EL APRENDIZAJE CONTINUO.

La globalización y el avance de este cada día nos lleva a la necesidad de un aprendizaje continuo, para poder vivir en una sociedad que presenta constantemente y de forma rápida cambios culturales, tecnológicos, políticos, científicos, económicos, geográficos. Hoy en día se necesita una educación que desarrolle la capacidad de pensar y la capacidad de aprender, situando en primer plano el requerimiento de un aprendizaje continuo, o el aprender a aprender.

Hoy por hoy existe un movimiento internacional para aumentar y mejorar las estrategias de enseñar a pensar. Se han formado muchos programas y enfoques diferentes predestinados a favorecer el proceso de aprendizaje en todos los currículos y para todos los ciudadanos.
Enseñar a pensar es una perspectiva que va más allá del objetivo tradicional de los aprendizajes concretos entendidos como cambios en la conducta. Se trata de enseñar a que las personas sean cada vez más conscientes y responsables de sus capacidades, procesos y resultados de aprendizaje. Las investigaciones desarrolladas desde el enfoque de la psicología cognitiva han modificado las concepciones del proceso de enseñanza-aprendizaje. Esta nueva perspectiva pone el énfasis en los procesos internos del sujeto que aprende, resaltando el papel activo de la información que reciben y que a su vez suministran, utilizando una amplia variedad de estrategias en el procesamiento de la información, en la adquisición, elaboración, retención, recuperación y utilización de conocimientos, en la toma de decisiones y en la solución de problemas. En la medida que se puede conocer mejor el proceso de enseñanza-aprendizaje también se puede controlar y mejorar.
La capacidad para aprender continuamente tiene mucho que ver con el aprendizaje de estrategias generales del pensamiento que nos permiten conocer, y buscar la información que necesitamos, en un momento dado, para resolver una tarea o solucionar un problema. Esto envuelve que tan importante es saber cuál es la información que uno tiene como saber la que le falta, en un momento dado, para resolver la tarea o solucionar el problema. Esto también implica que para favorecer un aprendizaje permanente se necesita sobre todo enseñar al sujeto las capacidades que le permitan generar de manera continua la información que va necesitando. Por lo tanto, podemos deducir por estrategias de enseñar a pensar el aprendizaje de estrategias generales del pensamiento, que son objeto de instrucción explícita. Este conocimiento puede y debe realizarse a través de las diferentes áreas del currículo, aunque puede aparecer claramente como objetivo en algunas de ellas. 
Antes, los test que se utilizaban para medir la inteligencia no eran socioculturalmente neutrales, y favorecían a los sujetos de la cultura dominante y de niveles socioeconómicos más elevados. El autor Feuerstein trató de aplicar un programa de adiestramiento que compensara en lo posible esos déficits socioculturales. Trató primordialmente de medir no solamente lo que ya sabían los sujetos sino sobre todo determinó lo que eran competentes para aprender o si se señala su potencial de aprendizaje. Este potencial nos indica las posibilidades de cambio futuro y las posibilidades reales de mejora del sujeto. No mide lo que es sino lo que puede ser a nivel intelectual. Existen pruebas empíricas que ponen de manifiesto la modificabilidad cognitiva.
Un requerimiento fundamental de esta modificabilidad cognitiva es al mediación o mediaciones instrumentales y sociales que usemos en el proceso de aprendizaje. Algunos autores que han estudiado la adquisición del conocimiento han puesto mucho énfasis en la naturaleza constructiva personal del sujeto y cada vez más se reconoce la importancia de la dimensión social. El aprendizaje y el pensamiento tienen lugar en un contexto social, están influenciados por la cultura y el entorno histórico e institucional en el que se inscriben.

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