ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE EN EL DISEÑO CURRICULAR.

Basándonos en el concepto de estrategia de aprendizaje, se puede establecer tres grandes objetivos que se consideran prioritarios si se desea lograr que nuestros estudiantes sean estratégicos cuando aprenden. Los 3 objetivos son los siguientes:

1. Mejorar el conocimiento expresivo y procedimental del estudiante con respecto a la materia tratada, obviamente, el conocimiento procedimental debería incluir tanto los procedimientos que hemos denominado específicos o disciplinares, como los interdisciplinares o de aprendizaje.
2. La enseñanza de estrategias, quizá el mayor alcance, es el de aumentar la conciencia del estudiante sobre las operaciones y decisiones mentales que realiza cuando aprende un contenido o resuelve una tarea.
3. Favorecer el conocimiento y el análisis de las condiciones en que se produce la resolución de un determinado tipo de asignación o el aprendizaje de un tipo específico de contenidos. Se trataría de conseguir una cierta transferencia de las estrategias empleadas a nuevas situaciones de aprendizaje, mediante el reconocimiento de condiciones similares en esa nueva situación.
Estos tres objetivos pueden beneficiarse entre sí enseñando a los estudiantes a analizar y supervisar conscientemente sus actividades de aprendizaje, en el momento en que planifican su acción, durante su ejecución y también durante su evaluación, una vez finalizadas. Se cree que la filosofía de fondo que incorpora la enseñanza de estrategias, se podría resumir con la frase “el estudiante debe aprender a aprender”, está ampliamente allegada y representada en los principios educativos que inspiran esta Reforma:
[…] el desafío más inmediato para los sistemas educativos es enseñar a niños y jóvenes aquellos conocimientos o procesos que faciliten aprendizajes posteriores, mucho más que la acumulación y actualización de todos los contenidos de todos los segmentos del sistema. […].
Sin embargo, el desarrollo de este valioso interés y, por consiguiente, la respuesta a los interrogantes críticos sobre qué procedimientos y estrategias de aprendizaje enseñar, cuándo enseñarlos y cómo enseñar los en cada ciclo y nivel educativo, se deja en manos de los distintos centros educativos, confiándoles una tarea que, por otra parte, les compete como profesionales.
Con el ánimo, en ningún caso de sustituir, sino de aportar ideas que puedan ayudar a los educadores a tomar las decisiones sobre cuál debería ser el tratamiento de las estrategias de aprendizaje en el proyecto curricular.
Se ha hecho evidente la necesidad de profundizar en la clasificación y organización de los contenidos que se agrupan bajo la denominación de “procedimientos”. Por otro lado, parece lógico que los procedimientos de corte más interdisciplinar, los que mejor pueden responder al lema de “aprender a aprender”, no se organicen en función de los contenidos curriculares, como ocurre con los procedimientos que hemos denominado disciplinares.
“El aprender a aprender no se refiere al aprendizaje directo de contenidos, sino al aprendizaje de habilidades con las cuales aprender contenidos”.
Después de revisar las principales taxonomías existentes sobre el “dominio cognoscitivo”, se pueden identificar diez grupos de habilidad:
  1. El análisis de fenómenos, con procedimientos como los registros de datos, los autoinformes, las entrevistas o los cuestionarios.
  2. La asimilación y análisis de datos, con procedimientos como el emparejamiento, las tablas comparativas, la toma de apuntes, el subrayado, la prelectura, o la consulta de documentación.
  3. La organización de hechos, con procedimientos como la elaboración de índices alfabéticos o numéricos, inventarios, colecciones y catálogos, la distribución de horarios o la ordenación topográfica.
  4. La ordenación y síntesis de datos, con procedimientos como los glosarios, los resúmenes, los esquemas o los cuadros sin ópticos.
  5. La representación de fenómenos, con procedimientos como los diagramas, los mapas de conceptos, los planos y maquetas, los dibujos, las historietas, los periódicos murales o el uso del gesto y la mímica.
  6. La conservación de datos, con procedimientos como la repetición, la asociación de palabras o de palabras e imágenes (mnemotécnicas).
  7. La recuperación de datos, con procedimientos como las referencias cruzadas, el uso de categorías o las técnicas de repaso y actualización.
  8. La definición e inferencia de fenómenos, con procedimientos como el parafraseado; la argumentación; la explicación mediante metáforas o analogías; la planificación y anticipación de consecuencias; la formulación de hipótesis; la utilización de inferencias deductivas e inductivas.
  9. La transferencia de habilidades, con procedimientos como la autointerrogación o la generalización.
  10. La demostración y valoración de los aprendizajes, con procedimientos como la presentación de trabajos e informes; la elaboración de juicios y dictámenes o la confección de pruebas y exámenes.
Todas estas destrezas y sus correspondientes procedimientos de aprendizaje deberían enseñarse en función de los contenidos de cada área curricular (conceptos, procedimientos y actitudes-valores), en cada nivel educativo y siempre bajo la premisa de que todos estos procedimientos pueden emplearse con distintos usos o intenciones estratégicas, según cuál sea el objetivo perseguido. La reflexión sobre cuáles son las decisiones que se toman al aprender/resolver una tarea siempre debería presidir las actividades que el profesor plantee en sus clases.
Como puede desprenderse de esta última afirmación, para nosotros la enseñanza de estrategias está vinculada a la metodología de enseñanza-aprendizaje utilizada por el docente para favorecer una dinámica en la que la premisa “reflexionar o pensar en voz alta sobre cómo se piensa al aprender”, ocupa un lugar privilegiado en cada una de las actividades en el aula.

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