EL DOCENTE Y LAS ENFERMEDADES COMUNES.

Los docentes muy frecuentemente visitan las siguientes ramas de la medicina: La psiquiatría y otorrinolaringología. Los padecimientos de la faringe constituyen una enfermedad docente por excelencia. Pero si se suman las afecciones de neurología y psiquiatría, temas de salud mental es una de las mayores causas del absentismo laboral de los docentes, y la principal si se tiene en cuenta su duración. 

A partir de los años 80 las investigaciones demuestran que existe una relación entre la profesión docente y diversos trastornos de salud tanto a nivel biológico (problemas cardiovasculares, respiratorios, lumbalgias, cervicalgias, preeclampsia o úlcera de estómago, etc.), a nivel psicológico (ansiedad, depresión, insatisfacción laboral, reducción de la productividad, absentismo laboral, pasividad en la vida extra laboral. etc.).

Entre las enfermedades más frecuentes que se pueden encontrar en esta profesión, se podría destacar:

Enfermedades psíquicas y nerviosas: estrés y efecto “burnout”.
Los primeros puestos en la lista enfermedades que causan baja laboral entre los docentes son: El estrés, la ansiedad y la depresión. Coral Oliver, opina: «Cierta dosis de estrés no es mala; incluso puede ser un factor estimulante de la actividad profesional». Asimismo, el estrés, en cantidades y condiciones adecuadas, puede considerarse como algo necesario para tener una vida satisfactoria. Ahora bien, un exceso de estrés, puede ser perjudicial o, incluso, biológicamente nefasto para la salud.
En el ambiente de los docentes, se habla mucho del estrés y del efecto “burnout” (también llamado “síndrome de estar quemado” “síndrome de la quemazón”, “síndrome del estrés laboral asistencial”, “síndrome del deterioro profesional”). Aunque fuertemente relacionados entre sí en cuanto a su significado, no es lo mismo estar estresado que estar «quemado».
El concepto de “Burnout” fue acuñado por Freudenberger. Con posterioridad Maslach y Pines lo dieron a conocer y, desde entonces, dicho término se utiliza para referirse al deterioro profesional que sufren los trabajadores de los servicios humanos (educación, salud, administración pública, etc.), debido a unas condiciones de trabajo que tienen fuertes demandas sociales.
El estrés, surge cuando un individuo está sometido a fuertes demandas conductuales que le resultan difícil llevar a cabo. La respuesta del organismo al estrés se produce de manera inmediata, el organismo se activa y vuelve a equilibrarse una vez superada la situación, pero se va desgastando si se repite con excesiva frecuencia. Sin embargo, el efecto “burnout” se origina cuando los profesionales sobrepasan su capacidad de reacción de una forma adaptativa. Su consecuencia inmediata se presenta en síntomas de agotamiento, fatiga, deterioro psicológico, con severas pérdidas de energía que causan un descenso de cantidad y calidad de rendimiento, en definitiva, una sensación de no poder transmitir más de sí mismo a los demás, que deriva en frustración, fracaso y actitudes negativas no sólo ante el trabajo sino también ante la vida y hacia otras personas.
Inmediatamente de la gripe el segundo proceso más numeroso ha sido la depresión. En su opinión, «los docentes, generalmente, no saben desconectar y evadirse de los conflictos laborales en su vida de ocio y en su relación con amigos y familiares».
Síntomas, causas y consecuencias.
El Docente percibe y padece esta situación a través de los propios síntomas de estrés, que la mayoría de las veces sí son semejantes a los de “burnout”, y ambos desembocan en un absentismo intermitente e, incluso, en enfermedades laborales. Enfermedad que puede venir acompañada de fuerte irritabilidad, insomnio, vómitos, inestabilidad emocional, arritmias cardiacas, tensión nerviosa, preocupaciones excesivas, falta de energías.
Además, son varias las causas que originan el estrés entre los docentes y, abren el camino sin retorno hacia el efecto “burnout”. Maslach y J. Jackson destacan:
  1. La falta y premura de tiempo para terminar el trabajo relacionado con las clases (preparación de las mismas, corrección de exámenes, programación de actividades, etc.).
  2. Los altos enojos que padecen las clases.
  3. La falta de disciplina por parte de los alumnos, con reiteradas faltas de respeto hacia los docentes.
  4. La mala organización que padecen algunos centros.
