EL LIDERAZGO EDUCATIVO.

En los últimas lapsos se han difundido distintas propuestas de modelos de liderazgo, de las cuales, las dos más potentes han sido, el liderazgo instructivo o pedagógico, procedente del movimiento de institutos educativos eficaces, y el liderazgo transformativo, vinculado al movimiento de reestructuración escolar. El liderazgo centrado en el aprendizaje viene a formar estas dos últimas. En principio es indiscutible que una institución educativa está para que los estudiantes aprendan, por lo que un liderazgo debiera poner su foco de atención y medirse por su contribución a la mejora de los aprendizajes. Se puede discutir qué se entiende por aprendizaje y qué se incluye dentro de esta expresión.

La capacidad de una institución educativa para mejorar depende, en modo significativo, de líderes que contribuyan activamente a dinamizar, apoyar y animar a que su centro aprenda a desarrollarse, haciendo las cosas progresivamente mejor. Entendemos por liderazgo la capacidad de ejercer influencia sobre otras personas, no basada en el poder o autoridad formal. Cuando esta influencia va dirigida a la mejora de los aprendizajes, hablamos de liderazgo pedagógico. En la realidad, en las condiciones actuales, es preciso asegurar primero la gestión y funcionamiento de la organización, para ejercer un liderazgo, induciendo al grupo a trabajar en determinadas metas propiamente pedagógicas. 
Al respecto, en España es actualmente vista con una de las puntuaciones más bajas en liderazgo pedagógico y, paradójicamente, también en liderazgo administrativo. Se proyecta una dirección con escasa capacidad para mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje, es decir, incapaz de ejercer una dirección pedagógica. El cambio en el siglo XXI es crear escuelas que aseguren a todos los estudiantes y en todos los lugares una buena educación. La agenda próxima en la mejora del ejercicio de la dirección, creemos, es el liderazgo para el aprendizaje, es decir, vincular el liderazgo con el aprendizaje del estudiantado. 
Si los centros educativos deben garantizar a todos los estudiantes las competencias básicas, la dirección de la institución está para hacerlo posible, centrando sus esfuerzos en dicha meta. Por eso, un liderazgo para el aprendizaje toma como núcleo de su acción la calidad de enseñanza ofrecida y los resultados de aprendizaje alcanzados por los estudiantes. El propósito prioritario es, qué prácticas de la dirección escolar crean un contexto para un mejor trabajo del profesorado y, conjuntamente, de todo el institución educativa, compartidas por otros miembros del equipo docente, como una cualidad de la organización.
Actualmente, las agrupaciones profesionales de aprendizaje se pueden entender como una configuración práctica de las Organizaciones que aprenden, así como de las llamadas culturas de colaboración. Apoyar un desarrollo de las instituciones educativas como organizaciones pasa, como línea prioritaria de acción, por la reconstrucción de los centros escolares como lugares de formación e innovación no sólo para los estudiantes, sino también para los propios profesores. Si a menudo se propone crear una nueva cultura de aprendizaje para los estudiantes, es preciso resaltar que esto no sucederá del todo si no se ha generado también una cultura de aprendizaje para los propios profesores.
Los resultados de aprendizaje de los estudiantes dependen, notoriamente, de la interacción de un conjunto de factores. Si la competencia del profesorado es el fundamento de la mejora de la práctica docente, la mejora a nivel del aula no puede mantenerse de modo continuo si no está sostenida por una cultura de trabajo en equipo y en colaboración a nivel de centro, aprendiendo de la práctica a través de los datos. En este contexto, el liderazgo contribuye a incrementar el aprendizaje de los estudiantes indirectamente, a través de su influencia en el profesorado o en otros aspectos de la organización.
Por tanto, los líderes educativos con éxito mejoran la enseñanza y el aprendizaje y, por lo tanto, de manera indirecta, los resultados de los estudiantes, principalmente a través de su influencia en la motivación del personal, el compromiso, las prácticas de enseñanza y desarrollando las capacidades del profesorado para el liderazgo. Los principales hallazgos de esta amplia investigación, a modo de conclusiones, son las siete siguientes:
  1. El liderazgo educativo es el segundo factor, tras la enseñanza en el aula, que influye en el aprendizaje de los estudiantes. El liderazgo actúa de catalizador para que manifiesten las capacidades que existen en la organización. 
  2. Los líderes con éxito suelen compartir la misma colección de valores y prácticas de liderazgo. Los supuestos básicos son que la tarea central del liderazgo es ayudar al profesorado a mejorar sus prácticas, teniendo en cuenta sus valores, motivaciones, habilidades y conocimientos, así como las condiciones de trabajo. 
  3. Los líderes aplican estas prácticas o estrategias, no las prácticas mismas, demuestran capacidad para adecuarse al contexto en que trabajan. Para maximizar el rendimiento de los estudiantes son, pues, sensibles a la institución y a las características generales de los estudiantes, a las necesidades definidas por la Administración educativa y de acuerdo con sus ideas sobre la educación. 
  4. Los líderes educativos mejoran la enseñanza y el aprendizaje indirectamente, más particularmente mediante su influencia en la motivación, compromiso y condiciones de trabajo del profesorado. La capacidad para influir en las competencias del profesorado.
  5. El liderazgo educativo tiene una influencia mucho mayor cuando está ampliamente distribuido entre equipos directivos, profesorado, familias y estudiantes. Hay una relación positiva entre el aumento de la distribución de roles y responsabilidades de liderazgo y la mejora continua de los resultados de los estudiantes.
  6. Algunas formas de distribución son más efectivas que otras. La más ineficaz es un laissez-faire en las formas de ejercer el liderazgo. Las buenas escuelas, con alto rendimiento de sus estudiantes, normalmente, tienen muy distintas fuentes y personas que ejercen el liderazgo.
  7. Un pequeño conjunto de rasgos personales explica una alta proporción de la variación en la eficacia del liderazgo. Así, características de la personalidad, cualidades y relaciones personales, disposiciones, actitudes, etc. explican por qué algunas personas desarrollan niveles más altos de liderazgo que otras. 
Contamos, con un conocimiento acumulado sobre cómo los líderes educativos pueden contribuir a mejorar la educación ofrecida por sus instituciones educativas. El contexto es clave a la hora de comprender y gestionar el liderazgo. Por eso, la investigación futura a desarrollarse debiera contrastar dichos hallazgos con nuestra realidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.