LA INDISCIPLINA EN EL AULA DE CLASES

La indisciplina es uno de los mayores retos a los que los docentes enfrentan diariamente cuando lleva a cabo su labor. Cuando el docente se siente preparado para impartir su clase, parece ser malo el resultado en los estudiantes. La indisciplina en el aula parece ser la mayor causante de este efecto contrario a toda lógica que, además de los malos resultados académicos, trae consigo otras consecuencias desfavorables tales como el estrés, la pérdida de la vocación docente, depresión, entre otros. 

Pero, ¿Qué es la indisciplina? Esencialmente, es una desorganización de la conducta. Existen dos tipos principales: activa y pasiva. 
  1. El mal comportamiento activo es aquel que conlleva interrupciones verbales, distracción de los compañeros, moverse de un lado a otro en el aula sin cesar, dirigirse al docente o a los compañeros de manera irrespetuosa, e incluso puede derivar en agresiones físicas. 
  2. El pasivo es aquel que conlleva la falta de atención, soñar despierto, no realizar las tareas, o el denominado síndrome de “no hay deberes”. 
Regularmente, nos referimos a la indisciplina como al mal comportamiento activo porque es disruptivo. No obstante, solemos ignorar el pasivo pues no molesta, aunque los resultados son igualmente negativos. 
No existe una regla de oro, que ayude al docente a acabar con la indisciplina, sin embargo, se pueden encontrar cientos de ideas y de expertos que les pueden ayudar a la hora de decidir cómo actuar. De acuerdo con el autor Ogilvy , hay tres factores fundamentales: 
  1. Aquellos que afectan el comportamiento desde dentro del estudiante (se refiere al aprendizaje cognitivo). 
  2. Aquellos que afectan desde el hogar y la sociedad (un ambiente estable, un sistema de reglas y de control). 
  3. Aquellos que afectan desde el centro educativo (una enseñanza interesante y significativa, un control del aula positivo y efectivo, una política y una directiva de centro que apoye al docente). 
Es pertinente señalar que existen algunas ideas básicas de cómo los docentes pueden manejar la indisciplina. Para ello, se debe seguir los consejos del autor Cowley, que es un simple razonamiento común: 
  1. Tener determinación: “Sé lo que deseo”. 
  2. Estar alerta: “Sé qué pasará si no consigo lo que deseo”.
  3. Mantener la calma: “Siempre ser justo y amable contigo mismo”. 
  4. Dar estructura: “Sé hacia dónde nos dirigimos”. 
  5. Mantener el positivismo: “Lo estás haciendo bien”. 
  6. Mantener el interés: “Son personas además de estudiantes”. 
  7. Tener flexibilidad: “Sé cuándo doblarme antes que romperme”. 
  8. Ser persistente: “Me niego a abandonar”. 
En síntesis, podemos señalar que todos los aspectos de la comunicación positiva derivan de la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones. En otras palabras, el docente debe considerar las cinco aptitudes emocionales, clasificadas a su vez en dos grandes grupos: aptitud personal (autoconocimiento, autoregulación y motivación) y actitud social (empatía y habilidades sociales), para poder superar la indisciplina en el aula de clases.