En la actualidad, se han originado transformaciones importantes y significativas en la educación en la mayoría de países de Latino América, y con ello se han implementado una serie de transformaciones para las cuales no están preparados ni el personal docente, ni las instituciones educativas. Pero, independientemente de los cambios y exigencias que se han producido, es importante salvar y motivar al cambio a los docentes ya sea a nivel actitudinal y conceptual de la evaluación, como también en la forma de observar y entender las relaciones entre el sujeto y objeto de la educación, y los fines de la misma, de tal forma que permitan transformar la escuela, la enseñanza y el aprendizaje y por ende la humanidad y la sociedad en general.

Dentro de este agregado de reformas y cambios, la más polémica y controversial se relaciona con el proceso evaluación más aún si se trata de la evaluación de la práctica docente; generalmente solo se mide el rendimiento de los estudiantes y se hace juicios, «los estudiantes son malos», «los estudiantes no estudian” y otros, sin detenerse a pensar, criticar, reflexionar y analizar que el desempeño docente influye de alguna forma en ese rendimiento estudiantil. Por lo tanto, es que se considera necesario motivar a los y docentes a crear una cultura de auto evaluación de la práctica docente, contribuyendo así a mejorar los procesos educativos, y la practica misma.


«La evaluación más que un instrumento de medición para calificar, es un medio que nos permite corregir algunas fallas y procedimientos docentes, retroalimenta los mecanismos del aprendizaje, permite planear nuevas experiencias de aprendizaje, así como mantiene consciente al alumno de su grado, avance, o nivel de logro, refuerza oportunamente al alumno en áreas de estudio o aprendizaje que se perciban como insuficientes y le permite al docente planear nuevas experiencias de aprendizaje para el logro de los objetivos; así como revisar su desempeño docente e implementar las medidas correctoras inmediatamente».
La evaluación tal y como la plantea Gutiérrez Cerda, se cree como un proceso continuo complejo y global que nos permite recoger sistemáticamente información relevante, tanto de los resultados y logros en el aprendizaje de los estudiantes como de la intervención docente en el proceso educativo, con el objeto de readaptar la intervención educativa de acuerdo con los aprendizajes reales y necesidades del estudiante y no simplemente adjudicar un numero o nota; a la vez permite identificar las competencias y la práctica docente la cual requerirá de modificaciones y / o adecuaciones según el caso, por lo tanto la evaluación no es un fin en sí mismo, sino apenas un instrumento, medio o herramienta para mejorar el trabajo y los resultados. 
La evaluación y auto evaluación docente debe necesariamente cumplir con determinados propósitos: 
  1. Ayudar a los docentes a encontrar vías que desarrollen sus destrezas profesionales.
  2. Ayudar a la planificación del perfeccionamiento y desarrollo profesional individual y colectivamente.
  3. Identificar el potencial del docente para el desarrollo profesional con la intensión de ayudarles a través de la educación en servicio y orientación adecuada entre otras. 
Contemplado así, la evaluación debe realizarse en todo momento, antes, durante y después del acto educativo; y esta debe estar en concordancia con el plan o proyecto curricular, los objetivos, contenidos y perfil educativo o de formación. También es importante tener claridad de las funciones de la evaluación tanto para el estudiante, como para el docente e institución educativa; al alumno le permite identificar su nivel de logros y debilidades. Al maestro le permite reflexionar sobre su desempeño y finalmente a las instituciones educativas les permite ver su funcionalidad, organización y permite la acreditación y certificación institucional. 
La fase de preparación de la actividad docente previa al contacto con los estudiantes obliga a tomar decisiones respecto de cada uno de los apartados que debe tener una programación de aula: 
  1. Los objetivos didácticos de las áreas que se van a trabajar, 
  2. Los contenidos, 
  3. Las actividades que consideramos más adecuadas para conseguir los objetivos propuestos, 
  4. Las estrategias y los recursos suficientes y variados que resulten más congruentes con los objetivos y con la realidad concreta de los estudiantes a quienes van dirigidos. 
  5. También resulta imprescindible, asimismo, concretar los criterios, procedimientos, instrumentos y técnicas de evaluación, mediante los que se va a comprobar que los estudiantes realmente van aprendiendo a la vez que desarrollan las habilidades y capacidades correspondientes a su etapa educativa. 
  6. Es muy importante, además, prever las condiciones de tiempo y de espacio que tanta importancia tiene para garantizar que los estudiantes logren aprendizajes relevantes de forma eficaz. 
Resulta fundamental en esta fase de preparación de las clases, tener muy presentes tanto los Objetivos Generales del currículum como los de las diferentes áreas, especialmente cuando seleccionamos los objetivos didácticos. Las decisiones que cada uno de nosotros toma al preparar sus clases deben tener como referencia el Proyecto Curricular de y /o la programación didáctica del área correspondiente.

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