LOS DOCENTES VIAJEROS.

Los sofistas fueron los genuinos docentes viajeros que iban de una ciudad a otra, tratando de interpretar la realidad educativa y social. Los sofistas se aseguraron un porvenir en el destino de los pueblos, divulgando experiencias ajenas, cuya base es la especulación. Pero esta divulgación permitió definir claramente el raciocinio, la libertad mental que necesitan el hombre y la mujer para alcanzar el desarrollo político y social de las sociedades griegas. 

Los sofistas, cuya comprensión se determinó en base a su sabiduría, emprendieron la búsqueda para hacer sabios a otros y, en este sentido, quedaba demostrado en carácter reproduccioncita de la educación. Tanta fue la orientación de los sofistas que lograron incidir en la sociedades griegas, que la convicción definida, se enmarcaba en la habilidad de persuadir con base a la palabra. Se trata pues, de una exigencia, en la que el “aprendizaje oratorio” se convierte en el método de culminación del acto de educar. Durante el siglo V, el conferenciante se exigía a sí mismo con la única intención que el lenguaje planteado tuviera eco en los discípulos. Naturalmente la cultura era el producto de aprendizaje y adquiría, desde esta óptica, la ambición política en la que el maestro caracterizaba su acción. 
En la preparación de los jóvenes, los sofistas se convirtieron en negociantes de la educación, ya que dicha preparación tenía alto costo y, por ende, determinaba la calidad de su enseñanza. Una de las premisas del desarrollo educacional de los sofistas consiste en “una actitud radical y crítica que no se detiene ante la autoridad de ninguna tradición, pretendiendo liberar a los hombres de todo prejuicio”. Este planteamiento es principal al momento de evidenciar que los sofistas y su Atenas coincidieron en ubicar a la tradición y la ilustración como premisas clave dentro su filosofía. La tradición es sinónimo de cultura y la ilustración consistía en examinar y criticar a la luz de la pura razón humana, los mitos, las creencias y sobre todo las instituciones políticas y sociales. La ilustración es, por tanto, el método de crítica, ubicando a la persona y la sociedad y sus diversos problemas como objetos de estudio y determinaciones en el acto de educar. La elocuencia y el humanismo son, en detalle, correlaciones en las que se evidencia el carácter educativo de los sofistas y, a partir de ellas concretaron el abordaje de la realidad. 
Los sofistas fueron un movimiento cultural especializado, más que en proporcionar filosofía en todas sus dimensiones, en un análisis de las sociedades griegas y, su recreación, estuvo ubicada en la relación entre individuo y Estado. Visiblemente, su principal objetivo era la venta de artículos educativos, en el que se expresa la propiedad privada, y el saber cómo elementos indisolubles. Sus principales representantes, Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini; Hipias de Elis. 
Además, se puede identificar a los sofistas como los creadores de la educación liberal; tal fue la trayectoria obtenida que influyó en la concepción del mundo tal como es entendido en la actualidad por los países de Occidente. Generalmente, es cierto que esta concepción llegó a las especificaciones del currículo educativo de las disciplinas que más adelante se denominaron las siete artes liberales, divididas en el trivio (gramática, dialéctica y retórica) y el cuadrivio (aritmética, geometría, astronomía y música). 
En los grandes Sofistas como Hipias y el Ateniense Antifón esta contradicción dio como resultado la consideración de que todos los hombres son por naturaleza iguales: sólo por convención artificial se dividen en griegos y bárbaros, libres y esclavos, nobles y plebeyos. Esta forma de enmascarar la igualdad desencadenó el criterio del liberalismo, el cual, libera a las personas desde la óptica de la individualidad o del esfuerzo particular.