TRASTORNOS DEL APRENDIZAJE.

El psicoanálisis tuvo su primer encuentro con la educación a partir del propósito denominados “trastornos del aprendizaje”. Fue un indicio el que convocó la mirada psicoanalítica. Y a partir de allí numerosos autores han abordado los fracaso escolares desde sus referentes teóricos, incluyendo intentos de integración psicopedagógica, tratando de articular las ideas de Piaget, del constructivismo con las del psicoanálisis, predominando una propuesta asistencial ante la demanda de la institución educativa, invocando al psicoanálisis como auxiliar de un “aprendizaje eficaz”. Ahora bien, si consideramos el síntoma como formación del inconsciente, como expresión de la división subjetiva, este confina un sentido ignorado a descifrar.

Cuando se reflexiona acerca de la temporalidad del inconsciente como un tiempo lógico, diferente al cronológico durante la implicación de la singularidad del sujeto, la variabilidad de una estructura de un individuo a otro, nos enfrenta a una paradoja: el docente, por un lado, inevitablemente se dirige a una masa, a un determinado grupo y, a la vez, espera promover la producción de subjetividad que apunta a los tiempos singulares del aprendizaje de cada estudiante. Sobre este tema, se tendrá que diferenciar los llamados problemas de aprendizaje de los problemas en el aprendizaje. Si los períodos están desencontrados se suele hablar de fracaso escolar. Entonces, el psicoanálisis les brindará aportes en torno a cómo crear las diferentes reglas del juego referentes a la subjetividad, por un lado, y, por otro, a los objetivos institucionales. Es decir, se abre un campo de aporte del psicoanálisis: no solo atender a la lección y asistencia de los problemas en el aprendizaje, sino también que puede intervenir sobre los docentes y la institución en su conjunto, recordando que el deseo del docente y el deseo del estudiante no configuran un par equilibrado. En tal sentido, se puede confirmar que lo que se aprende es diferente de lo que se enseña, por un lado, el terreno de los problemas del y en el aprendizaje que ya mencionamos, pero, por otro, el universo de la creatividad, la originalidad, el cuestionamiento crítico.

En psicoanálisis se refirieren a la función deseo del analista como uno de los nombres para pensar la posición del analista, entre otros factores, como intento de aislarse del desnivel de los ideales que un analista puede llegar a significar desde lo imaginario. ¿Será permitido pensar en deseo del docente? Cordié propone que el deseo de enseñar puede tener su fuente en una vocación ligada a motivaciones personales más o menos conscientes, elección personal que corre a la par con la inscripción del sujeto en un discurso y en una práctica; se trata aquí del discurso de las ciencias de la educación. Pero la función de enseñante no exige neutralidad y revela los aspectos de la persona sin gestionar recursos para controlar los efectos de esa revelación, a diferencia del análisis del analista.

Rabant señala: “La manera en que el deseo del pedagogo sostiene la función del saber en el campo pedagógico traza las líneas de fuerza que definen el espacio como campo pedagógico”.

Pero Lacan, sugiere al deseo del enseñante al referirse al vínculo entre el sujeto y el saber. Y nos dice que allí donde la razón del enseñante no se plantea, hay docente. Afirmación incomprensible que se enlaza con la interrogación acerca de si habrá alguna enseñanza que garantice como resultado un saber. La propuesta de los diferentes tipos de discursos como formas de lazo social en la cultura abre la posibilidad de pensar diversos posicionamientos del docente. No será lo mismo ubicar el saber en el lugar de agente comandado por la verdad reprimida del dueño, que pensar al enseñante como sujeto separado, ocupando la función del analizante, que desde su falta pueda dar lugar a la producción de un saber en el otro; se trata del sujeto del inconsciente interrogando los significantes dueños, revelando que el dueño es por su función debilitada.

A menudo en la docencia existen las interrogantes:


  1. ¿Qué realmente se trasmite al estudiante cuando se enseña?
  2. ¿Solo se enseña lo expresamente sugerido?
  3. ¿Existe relación con lo que un docente intenta enseñar y lo que un estudiante recibe? 
El clásico concepto de Lacan se aproxima que el analista no transmite un saber, sino un deseo, menciona a los desniveles que se desarrollan cuando la falta estructural del sujeto puede establecerse. La transmisión involucra, entonces, una articulación del deseo con el saber. La creencia en la disfrute del saber impresiona la circulación deseante en tanto hay conocimiento y saber. Al conocimiento lo ubica entre lo imaginario y simbólico, incluye la dialéctica de yo a yo que indica a la ilusión de totalidad cerrada; tentación de arribar a un lugar de certeza y a un supuesto sujeto acabado y absoluto. El saber es creado entre lo simbólico y lo real, queda sujeto al orden significante y, a su vez, su dimensión de real presupone lo inabordable e indecible. Habrá saber que no se sabe, saber desconocido, dimensión de ignorancia, de no comprensión, que podrá abrir las puertas de la interrogación y la indagación, del deseo. En una situación de enseñanza-aprendizaje, el discurso del docente dice más de lo que quiere decir y de lo que sabe que dice. 
Hemos tratado de proyectar que la aproximación a la verdad tiene que ver con el Sujeto del inconsciente, que con Freud será siempre parcial en razón de los “ombligos incognoscibles del inconsciente”. La verdad se entredice por y en las formaciones del inconsciente: síntomas, actos fallidos, chistes; se habla en lo detallado, en lo absurdo, en la discontinuidad del discurso; no hay leyes lógicas del pensamiento que la descubran.
Lacan resalta que la realidad es sobre el deseo y que en tanto tal, es ficticia, se dice a medias, no toda o se expresa mal. Y se señala según una estructura de ficción ya que pasa por el lenguaje. Y no se la puede decir toda ya que es imposible agotarla por su dimensión de real.
Se trata entonces, de pensar el lugar en el que se ubica el enseñante, el desnivel de enunciación presente en todo enunciado de saberes que se emiten. Lo que el docente comunica, para que efectivamente fructifique en una práctica eficaz, deberá hacer lazo con el saber inconsciente del que escucha.

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