LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA EDUCACIÓN.

El cerebro humano es la fuente del potencial del hombre que capacita a los seres humanos para aprender, pensar y crear. El orden y procesamiento del conocimiento en el cerebro están estrechamente relacionados al mundo sensorial en el cual todo el cuerpo está inmerso.

Toda actividad intelectual, sea la más básica o la más compleja, está atada al cuerpo y estrechamente enlazada a la cultura que nos circunda durante toda la vida. El recién nacido crea la imagen inicia de su mundo por usar sus sentidos básicos de audición, vista, tacto, olfato y movimiento en tiempo y espacio que lo acompañarán en su recorrido por la vida. Su ruta al conocimiento está ligada a su desarrollo físico y mental. El enlace de cuerpo, sentidos y mente genera una comprensión de un mundo altamente complejo productor de experiencia.

La inteligencia emocional es la articulación consciente e intelectual del pensamiento con la emoción, lo que dispara la conducta, promueve las bases de la relación y hace que el hombre crea que ha alcanzado su nirvana así como su nicho en la sociedad. Un hombre por acumular emociones y por su apego correcto al proceso de pensamiento racional, puede establecer una armonía de mente, emoción y conducta y dirigir sus reacciones por elegir apropiadamente en lugar de responder con un ánimo impulsivo automático.

El ejercicio de la inteligencia emocional requiere sobretodo que el hombre sea su propio maestro más que una juguete. Un hombre debe seleccionar sus propias reacciones, formar sus propias emociones, dirigir sus acciones creando realidad. La gente tiende a ser espontánea, autoprotectora, pronta y automática en sus respuestas a eventos y situaciones. Sus respuestas provocan reacciones similares en otros. La creación deliberada e intencional de mecanismos mentales y emocionales por selección, deberían producir patrones conductuales diferentes que son preferibles, los cuales benefician tanto a la reacción emocional a situaciones dadas como al sistema fisiológico el cual a su vez llevará a un mejoramiento del proceso de pensamiento.

En situaciones emocionales el inteligente sabe como sintetizar mente y emoción. Esta armonización es producida por la conciencia de una persona inteligente y vigilante de las reacciones a las emociones, las que se debaten dentro de ella y/o de otra persona. A través de su pensamiento consciente es capaz de formular, guiar hacia y dar expresión a procedimientos que fortifican y mejoran la calidad de vida del hombre como individuo y como miembro de la sociedad. Los individuos que están conscientes de sus sentimientos, los manejan al establecer un sistema de chequeo y equilibrio, lo que conduce a una vida mejor.

Ya que las emociones tienen una fuerte influencia sobre la conducta, las emociones deberían se acopladas a cada clase o enseñanza. Una fusión de las emociones con el material didáctico se consume por la estrecha identificación del estudiante con sus estudios, por el reconocimiento del valor de los mensajes del docente y la penetración profunda en el mundo del conocimiento transmitido. El resultado es que el estudiante se vuelve miembro esencial del equipo de los docentes  y él tendrá parte en el juego en lugar de asistir como miembro de la audiencia pasiva.  Finalmente, la instrucción didáctica confina y activa los sentimientos que aumentan la inclinación de una persona para la realización y completa implementación del proceso de aprendizaje.

La inteligencia emocional está compuesta de cuatro factores esenciales los cuales están estrechamente enlazados. Ellos son autoconciencia, control de las emociones, motivación y relaciones con una comunicación eficiente.

