Las creencias muestran el modo de desenvolverse en todos los aspectos de la vida, son las que rigen las decisiones y actuaciones del hombre. Algunas de las creencias que trascienden directamente sobre la didáctica de la escritura son: “enseñar a escribir es un asunto del área de Lenguaje; quienes saben escribir solo necesitan hacerlo una vez; escribir es decir lo que uno sabe o escribir implica necesariamente redactar textos con buena ortografía”. Estas opiniones repercuten directamente en la práctica pedagógica. 


Sin embargo, en un proceso de formación es necesario conocer lo que piensa el docente sobre la enseñanza de la escritura, cómo aprendió esta práctica, cuáles son sus experiencias personales con la escritura y para qué cree que sus estudiantes necesitan este aprendizaje. Todo lo antes nombrado, permitirá revelar cuál es el marco de referencia que tiene el educador para comprender y planificar sus actuaciones en el aula. Sin embargo, acceder a lo que piensa el docente sobre la escritura y su manera de enseñarla no es suficiente si no se diferencia con la práctica. Esto es importante, porque los pensamientos siempre son conscientes y tan solo se develan cuando se confronta el decir-pensar con el hacer.
Para que se origine una evolución en la forma de abordar la escritura, el educador debe hacer una revisión de sus creencias con el propósito de movilizarlas y transformarlas. Para numerosos docentes, la enseñanza de la escritura es una tarea exclusiva del área de Lenguaje. Una de las razones por las cuales esta idea tiene tanta solvencia, radica en que se piensa que escribir bien significa producir textos formalmente correctos. 
En oposición con esta idea, existen investigaciones ha arrojado suficientes experiencias que demuestran que enseñar a comprender y producir las alocuciones en una disciplina es enseñar las formas de pensamiento y conocimiento que le son propias; por lo tanto, para los docentes de primaria que, generalmente, tienen a su cargo las asignaturas básicas es fundamental encontrar los modos particulares que tiene la escritura en cada una de ellas. 
Esto conlleva, a reconocer que el valor de la escritura como herramienta para aprender, para comunicarse, para relacionarse con el mundo no es exclusivo de una sola área. Esto presume transformar en objeto de reflexión y de planificación explícita por parte del docente aquello que se produce en todas las áreas que esté relacionado con el lenguaje.

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