EL BENEFICIO DEL APRENDIZAJE.

Uno de los principales elementos que limitan el aprendizaje es la motivación con que éste se afronta. Para ello, proporcionar que los estudiantes se interesen y se esfuercen por comprender y aprender, diferentes investigadores han estudiado los factores de que depende tal motivación y han desarrollado modelos instruccionales en base a los que crear entornos de aprendizaje que faciliten que éste se afronte con la motivación adecuada. Sin embargo, la realidad empírica sobre la efectividad de las intervenciones basadas en estos modelos no es suficiente. Teniendo en cuenta la variedad de estudiantes existente, es importante mejorar la eficiencia motivacional de los entornos de aprendizaje y ajustarlos a las distintas clases de estudiantes. 

Los estudiantes afrontan su trabajo con más o menos interés y esfuerzo debido a tres tipos de factores: 
  1. El significado que para ellos tiene lograr aprender, lo que se les propone, estos significados que depende de los tipos de metas u objetivos a cuya consecución conceden más importancia. 
  2. Las posibilidades que imaginan que tienen de superar las dificultades que conlleva el lograr los aprendizajes propuestos por los docentes, consideración que depende en gran medida de la experiencia de saber o no cómo afrontar las dificultades específicas que se encuentran.
  3. El costo, en términos de tiempo y esfuerzo, que intuyen que les va a llevar lograr los aprendizajes perseguidos, incluso considerándose capaces de superar las dificultades y lograr los aprendizajes.
Las actividades académicas tienen siempre más de un significado puesto que, como veremos, favorecen a la consecución de diferentes metas. Sin embargo, no todas las metas tienen la misma importancia para cada uno de los estudiantes. Esta importancia varía tanto en función de la orientación personal de éstos como de las distintas situaciones que afrontan a lo largo de su vida académica. Por este motivo, teniendo en cuenta que las distintas metas a menudo tienen efectos opuestos sobre el esfuerzo con que los estudiantes afrontan el aprendizaje, parece importante conocer cuáles son tales efectos para así saber sobre qué metas tratar de influir y cómo hacerlo.
El significado básico que toda situación de aprendizaje debería tener para los estudiantes es el de que posibilita incrementar sus capacidades, haciéndoles más competentes, y haciendo que disfruten con el uso de las mismas. Cuando esto ocurre se dice que el estudiante trabaja intrínsecamente motivado, siendo capaz de quedarse pensativo en su trabajo, superando el aburrimiento y la ansiedad, buscando información espontáneamente y pidiendo ayuda si es realmente necesaria para resolver los problemas que encuentra, llegando a autorregular su proceso de aprendizaje que, de un modo u otro, llega a plantearse como el logro de un proyecto personal. 
Considerar, que lograr que los estudiantes afronten el aprendizaje atribuyéndole el significado señalado tiene efectos máximamente positivos, lo que plantea la cuestión de saber qué característica debe reunir el modo en que el docente plantea la enseñanza para que los estudiantes la afronten del modo indicado. El aprendizaje se realiza, no obstante, en un contexto social que ayuda a atribuirle otros significados. El significado más cierto es el instrumental. Por ello, esforzarse por aprender puede ser más o menos interesante dependiendo del significado funcional de lo que se aprende. Se busca aprender algo útil, si bien la utilidad es relativa: comprender un principio, resolver un problema, facilitar nuevos aprendizajes, facilitar aprendizajes que posibilitan el acceso a distintos estudios, al mundo profesional en general y a puestos específicos de trabajo en particular, etc. Si no se percibe la utilidad de lo que se ha de aprender, el interés y el esfuerzo tiende a disminuir en la medida en que el estudiante se plantee la cuestión de la utilidad. En cambio, en la medida en que se perciban las múltiples utilidades a corto y a largo plazo que puede tener aprender algo, aumenta la probabilidad de que el interés y el esfuerzo se acrecienten.