El reconocimiento de estos factores y la habilidad en su uso permite la construcción de un estilo de vida sensible, beneficioso y productivo en cada esfera de las relaciones de una persona ya sea en la familia, entre marido y mujer, en el trabajo, en la educación y en cualquier grupo social. Tres de estos elementos importantes en la enseñanza y se describen a continuación.
Autoconciencia
La autoconciencia puede ser definida como la habilidad del hombre en interpretar los mecanismos físicos, mentales y emocionales que operan en la vida diaria dentro de él y de sus pares. Emociones y respuestas automáticas vienen y van dentro de nosotros. Generalmente son involuntarias y a menudo esconden el funcionamiento efectivo externa e internamente. Cuando se necesita la transición del subconsciente a una reacción consciente prepara a la persona para la concentración y su mente dirigirá su conducta dentro de canales correctos y efectivos.
Los componentes de la autoconciencia son:
  1. Habilidad para identificar cambios fisiológicos en situaciones fluctuantes, diferentes y diversas. 
  2. Capacidad para asociar signos físicos con emociones. 
  3. Detección de pensamiento negativo. 
  4. Habilidad en diferenciar entre una mezcla de emociones y en evaluar el poder de cada una. 
  5. Práctica en comprender la diferencia entre emoción y actividad. 
  6. Promoción de expectativas realistas para uno mismo y en la intercomunicación.
  7. Correcta evaluación de reacciones, habilidad para hacer una distinción clara entre ellas. 
  8. Eficiencia en manejar y dirigir el pensamiento, sentimiento y conducta como un valor personal. 

Control de las emociones
Las emociones se pueden hacer críticas en reacciones automáticas a determinadas situaciones. Con frecuencia las emociones de una persona gobiernan su conducta. Control, manejo y moldeado de sentimientos pueden ser lo suficientemente fuertes como para guiar al individuo hacia reacciones de las cuales está consciente, capacitándolo para tomar decisiones elegidas por él como resultado de una combinación sofisticada de razón y emoción.
El control de las emociones comprende:

  1. Habilidad para calmarse en tiempos de estrés, furia y aprensión.
  2. Habilidad para derivar ideas negativas y destructivas a canales más positivos.
  3. Potencial para racionalizar impulsos catastróficos.
  4. Reconocimiento de métodos para referir y explicar diferentes eventos.
  5. Detección de los estados de ánimo que nos afectan en cualquier momento.
  6. Progreso en el proceso por el cual digerimos diferentes piezas de información y hacemos diferencias entre pensamiento, sentimiento, conducta y prejuicio.
  7. Identificación de cambios de humor y eficacia en el guiar nuestros estados de ánimo a canales deseables por medio de esfuerzo mental.
  8. Reconocimiento de situaciones que requieren defensa o ataque, proveyendo una ventajosa libertad de movimiento.
  9. Comprensión del efecto de nuestro ánimo y conducta sobre otros y habilidad para cambiar la conducta por el ejercicio de patrones de relación.
  10. Escapar de los hábitos tradicionales de conducta los cuales han sido de poco o ningún beneficio y su sustitución por patrones alternativos de conducta, pensamiento y sentimiento, los cuales garantizan buenas relaciones y un mejor estilo de vida.


Relaciones y comunicación


Las relaciones se caracterizan por las fuerzas espontáneas no reguladas dentro de una persona que pone más énfasis en su propio ego. La transferencia de atención hacia otro, con la adquisición de atributos de amor, habilidad para aprender, capacidad para comprender y escuchar, movería las relaciones a un alto grado de actividad interpersonal.
La inteligencia emocional se puede expresar durante nuestras relaciones con los otros, si tenemos:
  1. Habilidad para dar mensajes verbales o no verbales (pensamientos, sentimientos, experiencias, acciones) eficiente, clara y creíblemente.
  2. Disposición para entender e interpretar mensajes (emocionales, conductuales) por escuchar con empatía y fuerza.
  3. Promoción de conducta asertiva y expresión de ideas, deseos y sentimientos sin prejuicio a los deseos y sentimientos de otras personas.
  4. Instauración de procesos de pensamiento, sentimiento y conducta, lo que elimina el rango completo de estigmas y dogmas y lanza una renovación de manifiestos y credos.
  5. Expansión de habilidades en vocear y escuchar que llevará a construir, refrescar y ampliar la mente abriendo canales para una comunicación útil, productiva en un caleidoscopio de relaciones.