Una pieza clave en el aula de clases, es que las actitudes se educan, y por lo tanto se pueden educar en un ambiente escolar. En el momento, en que el docente se plantee esto como un objetivo, el estudiantado cambiara sus actitudes negativas hacia las actividades, compañeros y hacia el educar, desde luego, trabajando diariamente determinados aspectos. 

Es pertinente recordar, que el docente de observar muy bien sus aulas de clases, ya que, ninguna clase es igual a otra, aunque usualmente en todas ellas, se pueden encontrar con tres áreas:
  1. En función de su actitud ante el trabajo y la convivencia.
  2. Grupo que trabaja y se esfuerza, que convive armoniosamente al que hay que seguir motivando y valorando sus logros prestándole la atención correspondiente. 
  3. Una actitud intermedia donde se instalan la mayoría y que pasan de una zona actitudinal a otra dependiendo en gran medida de la capacidad del docente para controlar y motivar al aula. 
Realmente, este grupo es el que marca el clima general del aula de clases, por lo que exige de empatía para acercarlo al polo más positivo. Los estudiantes renuentes a la tarea escolar y con actitudes obstruccionistas, al que hay que ir ganando para la zona intermedia con acercamiento personal y afectivo, pero también marcando las normas claramente. Y cuando su número es muy elevado en la clase, se debe intermediar mecanismos de actuación colectiva del centro, así como replantearse los criterios de agrupamientos. 
La clase se instala, como una mecedora en la que hay que atraer hacia el polo positivo al grupo de la zona intermedia a fuerza de motivación, control y relaciones de empatía, valorando el esfuerzo del grupo positivo para aumentar su autoestima. Es necesario introducir diariamente mensajes de valoración hacia el esfuerzo y la tarea bien hecha, dedicando más tiempo de la clase a esta labor que a la de reprimir al grupo que no la hace.
Además, se debe incitar a que el estudiante tome interés por la tarea a través de un currículo funcional que dé valor a otros aprendizajes que se adquieren en otros contextos y que otorgue protagonismo del educando para adquirirlos. Y, por último, el docente al implementar una metodología variada y motivadora, podrá contemplar desde el trabajo individual, por parejas, en grupos colaborativos, grupos interactivos, educando ayudante, y un amplio abanico de posibilidades. Sabemos por experiencia que, si el estudiante encuentra utilidad e interés en los que se les propone y rentabilidad en el esfuerzo realizado, su actitud cambiará notablemente. 
En síntesis, el docente debe introducir elementos de evaluación diversificados que vaya desde el trabajo individual al colectivo.

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