El rol del docente, se ha convertido entre otras razones porque debe asumir el mayor conjunto de responsabilidades, debido a la ampliación de las exigencias a las que se encuentra sometido. La retórica contemporánea describe una serie de características muy variadas y a veces contradictorias de lo que se consideran las cualidades que debe reunir un buen docente. 

Algunas reseñan al conocimiento y los valores que los educandos deben poseer para transmitir a los estudiantes, a lo que se agrega el manejo de métodos de enseñanza relacionados con los contenidos, las competencias comunicacionales que les permitan interactuar con estudiantes, padres, colegas; el dominio de técnicas procedentes de los avances más modernos de las tecnologías de la información y la comunicación, las competencias para la investigación y la reflexión acerca de sus propias prácticas. 
De acuerdo con el autor Tedesco quien afirma, que, si uno llegara a creer que el docente debería reunir todas las características señaladas por los expertos y especialistas en diversos documentos, el resultado sería algo así como un tipo ideal tan contradictorio como de imposible realización práctica. Pero, no sólo hay mayores solicitudes para el docente, sino también una progresiva delegación de responsabilidades educativas por parte de otros actores sociales como la familia. 
Además, a esto se suma la aparición en las últimas décadas de medios de comunicación e Internet, que han forzado al docente a cambiar su rol en sociedades que son crecientemente multiculturales y, en muchos casos, multilingües. Las transformaciones sociales manejan también el contexto del aula de clases y obligan a una revisión en profundidad de muchos contenidos curriculares. 
Una interrogante muy valiosa seria ¿Cuáles son los contenidos realmente importantes en un Aula de Clases? Esta pregunta, realmente, lleva a los educadores a la necesidad de modificar las metodologías y las condiciones de trabajo en las instituciones educativas, ya que los docentes se afrontan a estudiantes muy diferentes entre sí. Y esto obviamente, impacta la relación docente-estudiante que es a menudo conflictiva en términos de autoridad y disciplina. Todo ello hace aún más difícil el desarrollo de las diversas tareas que el docente debe desempeñar. 
El rol docente surge como crecientemente fragmentado. La avalancha de cambios sociales no se ha visto acompañada de los correspondientes cambios políticos y administrativos. Las reformas educativas han arrojado resultados confusos que necesariamente llevan a cuestionar las opciones de políticas adoptadas. En muchos casos, los esfuerzos realizados no han servido para garantizar un desarrollo educativo sostenido y, en la práctica, las realidades educativas han probado ser duros de transformar.

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