ESTILOS DE ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE.

En presente continúa abierto la discusión sobre cuáles son las nuevas necesidades educativas derivadas de la sociedad de la información y la comunicación. Se plantean diferentes preguntas cuya respuesta exige un análisis reflexivo sobre qué significa aprender, y qué se debe hacer para aprender y sobre todo, que hay que hacer para ayudar a aprender. Desde esta perspectiva el conocimiento de los estilos de aprendizaje adquiere un renovado interés ya que ayuda a comprender las diferentes formas de conocer, conceptuar, sentir y actuar que individualizan el aprendizaje de nuestros estudiantes.

Las personas se diferencian en la forma de percibir, pensar, procesar la información, sentir y comportarse. En las aulas estos hechos son evidentes poniéndose de manifiesto que las diferencias de estilo afectan a muchos aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje y a la toma de decisiones académica y profesional.
En el proceso de enseñanza-aprendizaje se reconoce las diferencias no sólo en lo que se aprende sino también en el cómo se aprende. Por ejemplo, los estudiantes reflexivos son lentos para responder a preguntas, necesitan pensar una respuesta con cuidado; los impulsivos responden con rapidez revelando lo que piensan. Quienes aprenden poco a poco, avanzan sobre seguro, mientras que las personas intuitivas dan saltos mostrándose impacientes por averiguar nuevas cosas.
Indicar que las personas rezagan la forma de percibir, pensar, procesar la información, sentir y comportarse es manifestar algo evidente. El estilo incluye las diferencias que distinguen a una persona de otra. Para Guild y Garger la diferencia más evidente es la que determina la personalidad. Con frecuencia oímos y decimos que existen diferentes tipos de personalidad sin conocer muy bien cuáles son las características básicas que distinguen un comportamiento de otro. Existen cuatro funciones que todos realizamos cuando interactuamos con una situación, persona, información o idea. Primero observamos, a continuación pensamos sobre lo que hemos observado, reaccionamos y, en último lugar, actuamos. 
Estas funciones básicas determinan cuatro relaciones:
  1. El estilo está relacionado con la cognición, ya que se percibe y adquiere el conocimiento de forma diferente.
  2. El estilo está relacionado con la formación de conceptos, puesto que las personas forman ideas y pensamientos de forma diferente.
  3. El estilo está relacionado con el afecto y los sentimientos, pues las personas sienten y forman valores de manera distinta.
  4. El estilo está relacionado con el comportamiento, porque actuamos de manera diversa.
Podemos decir, que el estilo es considerado como el conjunto de rasgos de personalidad, cognitivos, afectivos y fisiológicos que nos indican cómo percibimos la información, de qué manera la procesamos, cómo formamos conceptos, reaccionamos y nos comportamos en situaciones cotidianas.
De todas estas investigaciones se derivan múltiples relaciones y concomitancias entre unos modelos y otros. Parece evidente que no existe ningún modelo que unifique e integre los diversos estilos, aunque esta ha sido la pretensión de Sternberg con su teoría del autogobierno mental.
Estas reflexiones nos llevan a considerar que los planteamientos de Sternberg y Gardner suponen un paso más en la conceptualización de los estilos al considerar el contexto y las tareas como factores determinantes. Para Hernández Pina el modelo de enfoques viene determinado por las variables del contexto y las demandas de las tareas. El modo en que los estudiantes abordan el aprendizaje depende de la percepción que éste tenga de lo que se le exige o de lo que considere decisivo en términos de evaluación. Durante años se ha mantenido la diferencia entre estilos y enfoques de aprendizaje. Para algunos autores los enfoques se incluyen dentro de la categorización de los diferentes modelos de estilos. Sin embargo, esta afirmación no parece estar tan clara.