  5. La excesiva burocracia a la que se ven sometidos los docentes por parte de la Administración.
  6. Las respuestas y soluciones ineficaces dadas en el entorno educativo.
  7. El excesivo número de horas lectivas que soportan algunos profesionales a lo largo de la jornada escolar.
  8. La falta de apoyo.
  9. La baja consideración social que actualmente la profesión de la enseñanza.
El estrés y el efecto “burnout” inciden, especialmente, en aquellos profesionales que mantienen un contacto directo y permanente con las personas que son beneficiarias del propio trabajo, en concreto docentes, personal sanitario, servicios sociales. Las consecuencias del deterioro profesional de los docentes constituyen las manifestaciones clínicas que nos ocupan.
  1. Consecuencias psicosomáticas: fatiga, dolores de cabeza, trastornos del sueño, trastornos gastrointestinales, hipertensión, dolores musculares y desórdenes menstruales.
  2. Manifestaciones emocionales: el profesor Jesús de la Gándara destaca «…el distanciamiento afectivo, la impaciencia y la irritabilidad, los recelos de llegar a convertirse en una persona poco estimada y que pueden degenerar en desconfianza y actitudes defensivas».
  3. Consecuencias conductuales: absentismo laboral, aumento de la conducta violenta y de los comportamientos de alto riesgo (juegos de azar peligrosos, conductas suicidas, abuso de fármacos y alcohol), conflictos familiares y matrimoniales.
  4. La actitud defensiva: se manifiesta en la incapacidad de estos individuos para aceptar sus sentimientos. La negación de sus emociones es un mecanismo con el que el sujeto trata de defenderse contra una realidad que le es desagradable.
En general, de acuerdo con Maslach se acepta que las dimensiones que contribuyen a delimitar dicho síndrome son:
  1. El cansancio emocional (CE): Se caracteriza por la pérdida progresiva de energía, el deterioro, el agotamiento, la fatiga, etc.
  2. La despersonalización (DP): Se deriva del «tedioso e insistente contacto diario con la fuente del conflicto, unido al esfuerzo desarrollado para vencerlo, sin recibir recompensa alguna. Todo esto desarrolla un sentimiento de distanciamiento o despersonalización con respecto a los alumnos por el que poco les importa ya que aprendan o no, que estén interesados o no». Se manifiesta por irritabilidad, actitudes negativas y respuestas frías e impersonales hacia las personas, en este caso, hacia compañeros, estudiantes.
  3. La falta de realización personal (RP): con respuestas negativas hacia sí mismo y el trabajo. En el ambiente laboral, cuando la Administración, el equipo directivo, la Inspección, etc. no favorecen el necesario ajuste entre los docentes y los objetivos a conseguir, aparecen aspectos tales como falta de energías, descenso en el interés por los alumnos, percepción de éstos como frustrantes y desmotivados, alto absentismo y deseo de abandonar la profesión. Como consecuencia de este proceso se produce un descenso de la calidad de la enseñanza, que no es más que la expresión de una pérdida de ilusiones. Este panorama difícilmente puede remitir por sí sólo si no se introducen cambios en el contexto laboral.
Prevención frente a estas situaciones.
Como bien dice el proverbio popular: “ Más vale prevenir que curar”.
  1. Para combatir el estrés y no dar pié a la espiral del efecto “burnout”, los docentes han de superar un grave hándicap: «Vencer su propia emoción negativa relacionada con la impotencia de la solución deseada.», es decir, vencer su propio desánimo y desesperanza.
  2. Exaltar y fortalecer la consideración social de los compañeros y colegas de profesión para no sentirse aislado, así como la valoración positiva de los superiores, tales como inspectores, directores, etc.
  3. Realizar ejercicio físico adecuado y posible ya que, además de la mejora del riego sanguíneo, un cuerpo saludable resiste mejor el estrés.
  4. Desde la prevención, estableciendo un plan preventivo y eficaz, realizando reconocimientos médicos periódicos, bien por detección sintomática de cualquier anomalía, o bien, cuando los solicite el personal docente.
  5. Reflexionando sobre del estrés y el “burn-out”, estableciendo para su curación tratamientos adecuados por médicos especialistas e introduciendo unidades de medicina paliativa en hospitales.
Enfermedades de la voz.
Las enfermedades otorrinolaringológicas son la tercera causa de las bajas laborales de los profesionales de la educación.
