Uno de los significados de la palabra disciplina es la de instrumento que sirve para azotar. Lamentablemente, éste es el significado que prevaleció en gran parte de la historia de la educación. Todo parece indicar que, a medida que avanza el proceso de institucionalización de la enseñanza ésta se identifica más con una operación de castigo o, si se quiere, de represión. 

El autor Foucault señala, que la disciplina en el siglo XVIII se orientó principalmente a conseguir la humildad de los cuerpos. Esta educación represiva era habitual en los colegios desde los primeros años. Por fortuna, parece que se ha suprimido por completo. En la actualidad, los castigos corporales se han suprimido en el ámbito escolar. Para algunos especialistas ciertas formas de castigo, siempre con carácter extraordinario y educativo, pueden ser eficaces para inhibir o suscitar conductas. Entre los aspectos negativos, hay que tener en cuenta que a veces se prestan a múltiples abusos. 
Algunas investigaciones ponen de manifiesto que los castigos, más que eliminar un comportamiento, lo ocultan. Además, pueden tener efectos colaterales muy perjudiciales y no deseados. 
Hay una amplia gama de sanciones, cuyas repercusiones dependen de aspectos tan variados como: tipo de punición, intensidad, duración, tiempo que tarda en aplicarse desde la aparición de la acción que se desea eliminar, experiencia anterior y percepción de la persona en relación a dicho castigo, propósito de quien lo administra, entre otros. En general, en el ámbito escolar personalizado es preferible fortalecer las conductas adecuadas que castigar las inapropiadas. 
También resulta conveniente que el estudiante tenga un buen modelo de aprendizaje y, por supuesto, se debe favorecer la reflexión y la comunicación como vías para conocer el motivo y el alcance de la falta, al tiempo que se orienta al educando sobre cuál ha de ser la acción correcta. 
Evidentemente, la disciplina es necesaria, en modo alguno ha de apoyarse en el miedo del educando. Por disciplina entendemos el conjunto de estrategias que se establecen en el aula de clases para el adecuado funcionamiento del grupo. Se pretende que los estudiantes, a través de las normas y convenientemente dirigidos por el profesor, alcancen los objetivos de formación previstos. 
El autor Plaza, tras estudiar diversos trabajos, estima que las diversas concepciones sobre la disciplina se pueden agrupar en varias categorías, según se acentúen unos aspectos u otros: 
  1. La disciplina como vínculo de necesidades individuales y sociales. 
  2. La disciplina como fenómeno dependiente de factores sociales, económicos e ideológicos. 
  3. La disciplina como medio para lograr otros fines educativos y sociales.
  4. La disciplina como gestión y control del aula. 
  5. La disciplina como autogobierno y autocontrol. 
  6. La disciplina como elemento posibilitador del proceso de enseñanza-aprendizaje. 
  7. La disciplina como equilibrio de poder y autoridad.
  8. La disciplina como proceso socializador. 
En síntesis, podemos decir que la disciplina no se debe confundir con el autoritarismo, aunque tampoco hay que caer en la permisividad. Si las normas se quebrantan reiteradamente la actividad educativa se torna fantasía. Por esta razón, la solución de la indisciplina ha de basarse en el análisis exhaustivo de la situación, en la reflexión, el diálogo y en técnicas que capaciten a los estudiantes para autocontrolarse y responsabilizarse de su conducta. 
El modelo de disciplina del desarrollo personal y social es el más apropiado desde el punto de vista pedagógico, pues se brinda ayuda al educando para que recapacite y se le muestra la relación entre el comportamiento y sus consecuencias.

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