APRENDER A APRENDER COMO ANHELAMOS.

Realmente, las definiciones de aprender a aprender son múltiples. De acuerdo con el autor Adey, define aprender a aprender como una meta-aprendizaje, un tipo exclusivo de aprendizaje, un aprendizaje sobre el aprendizaje, en el que actúan elementos cognitivos, afectivos y de tipo social. Un autor, define aprender a aprender como:

“La habilidad y la disposición para adaptarse a nuevas tareas, mediante la actividad del compromiso para pensar y una perspectiva de esperanza a través del mantenimiento de la autorregulación cognitiva y afectiva y de la actividad de aprender”.

De acuerdo, con La Comisión Europea, quien define esta competencia como “la capacidad para proseguir y persistir en el aprendizaje, organizar el propio aprendizaje, lo que conlleva realizar un control eficaz del tiempo y la información, individual y grupalmente”.
Esta competencia contiene la conciencia de las necesidades y procesos del propio aprendizaje, la caracterización de las oportunidades disponibles, la habilidad para superar los obstáculos con el fin de aprender con éxito. Esto incluye obtener, procesar y asimilar nuevos conocimientos y habilidades así como la búsqueda y utilización de una guía. Aprender a aprender significa que los estudiantes se comprometan a edificar su conocimiento a partir de sus aprendizajes y experiencias vitales anteriores con el fin reutilizar y aplicar el conocimiento y las habilidades en una variedad de contextos: en casa, en el trabajo, en la educación y la instrucción. En la competencia de la persona son trascendentales, la motivación y la confianza.
De forma más resumida, Aprender a aprender presume iniciarse en el aprendizaje y ser capaz de continuarlo de manera autónoma, poder desenvolverse en las inseguridades aplicando la lógica del conocimiento racional, admitir la diversidad de respuestas posibles ante un mismo problema y encontrar motivación para buscarlas desde distintos enfoques metodológicos. Incluyendo la posibilidad de obtener información para transformarla en conocimiento propio. Su ganancia implica dos dimensiones fundamentales: la toma de conciencia de las propias capacidades intelectuales y sus posibilidades de desarrollo y la motivación para aprender desde la autoconfianza en el éxito del propio aprendizaje. Incluye además, la habilidad para organizar eficazmente el tiempo y la perseverancia en el aprendizaje como elemento de enriquecimiento personal y social.
Para entender la capacidad de aprender a aprender, apreciamos la presencia de tres tipos de ingredientes: elementos cognitivos, afectivos y sociales. 
Entre los cognitivos descubrimos aspectos que son comunes a cualquier proceso intelectual, como son la atención, selección de información, recuerdo, habilidades de razonamiento. En un orden más particular, destacan los procesos de autorregulación, en la capacidad de reflexión del estudiante.
Aprender a aprender envuelve saber cómo aprendemos y cómo aprender o meta-aprendizaje, entendida por Flavell como “la supervisión activa y ulterior orquestación de los procesos implicados en el aprendizaje en relación con los objetos o datos en los que se apoya.”
Con relación al conocimiento de la persona, el estudiante debe, primero, asimilar que aprender en el aula requiere una actitud mental activa, un esfuerzo y que ese esfuerzo puede controlarse por parte del que aprende. Debemos además, ayudarle a tomar conciencia de sus creencias sobre el aprendizaje y el conocimiento, y sobre la disciplina específica.
En segundo lugar, debe desarrollar la capacidad de personificar el estado de su propia mente en el momento del aprendizaje: juzgar lo que sabe, lo que ignora, lo que comprende o lo que no entiende en una situación concreta de aprendizaje.
Un buen estudiante puede decir a menudo que no entiende, sencillamente porque mantiene un constante control sobre su entendimiento. El mal estudiante que, por así decirlo, no se vigila a sí mismo en sus intentos de entender, la mayor parte de las veces no sabe si entiende o no.
En relación con los trabajos que se propone aprender, debe, primero, preguntarse por el significado y objetivos de las tareas de aprendizaje y, en segundo lugar, valorar la dificultad, la novedad de la tarea de acuerdo con sus recursos y decidir así la organización del material, del tiempo y el esfuerzo que debe dedicar.
Para aprender a aprender como anhelamos, también debe conocer cuál es el repertorio de estrategias que posee y cómo estas estrategias se deben adaptar a sus propios rasgos como aprendiz, a las tareas, al trabajo en solitario o en equipo, etc.
Los aspectos de control y regulación incluirían fundamentalmente la planificación (tomar conciencia de la necesidad de organizar previamente las actividades y tomar decisiones sobre cómo enfocar la tarea), la decisión sobre las estrategias específicas de análisis, comprensión o memorización que pondrán en marcha y la evaluación personal de si su aprendizaje está resultando eficaz para, o bien, proseguir en este camino o bien cambiar la manera de enfocarlo.

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