EL DOCENTE Y LAS EMOCIONES.

Cuando se hable de pensamiento se habla de emoción, de afecto, lo que hace que la realidad educativa se desarrolle entre pensamientos y sentimientos. Si deseamos conocer y comprender las acciones educativas de los docentes, hay que analizar sus pensamientos, y como parte de ellos, las emociones.


El autor Maturana explica la relación entre el lenguaje y los sentimientos argumentando que en el conversar se enlazan ambos conceptos. Lenguaje y sentimiento, no pueden explicarse el uno sin el otro. El lenguaje surge en la interacción personal, en el que se entrelazan las emociones con el habla, influyendo ambos aspectos en las ideas, deseos, sentimientos de la persona. Sus planteamientos van incluso más allá ya que afirma que son las emociones las que guían la acción y no la razón. Los seres humanos son seres emocionales que usan la razón para justificar y ocultar las emociones que se dan en nuestras acciones, por ello sería conveniente tomar conciencia de la relación entre el razonar , el emocionar y el actuar, del “entrelazar” que se establece entre ellos, haciéndonos así responsables de nuestros deseos.
Las emociones están presentes en lo que pensamos y expresamos. Pensamientos y emociones constituyen un binomio inseparable que lleva a la necesidad de reconocer las emociones en los docentes por la gran presencia e influencia que tienen en la acción educativa. Si los procesos educativos se asientan en procesos de interacción social, en la comunicación, y si, en estos procesos comunicativos se entrelazan ideas con sentimientos, no sólo tenemos que cuidar las ideas que en ellas se exponen sino también los sentimientos que se viven y expresan. 
Las emociones en los docentes no ha sido un tema muy estudiado, la enseñanza no puede reducirse a competencias tecnológicas, sino que implica el entendimiento del significado emocional. El desarrollo de la competencia tecnológica tanto del docente en su tarea educativa, como del alumno en sus procesos de aprendizaje, no puede desvincularse de las emociones que generan en los procesos. La carga emocional presente es muy importante, y no siempre se manifiestan todas las emociones que se viven.
Este “entendimiento del significado emocional” tiene una enorme importancia por su posible influencia en los procesos educativos. Coll, centrándose en el aprendizaje, resalta el papel que las emociones tienen en los alumnos. Identifica los aspectos emocionales como uno de los aspectos claves que condicionan el aprendizaje. Este autor diferencia dos enfoques de aprendizaje. 
Un enfoque sería el enfoque superficial, enfoque que llevará al alumno a un aprendizaje como proceso de repetición basado en la memoria. El otro enfoque sería el profundo, enfoque que ayudará al alumno a conseguir un aprendizaje como proceso de construcción, apoyado en una memoria, que en este caso sería memoria comprensiva. 
El afrontar los procesos de aprendizaje desde un enfoque u otro, estaría condicionado por distintos dimensiones, una de ellas la dimensión emocional que incluiría aspectos como la auto-estima, auto-concepto; la dimensión relacional que abarcaría expectativas, atribuciones, representaciones mutuas, y la dimensión cognitivo. Son todos aspectos determinantes de la disposición, aspectos desde los que el alumno aborda el aprendizaje, y que le llevará a un aprendizaje memorístico o comprensivo.
Las ideas aportadas por Sutton y Wheatley nos dan una explicación a este hecho. En concreto estos autores aportan dos razones que explicarían el porqué no ha llegado a contemplarse la afectividad como elemento que condiciona el trabajado desarrollado por los docentes. 
  1. La primera razón sería el reducido tiempo que ha estado en vigencia la revolución emocional en psicología. 
  2. El segundo razonamiento que aportan es el papel que tienen las emociones en la cultura occidental. Se considera como no apropiadas en el docente. 

Cuando decimos que alguien está emocionado, significa normalmente que es irracional, primitivo, infantil, en lugar de pensar que es civilizado y adulto.

El autor Goleman, expresa como tradicionalmente se ha asociado lo cognitivo con la razón y el cerebro, y por tanto con lo inteligente, positivo, profesional, científico, académico, masculino, mientras que lo emocional se ha asociado con el corazón, los sentimientos, lo femenino, lo familiar, los instintos. Es decir, tradicionalmente lo racional se ha considerado de un nivel superior a lo emocional. Pero, la evidencia muestra como lo cognitivo por sí mismo no contribuye a la felicidad. 
Estas ideas llevan a la necesidad de reconocer la importancia que tienen las emociones en los docentes por la influencia en los procesos de enseñanza y aprendizaje. No podemos seguir obviando su estudio. Habría que conocer las emociones y reconocerlas.
Por ello, Hargreavas señala la necesidad de una reforma educativa que reconozca la importancia de las emociones en los procesos y resultados de los docentes. Las emociones no deberían seguir siendo ignoradas. Este cambio podría ser impulsado desde las políticas educativas, reconociendo el duro trabajo del docente, así como su dedicación. Las reformas educativas, deberían incorporar la dimensión emocional en las normas de aprendizajes y planes de estudios, así como en las normas profesionales o competencias para los docentes. Para Hargreaves, las emociones son el elemento central de la educación.
La importancia de las emociones por su influencia en la enseñanza y el aprendizaje ha quedado clara. No sólo hay que conocer las emociones sino comprenderlas e interpretarlas. Muestra su complejidad identificando en ellas componentes como la apreciación de sentimiento subjetivo, cambios fisiológicos, expresión facial, etc.; las maneras en la que los maestros se emocionan se manifiesta en la enseñanza.
El contexto está íntimamente ligado a la acción, y, a la vez, esta acción se genera desde el pensamiento y el sentimiento. No sólo se convierte necesario conocer los sentimientos y pensamientos de los docentes sino que también coincide este autor en que hay que comprenderlas. Para llegar a comprenderlas no nos podemos olvidar de un elemento esencial como es el contexto en el que se desarrollan los procesos de enseñanza-aprendizaje. Este contexto condiciona las acciones en un sentido u otro, y ayudan a comprender la acción en profundidad y alcanzar una visión global. 
Cada acción educativa es distinta, como distintos son los pensamientos, los sentimientos y los contextos en los que se generan. Intentar explicar las acciones educativas de los docentes desde su cognición es simplificar en exceso el proceso ya que si importancia tiene la cognición en la acción, la tienen en igual medida las emociones y el contexto en el que se producen.
La identidad profesional tiene como núcleo la confianza y la autoestima, es decir, el ámbito emocional. Junto a este aspecto, la pertenencia a una comunidad, a diversos grupos marca el contexto de referencia para la acción educativa.
El estudio de las emociones del docente debe abarcar dos etapas, una primera en la que se debería intentar comprender las emociones presentes en los procesos de enseñanza-aprendizaje así como su posible influencia, y, en una segunda etapa, estudiar los contextos sociales y educativos en los que se producen. No debemos olvidar que las emociones se generan a partir de las vivencias que los contextos posibilitan. No sólo hay que reconocer la influencia de las emociones, sino ser conscientes de la complejidad de la misma. Sólo si partimos del contexto en el que las emociones se generan y desarrollan, podremos conocerlas y comprenderlas en profundidad.
Las emociones en la actividad docente no se comprenden desde la individualidad, sólo se comprenden desde el contexto social en el que se produzcan. Estudiar las emociones pasa obligatoriamente por estudiar los contextos en los que se producen y desarrollan. 
La inteligencia emocional del docente no es sólo asunto de la capacidad individual o de una elección personal, sino que es fruto de las circunstancias en las que el docente trabaja, resaltando así la influencia en el estado emocional de factores del contexto.

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