LA DESMORALIZACIÓN EN LA DOCENCIA.

Cuando se habla sobre el docente la mayoría de veces se refieren a él como un colectivo bastante cohesionado y con actitudes y rasgos similares: “los docentes están cansados y desanimados” o “los docentes se sienten maltratados por la opinión pública” son afirmaciones que describen el estado anímico de un colectivo profesional como si constituyeran un grupo homogéneo. 

Es posible que la mayoría de los docentes tengan actitudes similares ante determinados temas, pero también es predecible que se manifiesten diferencias entre ellos en función de determinadas variables: 

  1. La etapa educativa en la que trabajan. 
  2. El sexo. 
  3. Los años de docencia. 
Entre todas ellas, tal vez esta última dimensión haya sido tradicionalmente la más olvidada, quizás por las dificultades de tenerla en cuenta, tal vez por su relación con otros cambios que se producen en el ciclo vital de las personas, o quizás también porque determinadas reacciones y valoraciones de los docentes se encuentran en todas las edades.
Es conveniente señalar, que la edad no es el factor principal de los cambios o de los momentos de crisis que viven los docentes, sino que en muchos casos es posible que sean las transformaciones educativas por nombrar algunos:
  1. El tipo de reforma educativa, 
  2. El cambio de centro, 
  3. Un nuevo equipo directivo, 
  4. La presencia de estudiantes diferentes a los habituales, 
  5. La necesidad de impartir una materia distinta, 
  6. Nuevas exigencias, 
  7. Una experiencia innovadora,
  8. Un conflicto irresoluble con los estudiantes,
  9. Los Conflictos que pueden los desencadenar las etapas críticas,
  10. Posiblemente los procesos independientes,
  11. Las experiencias acumuladas por el docente a lo largo de los años,
  12. La actitud profesional que permite explicar su reacción ante los nuevos acontecimientos educativos.
Las investigaciones sobre el desarrollo profesional de los docentes han apuntado que la vida profesional de los docentes atraviesa habitualmente por determinadas fases. A partir de estudios empíricos y de entrevistas a docentes, se han formulado algunas frecuencias que intentan dar cuenta de los cambios que se producen a lo largo de su ciclo laboral en sus trayectorias profesionales.
La mayoría de los estudios han señalado seis grandes períodos:
  1. Formación inicial, 
  2. Iniciación, 
  3. Estabilización, 
  4. Nuevas preocupaciones, 
  5. Alejamiento o responsabilidad,
  6. Declive profesional cuando se aproxima la edad de la jubilación.
Estas investigaciones ponen de realce que los docentes han de enfrentarse a situaciones muy diversas a lo largo de su vida profesional debido a los cambios en la educación y al estilo de vida de las nuevas generaciones de estudiantes. Poco a poco y años tras año, el educador va a almacenando información y experiencia pero percibe también la dificultad de adaptarse ante las nuevas exigencias educativas. 
Este largo proceso, que fluye en paralelo con sus experiencias vitales fuera del ámbito de la docencia y que se entrelaza con ellas, conduce, en sus polos opuestos, a una actitud dinámica basada en expectativas positivas sobre las posibilidades de su actividad educadora, o a una posición desesperanzada cuyo origen se encuentra en la percepción de que el esfuerzo en la enseñanza no merece la pena. Entre ambas, una abundancia de alternativas que pueden modificarse a lo largo del tiempo bien por transformaciones en el entorno laboral y profesional, bien por cambios en la propia disposición del docente, o, en la mayor parte de los casos en los que esto se produce, por la interacción entre la actitud del docente y el contexto en el que desempeña su trabajo.
El estudio de las emociones y de los valores de los docentes exige tener en cuenta su historia personal y profesional, sus creencias y actitudes, sus condiciones de trabajo y el contexto social y educativo en los que se desenvuelve su actividad profesional. 

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