LAS COMPETENCIAS COMUNICATIVAS EN EL PROCESO EDUCATIVO.

Existen desafíos como la de Carlos Scolari, que propone el concepto de interfaz para reflexionar las coherencias y las formas de interacción que se desarrollan en las nuevas tecnologías de la información. Este periodo se caracterizaría por la posibilidad de los medios de expandir el texto de una forma automatizada, lo que facilita la construcción de una (hiper) coherencia multimedia y multilenguaje, produciendo un tipo de coherencia audiovisual interactiva, que les otorga autonomía y posibilidad de gestión a los usuarios.

Se señala la necesidad de revisar el paradigma dominante educativo, por la la aparición de nuevos ambientes comunicativos propiciados por las tecnologías informacionales. Para Joan Ferrés, “de los hallazgos de la neurociencia se desprende, que sólo se puede comprender el poder socializador de las pantallas tomando conciencia de la manera como se gestionan en ellas las emociones”. Lo sensorial cada vez cobra más importancia en los escenarios comunicativos, especialmente porque las interacciones se desarrollan en un ambiente multimedia, en donde participan varios sentidos. 
La sensorialidad de la comunicación cumple una gran labor en las tecnologías informacionales que apuestan más por la concreción que por la abstracción, imponiendo un reto muy complejo para el modelo educativo centrado en la transmisión. El paradigma educativo se enfrenta a un cambio que trasciende las tecnicidades de los dispositivos informacionales. “Seducir significa llevar a uno a otra parte, sacarle de sí y conducirle a otra dimensión. Solo se puede educar si se es capaz de seducir” (Ferrés). La efectividad de un comunicador pasa en buena medida por la capacidad de llamar la atención, de sorprender, de despertar interés, y cuando un docente tiene que competir con coherencias interactivas y dinámicas su discurso unidireccional y centrado en el libro, se ve en complicaciones serias. 
Es preciso destacar que durante varias décadas se ha reflexionado la urgencia de desarrollar competencias comunicativas que puedan activar y hacer más eficiente el proceso educativo. “Con nuevas o viejas tecnologías es imprescindible preguntarse sobre nuevas formas de enseñar y aprender. Los cambios metodológicos, la búsqueda de nuevos modelos pedagógicos y las prácticas interactivas basadas en el diálogo son cuestiones que están más allá del uso de una tecnología” (Aparici). 
Guillermo Orozco nombra a este contexto cultural, como “la condición comunicacional contemporánea”, que sería ese movimiento de ser audiencias caracterizadas por la recepción, a ser audiencias definidas por las actividades de creación, producción y emisión. La aportación toma como eje trascendental los cambios de estatus de las audiencias frente a las pantallas y las formas de ser a partir de ellas. Se puede pensar que se magnifica una cultura de la participación en la que incluso se alcanzan procesos complejos, como el de la autocomunicación de masas. 
Durante muchos años los efectos de la cultura de masas han tenido una construcción negativa respecto de la alta cultura y la institución educativa formal, pero como sugiere Johnson “…la cultura de masas del siglo XXI, está generando obras de alta complejidad que exigen un esfuerzo cognitivo adicional para ser interpretadas”. Asimismo, las estructuras narrativas imponen a las audiencias lidiar con coherencias muy complejas. La convergencia tecnológica está propiciando la combinación de uno o varios medios de comunicación en procesos multiplataforma caracterizados por la capacidad narrativa de crear o expandir múltiples plataformas.
Las narrativas multiplataforma que se despliegan a lo largo y ancho del universo mediático desarrollan en las audiencias habilidades de significación que enriquecen sus procesos cognitivos y de producción de contenidos. Carlos Scolari define las narrativas multiplataforma como: “un tipo de relato donde la historia se despliega a través de múltiples medios y plataformas de comunicación y en el cual una parte de los consumidores asume un rol activo en ese proceso de expansión”. Que una tecnología no esté al alcance de toda la sociedad no implica que sea menos relevante, al reflexionar acerca de su influencia en las prácticas educativas y de enseñanza-aprendizaje.
Las posibilidades que brinda Internet dentro de la convergencia, potencializan la acción de las audiencias, permitiendo expandir sus gustos ficcionales en múltiples plataformas y lenguajes. Es preciso abordar la relación entre las narrativas multiplataforma como posibilidad para ampliar la cultura de la participación y los procesos que ocurren en los usuarios y los conduce a contribuir en la expansión de los universos narrativos. Discutir en cuanto al comportamiento entre estudiantes e instituciones, se sospecha complejo sin mediar la importancia de las tecnologías y dispositivos informacionales. Hablar de aburrimiento es apenas una provocación para destacar que existe un ecosistema hipermedial que exige nuevas categorías y maneras de ver y afrontar los problemas. Suponer que solo se necesita incorporar las tecnologías informacionales a las aulas educativas, es caer en el extremo de la Simplificación para comprender las dinámicas de significación y apropiación. El tema del aburrimiento se ha presentado entonces como un modo sugerente de pensar el distanciamiento institucional entre docente y estudiantes, a la luz de las mutaciones que ocurren en los aprendizajes. 
Bajo esta condición no se trata de que el docente se convertirse en el bufón de los estudiantes, sino de reconocer y contrastar una experiencia frente a otra. La del estudiante con su capacidad de leer imágenes y ausencia de cultura letrada, con la posición simétrica del lado del docente. No se trata de reducir los problemas y fenómenos cotidianos a una simplificación del tipo: «los chicos se aburren y no prestan atención, entonces habrá que incorporar dispositivos en los que no se aburran”, sino de entender que existen otras maneras en que es posible generar experiencias significativas para los estudiantes y naturalizar el uso de herramientas y tecnologías en las aulas, más allá de una incorporación simple. 
Es prioridad para las instituciones educativas, reconocer que están ocurriendo mutaciones en las formas de aprender y generar significados a la luz de la participación y uso de los nuevos medios y las tecnologías de la información y la comunicación, las cuales no pueden dejarse de lado. En este sentido, como sugiere Baricco, “Los bárbaros están aquí. La mutación ya llegó y como una pesadilla radioactiva se ha infiltrado en nuestras ciudades. No sirve de nada acumular botellas de agua mineral o libros impresos: nada volverá a ser como antes”, o se aprende a convivir y trabajar junto a los bárbaros, regenerando los espacios de producción, transmisión y distribución del conocimiento, o terminarán todos amplificando las listas de los aburridos. Cada día se perfilan nuevas propuestas, experiencias y proyectos que apuntan hacia otra dirección: la creación colectiva de conocimientos, los polialfabetismos y la implementación de procesos educativos más transparentes y abiertos. 

Podemos concluir con una idea poderosa de Paulo Freire: “El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.” En esos procesos es donde se deben centralizar los esfuerzos.

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