. Pero el grado de conexión entre estos tres mundos depende de las actitudes, prácticas e interacciones, en muchos casos sobre determinadas por la historia anterior. La situación sociocultural y las políticas y prácticas anteriores condicionan el grado de implicación y la forma y tipos de relación; las líneas de comunicación individual e institucional especifican cómo y dónde tienen lugar las interacciones entre la institución educativa, familias y entorno.
De acuerdo con Epstein, basándose en la teoría de solapamiento entre esferas de influencia, identificó seis tipos de implicación de la institución educativa-familia-comunidad que son importantes para el aprendizaje de los estudiantes y para hacer más efectiva la relación entre instituciones educativas y familias:
  1. Ejercer como padres: ayudar a todas las familias a establecer un entorno en casa que apoye a sus hijos como estudiantes y contribuya a las instituciones educativas a comprender a las familias.
  2. Comunicación: diseñar y realizar formas efectivas de doble comunicación (familia-institución educativa) sobre las enseñanzas de la institución educativa y el progreso de los estudiantes.
  3. Voluntariado: los padres son bienvenidos a la institución educativa para organizar ayuda y apoyo en el aula, el centro y las actividades de los estudiantes.
  4. Aprendizaje en casa: proveer información, sugerencias y oportunidades a las familias acerca de cómo ayudar a sus hijos en casa, en el trabajo escolar.
  5. Toma de decisiones: participación de los padres en la institución educativa.
  6. Colaborar con la comunidad: identificar e integrar recursos y servicios de la comunidad para apoyar a las instituciones educativas, a los estudiantes y a sus familias, así como de estos a la comunidad.
El tópico de implicación de las familias domina en los estudios y prácticas desarrolladas en torno al incremento de las relaciones entre familias e instituciones educativas. La literatura se ha centrado (HooverDempsey y Sandler) en comprender por qué los padres llegan a implicarse en la educación de sus hijos y en cómo esta implicación influye en el rendimiento de los estudiantes. De acuerdo con estos autores, la motivación para dicha implicación se asienta en la construcción del papel de padre o madre para implicarse y en la percepción de su eficacia para ayudar a sus hijos a aprender. El primero incluye un sentido de responsabilidad personal o compartida por los resultados educativos de sus hijos y en las creencias concurrentes acerca de lo que ellos pueden aportar para apoyar a sus hijos en el aprendizaje y en el éxito escolar. Por su parte, el sentido de eficacia incluye la creencia de que sus acciones personales pueden ayudar eficazmente al estudiante a aprender. A su vez, la implicación en la educación se construye socialmente mediante las interacciones con el profesorado y directivos, con los otros padres y con sus hijos.
Así, las invitaciones para participar suelen ser un factor motivador relevante, en la medida en que sugiere que dicha implicación es bien vista, valorada y esperada por el profesorado. Esta invitación puede provenir del centro escolar como conjunto, resultado de un clima escolar favorable; de los propios tutores y de los docentes. El tiempo y la capacidad (conocimientos y destrezas) de los padres actúan, al tiempo, como factores favorables o barreras. Sin duda hay también factores contextuales de las familias que condicionan dicha participación (estatus socioeconómico; conocimientos, destrezas, tiempo y energía de los padres; cultura familiar). Precisamente, en contextos sociales desfavorecidos, justo los que precisan mayor implicación de los padres, estos factores no contribuyen.
Las estrategias para incrementar la implicación de las familias se pueden clasificar en dos grandes grupos:
  1. Estrategias para incrementar las capacidades de la institución educativa para implicar a las familias: crear condiciones para un clima escolar dinámico e interactivo con los padres y madres. El equipo directivo puede adoptar un conjunto de medidas para apoyar la participación y las relaciones entre los docentes y familias, favoreciendo la creación de confianza. A su vez, se puede capacitar al profesorado para establecer relaciones positivas y continuas con las familias.
  2. Estrategias para capacitar a los padres a involucrarse efectivamente: apoyo explícito de la institución educativa para que los padres construyan un papel activo, un sentido positivo de eficacia y una percepción de que la institución educativa y los docentes quieren su participación. Ofrecer sugerencias específicas de lo que pueden hacer y hacerlos conscientes del relevante papel que tienen en el aprendizaje exitoso de sus hijos.

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