En el camino de la vida, todo ser humano necesita sentirse reconocido, aceptado y valorado por el grupo social, para así, tener un claro sentido de pertenecía a éste. Este reconocimiento, le proporcionará su desarrollo personal y académico, garantizando el éxito en sus interacciones con el entorno. Por esta razón, es fundamental que el estudiante se sienta importante, es el combustible que necesita para que su funcionamiento sea el deseado. 

Los docentes como cualquier ser humano, posee un sistema de emociones que interfiere en su proceder y provoca unas actuaciones determinadas ante situaciones concretas. Es por ello, que adaptan y relacionan mejor con unos estudiantes que con otros. Sin embargo, cuando determinados estudiantes forman parte del grupo clase, los demás miembros pueden pensar que son injustos, practican el favoritismo, enfocan más la atención a unas emociones que a otras. Estas actuaciones son contraproducentes para el estado anímico personal y grupal, y contrarrestan la productividad. 
Por ello, el primer paso que debe hacer el docente, consiste en reconocer qué determinados estudiantes sintonizan mejor con él, la personalidad y manera de funcionar estimulan ciertas personalidades más que otras, y que cuando se les enseñan, las emociones funcionan con ellas. Este conocimiento es importante, y será el punto de partida para reconocer que el docente tiene que aprender a flexibilizarse, crear entornos adecuados y aceptar o dar permisos a formas de sentir que hasta ahora no conocía. 
Un ejemplo básico: el docente perfeccionista constantemente sentado frente a un ordenador, al encontrarse ante estudiantes que suelen equivocarse con frecuencia, creerá que son poco minuciosos, que cometen muchos errores o sencillamente son irritantes. Efectivamente, es posible que los evite en la medida de lo posible o les dedique menos tiempo y atención. Regularmente, también puede suceder que los valores de un estudiante son ofensivos o no están en línea con su propio estilo de vida. Estos sentimientos por parte del docente pueden influir y condicionar en sus interacciones con los estudiantes de manera latente. 
Además, si los valores, formas de sentir y decisiones de actuar de un estudiante, son similares a los del docente, tiene una personalidad interesante o unas cualidades que son de su agrado, es muy posible que trate a esa persona con una prioridad implícita. 
El propósito de esta acción, es reconocer que los sentimientos del docente hacia los estudiantes, pueden establecer un sistema de categorías que dificulta la habilidad para aceptarlos primero y educarlos después. Igualmente, este ejercicio está creado para mejorar las destrezas de autoconocimiento y empatía. 
Una de las herramientas más importantes para fortalecer la inteligencia emocional es conocerse así mismo con exactitud. Ser consciente de los sentimientos como líder que les ayudará a ser capaces de evaluar la justicia de sus propias acciones. Esta honestidad personal puede llevarlos a adquirir un mayor autocontrol cuando son enfrentados a situaciones limitantes o que puedan provocar una reacción emocional adecuada. 
Todos los docentes están sujetos a las emociones normales y naturales en sus interacciones con las personas, han adquirido una destreza aprendida en el manejo y la expresión de las mismas y tienen unas reglas o valores al respecto.
Se le recomienda al docente, que haga una lista con los nombres de sus estudiantes. Comenzando por el que más le gusta y termine por el que menos le gusta. No debe preocuparse. Sea sincero. 
  1. ¿Qué estudiante le cae mejor como persona?, 
  2. ¿Quién le cae peor? 
  3. Eso se, no se lo pregunte acerca del rendimiento, solo sobre la personalidad. 
Pero, para realizar la lista debe establecer algunas cualidades que debe reflexionar: 
  1. ¿Quiénes son los estudiantes con los que se siente mejor o peor?: Piense con quién le gusta estar y a quién prefiere evitar. 
  2. Sobre las emociones detectadas: cuáles le parecen negativas, de cuáles casi no es consciente y cómo suele expresarlas o manejarlas. Todos tenemos preferencias. 
Una vez elaborada la lista conteste a las siguientes preguntas: 
  1. ¿Hay diferencias en el tiempo que usted invierte al relacionarse con los estudiantes que ocupan los primeros lugares de la lista y los que están al final? Explíquelo. 
  2. ¿Es diferente su lenguaje corporal en su relación con los estudiantes que están al comienzo de la lista y los que están al final? Explíquelo 
  3. ¿Reacciona usted mentalmente de forma diferente cuando se le acerca alguien que está al comienzo de la lista o alguien que esté al final? Explíquelo. 
  4. ¿Creen usted que los estudiantes, en ocasiones, detectan esas diferencias sutiles? 
  5. ¿Por qué, como usted como docente, le debe preocupar el hecho de si los estudiantes son o no conscientes de esas diferencias sutiles? 
  6. ¿Qué estados inducen, su propio manejo de las emociones? 
  7. ¿Qué emociones evita y en cuáles se siente con confianza?, 
  8. ¿Influye el estado emocional de sus estudiantes o condiciona la manera de darse cuenta de sus emociones, sentirlas, expresarlas o calibrarlas adecuadamente? 
Realizado el ejercicio y analizado los resultados, realice en su aula las estrategias necesarias.

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