La voz constituye el instrumento de trabajo y de comunicación imprescindible del profesorado. El uso continuado y su abuso obligado suponen un riesgo laboral importante. Así, la afonía se convierte en una dolencia frecuente entre un profesorado obligado a elevar continuamente la voz por encima del murmullo (o griterío de las aulas). La agresión a la laringe desemboca, muy a menudo, en lesiones como los nódulos o los pólipos, que pueden precisar de intervención quirúrgica y reeducación de la voz para llegar a la recuperación del paciente.
El deterioro del aparato foniátrico es necesario recibir una adecuada formación sobre el uso y proyección de la voz, prescindir del tabaco y bebidas alcohólicas, beber agua con frecuencia y procurar establecer un grado de temperatura y humedad ambiental adecuados, no forzar la voz… Siendo todo esto cierto, tales consideraciones soslayan el carácter de riesgo laboral que tienen estas enfermedades para los docentes.
Se insiste en que estas dolencias sean incluidas en el catálogo de enfermedades profesionales ya que sólo de esa forma puede ser reparado el daño que el trabajo provoca en la salud, pero también se puede posibilitar una verdadera labor preventiva mediante:
  1. Cuidado de la acústica en las nuevas construcciones.
  2. Control de temperatura y humedad de las aulas.
  3. Formación del personal en el uso y cuidado de la voz.
  4. Proporcionar micrófonos a aquellos docentes que presentan síntomas de enfermedad, etc.
Enfermedades óseo-musculares.
Algunos neurólogos y traumatólogos hablan ya de la «enfermedad de la civilización». El dolor de espalda se convierte en el problema que más prevalece en las sociedades industrializadas.
La columna vertebral es el eje central del cuerpo humano. Los profesionales de la enseñanza también estamos sujetos a estas leyes de la columna vertebral y bajo sus efectos engrosamos las estadísticas anteriormente mencionadas. No es cierto, aunque contradiga la opinión popular, que las lumbalgias o lumbagos se produzcan por grandes esfuerzos. Según Hernán Silván, la mayoría de ellos «Son producidos a consecuencia de defectuosas actitudes posturales o esfuerzos mínimos en mala posición para la columna o raquis.».
Otra gran parte de las molestias de la espalda están producidas por problemas mecánicos degenerativos leves, como la artrosis. Estos dolores también pueden estar causados por enfermedades del sistema nervioso, por traumatismos (como fracturas o esguinces) o por procesos metabólicos y de descalcificación. Igualmente, pueden estar en su origen las enfermedades inflamatorias de las articulaciones de la columna.
No menos importantes es la exposición permanente y diaria que sufren los docentes al tener que realizar esfuerzos psíquicos mantenidos, que desembocan en estados de ansiedad y estrés y en trastornos psicosomáticos, que conllevan a la contracción permanente de la musculatura, y cuya consecuencia es la degeneración y deformación progresiva de las zonas cervical y lumbar.
En definitiva «La salud es el estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades». Esto implica no sólo verse libre de dolores o enfermedades sino también la libertad de desarrollar y mantener las capacidades funcionales físicas, psíquicas y sociales.
La docencia tiene aspectos propios de riesgos para la salud que la identifican como una profesión exigente por la responsabilidad y dedicación que exige, sobre todo los concernientes a las relaciones interpersonales que se establecen entre los distintos grupos de referencia que interactúan en un centro docente como el alumnado, padres y compañeros de trabajo.
La mejor estrategia en la mejora de la salud laboral de los docentes es a través de la Prevención de Riesgos Laborales. La prevención significa anticiparse y actuar antes de que se produzcan unas consecuencias negativas con el fin de impedirlo o para evitar sus efectos.
Es de vital importancia efectuar una evaluación de riesgos como primer paso de la actividad preventiva, que debería basarse en aquellos aspectos generales que han mostrado una estrecha relación con el estado de salud del profesorado, adaptarlos a la realidad de los docentes y añadir algunas dimensiones específicas como las exigencias derivadas del trato con estudiantes desmotivados, indisciplinados o grupos de gran diversidad.

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