El beneficio del aprendizaje puede ser algo intrínseco al mismo. Así, estudiar proporciona la comprensión de conceptos o procedimientos que, a su vez, facilitan la comprensión y el aprendizaje de otros más complejos que, por su parte, aporta la adquisición de capacidades más generales. El esfuerzo y el aprendizaje, sin embargo, pueden percibirse como útiles porque posibilitan la consecución de incentivos externos. La ausencia de incentivos externos puede ser, en consecuencia, una causa de la falta de motivación, por lo que en tales situaciones su uso parece aconsejable. A pesar de, el hecho de que para un sujeto su motivación primaria para aprender dependa de incentivos externos no siempre tiene efectos positivos. 
A menudo favorece a hacer desaparecer el interés intrínseco que puede tener la realización de una asignación, haciendo que los estudiantes se esfuercen sólo cuando consideran que su realización les va a aportar algún beneficio externo a la misma. Las actividades académica puede tener, además, otros significados. En los contextos académicos, tanto la actividad de los estudiantes al tratar de aprender como la consecución o no de los logros perseguidos es objeto de evaluación. Conseguir calificaciones positivas da seguridad, una seguridad que es básica, razón por la que los estudiantes estudian sobre todo para aprobar. La amenaza de notas desfavorables tiende a hacer que aumente el número de asignaciones terminadas, pero suele favorecer el aprendizaje mecánico y memorístico frente a la elaboración de la información que posibilita un aprendizaje significativo. La amenaza de una evaluación adversa puede que aumente ciertos rendimientos, pero cualitativamente su efecto sobre el aprendizaje es negativo. Ligado a menudo al hecho de la evaluación, la actividad académica cobra significado favorable en la medida en que los resultados contribuyen a preservar o aumentar la autoestima, y significado desfavorable en caso contrario. 
Sin embargo, el hecho de que los estudiantes afronten su trabajo académico atendiendo sobre todo a la posibilidad mencionada tiende a inhibir actividades como preguntar, participar, etc., que podrían contribuir a facilitar el aprendizaje, así como a inducir la adopción de estrategias que garanticen su consecución en vez de otras que podrían facilitar un aprendizaje significativo. Este efecto se produce tanto más cuanto mayor es el miedo a fracasar, y lleva a los estudiantes a tratar de evitar las situaciones de aprendizaje. La actividad académica cobra aún otros significados que pueden influir en el interés y esfuerzo que los estudiantes ponen en aprender. Esto se refiere, por un lado, a que sea percibida como algo que uno elige o acepta de buena gana, no por imposición, o por el contrario, a que sea percibida como una imposición sin valor personal. 
Como ya puso de manifiesto de Charms, trabajar sin sentirse obligado, a ser posible en torno a proyectos de desarrollo personal que uno elige, o dicho de otro modo, sentir que se actúa de forma autónoma, controlando la propia conducta, es positivo y facilita la autorregulación, al contrario de lo que ocurre cuando uno se siente marioneta en manos de las personas que le obligan a estar en clase. Si un estudiante se siente así, obligado, desaparece el esfuerzo y el interés y aumentan sobre todo las conductas orientadas a salir como sea de la situación.
Por otro lado, la actividad académica no se realiza de forma impersonal, sino en un contexto social en que las relaciones entre docentes y estudiantes pueden afectar al grado de aceptación personal y afecto que éstos experimentan de parte de aquellos. Todo estudiante busca sentirse aceptado como es. Por ello, si por la razón que sea un estudiante experimenta rechazo por parte del docente o, simplemente, que éste prefiere y trata de favorecer a los demás más que a él mismo, si puede procurará evitar la situación y, si no puede, se sentirá obligado, lo que no favorece en modo alguno su motivación por aprender. 
El conjunto de resultados que se derivan del distinto significado que la actividad académica puede tener para los estudiantes ha llevado a analizar las consecuencias potenciales que se derivan de sus modos de actuación del docente en relación con las distintas metas que persiguen los estudiantes para crear entornos de aprendizaje que estimulen el interés y el esfuerzo de éstos por aprender. Sin embargo, como se señaló al comienzo, la motivación depende no sólo del significado de la actividad, sino también de saber cómo afrontar las asignaciones de aprendizaje y, en particular, las dificultades con que se encuentran.

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