LA RESILIENCIA EN LA EDUCACIÓN.

En la actualidad, especialmente los docentes con baja autoestima se consideran no aptos para enfrentar los desafíos en el aula de clases. Sienten la carencia, el “no puedo”, el “no soy capaz de hacerlo”.

También, se consideran indicadores de una autoestima insuficiente cuando el docente carece del respeto a sí mismo, no compensa sus necesidades y deseos, y/o no confía en sí mismo para ganarse la vida o hacer frente a los desafíos del aula de clases. El indicador decisivo, según Branden, para saber si el docente tiene una alta o baja autoestima reside en sus acciones: lo que determina el nivel de autoestima es lo que el hombre hace, en el argumento de sus conocimientos y sus valores, su nivel de coherencia interna, que se refleja en el exterior.

Hay atributos visibles de forma natural y directa que diferencian al docente que tiene una autoestima saludable sobre quien tiene una autoestima afectada y es, sobre todo, el placer que el mismo docente proyecta del hecho de estar vivo. Se ve en su mirada, se siente en la tranquilidad con la que se expresa y habla de sus virtudes y defectos de forma honesta y directa. Es natural y espontánea. Demuestra interés por la vida y está abierta a nuevas oportunidades.

Los docentes con baja autoestima realizan una serie de comentarios de la realidad que son sumamente perjudiciales y Rojas las describe del siguiente modo:

  1. Predisposición a la generalización: se toma la particularidad por regla, empleándose términos categóricos a la hora de valorar lo que les sucede del estilo: “a mí todo me sale mal o nunca tengo suerte con las actividades en el aula de clases“.
  2. Pensamiento dicotómico o absolutista: Rojas define este concepto como: “binomio extremo de ideas absolutamente irreconciliables”.
  3. Filtrado negativo: se da cuando los pensamientos del docente giran en torno a un acontecimiento negativo sin prestarle atención a las situaciones positivas y favorables de su vida.
  4. Autoacusaciones: consiste en la predisposición del docente a culpabilizarse por cuestiones en las que no es clara su responsabilidad o directamente no tiene responsabilidad alguna.
  5. Personalización: se trata de interpretar cualquier queja o comentario como una alusión personal.
  6. Reacción emocional y poco racional: la manifestación que desencadena una emoción de signo negativo es errático, ilógico y por lo general el docente tiende a extraer conclusiones que la perjudican.
La resiliencia es la capacidad de un sujeto para superar circunstancias de especial dificultad, gracias a sus cualidades mentales, de conducta y adaptación, según Kreisler .

En la obra La resiliencia: resistir y rehacerse se define la resiliencia como integrante de las realidades educativas, terapéuticas y sociales y precisa: “…la resiliencia es la capacidad de una persona o un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”.

La resiliencia en la educación es la capacidad de resistir, es el ejercicio de la fortaleza, para afrontar todos los avatares de la vida personal, familiar, profesional y social. El término “resiliente” se ha adoptado en cierta forma en lugar de: invulnerable, invencible y resistente. La acepción de “resiliente” reconoce el dolor, la lucha y el sufrimiento implícitos en el proceso. El concepto de la resiliencia se aleja del modelo médico del desarrollo humano basado en la patología y se aproxima a un modelo pedagógico proactivo basado en el bienestar, el cual se centra en la adquisición de competencias y eficacia propias. Es necesario explorar las fuentes de la fortaleza personal, considerando que la perfección de la fortaleza es la constancia, la capacidad de agredir y resistir. El proceso de adquirir resiliencia es de hecho el proceso de la vida, dado que toda persona requiere superar episodios adversos de estrés, trauma y rupturas en el proceso de vivir, sin quedar marcado de por vida y ser feliz. Y de esta forma resulta coincidente con la Pedagogía al reconocerse que ésta es la ciencia que enseña a vivir bien la vida, aceptando el sufrimiento que conlleva. 

Las estrategias de adaptación que adquiere el docente ante circunstancias desfavorables son útiles para protegerla de sufrimientos demasiado pesados de sobrellevar y liberar energías a través de encontrar otra perspectiva sobre la realidad.
Actualmente, está siendo aplicada en el aula la terapia del sentido del humor que es la estrategia de adaptación por excelencia puesto que compromete a todas las personas que están dentro del aula de clases, sus intelectos, sus emociones, sus fisiologías. El humor genera una toma de distancia del problema y una mirada divertida sobre la propia condición.
La Risoterapia es concebida como una estrategia que lleva a asumir una actitud predispuesta a ver posibilidades más alegres o beneficiosas en cada momento de la vida y no detenerse ante el primer pensamiento decepcionante cuando sucede algo no deseado.
Es una técnica que está relacionada con la parte inteligente del ser humano: enseña a desarrollar el sentido del humor y a utilizar la creatividad para buscar alternativas satisfactorias ante las circunstancias de la vida.
Al respecto, a la Práctica de Risoterapia aclara que, esta estrategia le permite al docente a ubicarse, de forma inteligente, en cada momento, para obtener los mejores resultados, actuar con sus capacidades mejoradas al máximo.
Se enfatizan los efectos beneficiosos que se le atribuyen a la risa, tales como: eliminar el estrés, las tensiones, la ansiedad, la depresión, el colesterol, los dolores, el insomnio, así como disminuir los problemas cardiovasculares, respiratorios y de cualquier enfermedad. Además, aporta aceptación, comprensión, alegría, relajación, abre los sentidos, ayuda a transformar nuestras pautas mentales.
El propósito de los docentes realiza en la terapia de la risa es aprender a tener una apreciación distinta y mejor de sí misma, de las propias posibilidades y de las posibilidades que brinda el entorno en el aula de clases, para así disminuir el riesgo Síndrome de Burnout o síndrome del quemado.

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