CALIDAD DE LA EDUCACIÓN.


Resulta cierto que la misión de educar a los estudiantes recae, directamente, sobre dos pilares esenciales: la familia y la institución educativa. Si bien en el campo de la familia la figura esencial que va a desempeñar las labores educativas y sociales son los padres; en el caso de la institución educativa, el sujeto clave de formación es el docente. 
Para poder razonar la situación que los docentes están viviendo en la actualidad, es preciso realizar una aproximación a las funciones esenciales que ha de cumplir y que desarrolla en la actualidad, así como de igual forma es preciso prestar atención especial a aquellos factores que, de una manera u otra, están limitando la práctica docente e irrumpiendo en el buen desarrollo de la formación.

Pero no se debe olvidar que el docente no es un elemental transmisor de conocimientos, sino que además es un fuerte agente socializador y que, a través de su docencia, transmite una serie de valores que van a impregnar, directa o indirectamente, en la formación de los estudiantes. 
El docente va a añadir dentro de su práctica educativa diferentes creencias, convicciones y escalas de valores que, sin lugar a dudas, va a transmitir en su discurso pedagógico con sus estudiantes. Por ello, debe ser totalmente consciente del compromiso educativo que tiene con sus discípulos y, en la medida de lo posible, debe mostrarse con el mayor grado de neutralidad para conseguir formar a estos estudiantes dentro de los imposiciones de la libertad de pensamiento y de crecimiento, así como dotarles de un amplio equipaje de conocimientos y puntos de vista, que les posibiliten adquirir esa actitud crítica tan ansiada y que tanto escasea en nuestra sociedad actual.
Se debe indicar que, cuando hacemos referencia a los vínculos establecidos entre docente y estudiante, se estudian siempre desde la perspectiva de la relación, es decir, una convivencia que se encuentra basada en el principio de la interacción, en la que la participación y los procesos dinámicos, se constituirán en la base de esa relación bidireccional entre el docente y el estudiante. 
Para poder realizar una aproximación a la figura del docente y llegar a comprender así el papel que éste desempeña en la educación de la ciudadanía se plantea como un hecho esencial, partir de una noción elemental sobre las diferentes funciones básicas que se espera que el docente dé cumplimiento a lo largo de su práctica educativa. 
Cualquier persona que haya realizado una aproximación teórica en torno a la figura del docente, habrá notado lo complejo y entablado que esta misión supone, ya que resulta una ardua tarea poder generalizar un conjunto de conceptos sobre distintos escenarios educativos que, en la mayoría de los casos, difieren en cierta medida los unos de los otros. 
Pero estas funciones se exageran, en numerosas ocasiones, de la misión básica de escolarizar al estudiante. La sociedad en general y los padres en particular dotan al docente de diferentes objetivos a alcanzar que, en determinados momentos, no son otra cosa sino competencias transferidas, es decir, funciones educativas y socializadoras, las cuales, son la propia sociedad y la familia las que han de darle el debido cumplimento pero que, por diferentes razones de tiempo, apatía, desinterés, etcétera, las dejan en manos de la institución educativa sobrecargando a ésta de funciones e impidiendo el buen y correcto funcionamiento de la misma. 
Entre las diferentes funciones que se le atribuyen al docente haremos referencia a las más relevantes que, sin lugar a dudas, van a determinar el desempeño docente y la imagen que esta corporación posee de cara a los progenitores de sus estudiantes: 
  1. Instructor y especialista de una materia, que tiene que darla a conocer e impartirla sobre unos estudiantes determinados. 
  2. Educador: entendiendo por esta función a aquella persona que es capaz de instruir y formar al estudiante desde una perspectiva global, atendiendo a todas sus vertientes, así como a su propio desarrollo personal.
  3. Solucionar problemas: el docente es aquella persona que debe de estar capacitada, para dar respuesta a todos los conflictos que le pueda presentar el estudiante, sean éstos de carácter cognoscitivo o psicológico, sin tener en cuenta que, el docente, no tiene el deber de poseer conocimientos específicos de psicología. 
  4. Anexo familiar: son muchas las ocasiones en las que, el docente o tutor debe suplir el afecto que el estudiante no posee en su familia. 
  5. Mediador ante situaciones conflictivas: el tutor debe ser consciente de la realidad familiar que rodea al estudiante y, en determinadas. 
Una vez que el docente es conocedor de las principales funciones que se le van a requerir al personal docente de la institución educativa se debe de recalcar que esta misión se plantea bastante compleja de realizar por parte del docente. Y uno de los graves problemas a los que debe hacer frente el docente es cómo enseñar algo que es mayoritariamente rechazado por los estudiantes. 
Teniendo en cuenta a las recomendaciones que dan diferentes autores, estas funciones, en gran medida, pueden llegar a encontrar su fiel cumplimiento mediante la elaboración y puesta en práctica de un Plan de Acción Tutorial. Así, se podrán establecer una serie de actividades para dar sabida cuenta a las misiones que se plantearon con anterioridad estructuradas, fundamentalmente, en cuatro grandes bloques: el trabajo con el grupo de estudiantes; el trabajo con el estudiante de manera individual; el trabajo con las familias; y el trabajo con el resto de docentes. 
Siendo conscientes de la gran tarea que realizan los docentes y conociendo la cantidad de metas que han de cumplir, bien propias de su función, bien atribuidas por la sociedad y los padres, son muchas las ocasiones en las que la figura del docente se encuentra en entredicho en nuestro entorno. 
Atendiendo a las posibles consecuencias que nos vuelven a proponer estos autores, presentaremos a continuación aquellas que resultan más relevantes:
  1. Descendimiento en el nivel de confianza en el docente. 
  2. Pérdida de respeto al docente. 
  3. Dificulta el período de aprendizaje creando unas situaciones muy tensas en el aula de clases. 
  4. Ausencia de consideración hacia la institución educativa. 
  5. Incumplimiento de las normas de convivencia en la institución educativa. 
  6. Deterioro en la exigencia personal del propio estudiante. 
  7. El estudiante es consciente de que si se produce un fracaso escolar, sus padres culparán a sus docentes, nunca a él. 
Toda esta concepción errónea por parte del estudiante hacia sus docentes generará un clima hostil en el aula de clases, pudiendo encontrar en esta acción otra posible causa de desaliento del estudiante, por su propia educación y escolarización. 
Por tanto, las diferentes características que determinan la práctica docente han de ser tenidas en cuenta para medir la calidad de la educación que están recibiendo los estudiantes. 

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