LA ACTITUD EN EL DOCENTE.

De acuerdo a Floyd Allport: “La actitud es una disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia que ejerce una influencia directriz o dinámica sobre las reacciones del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden”.

La actitud es la forma de actuar de una persona, el comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas. En este sentido, puede considerarse como cierta forma de motivación social de carácter secundario, frente a la motivación biológica, de tipo primario que impulsa y orienta la acción hacia determinados objetivos y metas. Eiser define la actitud como: “predisposición aprendida a responder de un modo consistente a un objeto social.”


La teoría de la actitud 
1. Teoría del aprendizaje: Según esta teoría, el individuo aprende actitudes del mismo modo en que aprende todo lo demás. Al aprender una información nueva, se aprende los sentimientos, los pensamientos y las acciones que están en relación con ella. En la medida en que sean recompensados (reforzados) por ellas, el aprendizaje perdurará.
Actitudes en el docente
Los docentes delante de un grupo muestran diferentes actitudes, todas ellas claras para sus estudiantes. Es así como en las aulas, se identifica con facilidad al docente arrogante, intimidante, autoritario, paternalista (sobreprotector), permisivo, democrático, voluble (inconsistente), juez, paranoico y equilibrado.
  1. Arrogante: Se siente superior a sus estudiantes, se considera inalcanzable, sin errores. Tiene grandes dificultades para escuchar las opiniones de sus estudiantes y de sus compañeros, incluso de sus directivos. No reconoce errores.
  2. Intimidante: la amenaza lo acompaña en todo momento, de tal forma que al menor intento de algún estudiante por cambiar la clase, se puede hacer acreedor a disminución de calificación, reportes escritos de conducta o aprovechamiento, cita para los padres de familia, trabajos extras o canalización con alguna autoridad escolar. Su herramienta no es la estrategia, sino la amenaza y el castigo.
  3. Autoritario: Tiene dificultad para escuchar y permitir sugerencias. Lo que él dice se debe hacer sin titubeos. Lo que indique, aunque no tenga la razón, se debe obedecer porque él es el maestro y manda. No reconoce la crítica, se violenta ante la misma.
  4. Paternalista: Es sobreprotector, su trato hacia los estudiantes es excesivamente cariñoso, con frecuencia repite a los estudiantes el afecto que siente por ellos. Defiende a sus estudiantes en todos los casos, ya sea frente a los directivos, asesores, psicólogos, orientadores e incluso, de los padres de familia. El vínculo afectivo que establece con sus estudiantes (en ocasiones), impide que se cumplan las normas de conducta y trabajo en el aula.
  5. Permisivo: En la mayoría de los casos, evita el esfuerzo de lograr que los estudiantes trabajen o se desarrollen bajo normas establecidas, y por lo mismo, permite que la actividad sea libre y la atención se disperse. Evita conflictos con los estudiantes dejando que ellos hagan lo que prefieran en clase. Tiene graves problemas de control de grupo.
  6. Democrático: Este docente guía su didáctica de acuerdo a lo que digan las mayorías. Pide tarea si la mayoría lo desea, salen a trabajo de campo si la mayoría del grupo tiene interés, trata en clase un tema nuevo si a la mayoría le parece importante, incluso, en ocasiones cambia sus criterios de evaluación de acuerdo a la escala que la mayoría proponga. En este caso, la guía de la clase no es el maestro, sino las mayorías.
  7. Voluble: Es inconsistente, puede presentarse a una clase con buen ánimo, entusiasta y motivador, y a la siguiente con temperamento colérico, exigiendo trabajos complicados e innecesarios. Un día puede ser el apoyo del grupo y al otro, su acusador. Este maestro cambia sus criterios con facilidad, lo cual desconcierta a sus estudiantes.
  8. Juez: Este docente cree saber en todas las situaciones, qué es lo que sucede. Se atreve a juzgar sin fundamento, de tal forma que rechaza tareas porque asegura que el estudiante no la hizo, anula presentaciones por creer que el estudiante no las diseñó, “adivina” quién hizo alguna avería y le castiga, hasta impide la entrada a su clase de algún estudiante porque según su criterio, no llegará a nada. Hace un juicio de todas las situaciones de clase.
  9. Paranoico: Se siente perseguido por sus estudiantes y piensa que todo lo que hacen o dejan de hacer, es con la intención de perjudicarle. Es así como se encuentran docentes que le dicen a sus estudiantes “no hicieron la tarea para hacerme enojar”, o “reprobaron para que el promedio de aprovechamiento de mi clase sea bajo, porque quieren perjudicarme con los directivos”. Este docente, lejos de entender las debilidades de los estudiantes, cree que todo acto es premeditado y va contra su persona.
  10. Equilibrado y/o asertivo: Mantiene un adecuado control de emociones, ideas, juicios y didáctica en clase. Es firme en los principios de conducta y de trabajo, sin llegar al autoritarismo de un dictador. Establece vínculos que favorecen el proceso de enseñanza – aprendizaje, sin llegar a sobreproteger a sus estudiantes. Escucha con atención y reconoce sus errores. Enseña al estudiante a aprender del error. Permite lo necesario y prohíbe lo que daña al proceso y a la persona. No se muestra exageradamente sentimental, pero a la vez, no es frío y rígido. Busca el equilibrio, la justicia, el crecimiento del estudiante y la razón.

Quien se desempeña como docente tiene la responsabilidad de cuidar su aspecto actitudinal, y es importante señalar que el tener mucho conocimiento no hace mejores a las personas, sino la calidad de trato al interactuar con sus estudiantes. Lo elemental es tener la actitud de servicio, para enseñar a quien lo necesite o solicite. Cuando un estudiante ve a su profesor como modelo a seguir, y sólo entonces, es cuando un docente puede llamarse justamente «Docente», es decir, una persona que sabe enseñar y que aprende al enseñar.

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