En la actualidad, continúa el debate sobre cuáles son las nuevas necesidades educativas procedentes de la sociedad de la información y la comunicación. Se esbozan diferentes preguntas, donde la respuesta exige un análisis reflexivo sobre qué significa aprender, qué se debe hacer para aprender y, sobre todo, que hay que innovar para ayudar a aprender. Desde este aspecto el conocimiento de los estilos de aprendizaje adquiere un renovado interés ya que ayuda a comprender las diferentes formas de conocer, conceptuar, sentir y actuar que individualizan el aprendizaje de nuestros estudiantes. 

Las personas se distinguen en la forma de percibir, pensar, procesar la información, sentir y comportarse. En las aulas de clases estos hechos son evidentes poniéndose de manifiesto que las diferencias de estilo afectan a muchos aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje y a la toma de decisiones académica y profesional. 
Para el autor Wakefield, se pueden destacar dos grandes avances en la investigación realizada sobre los estilos de enseñanza y aprendizaje. Por un lado, el diseño de instrumentos para la evaluación de las diferencias estilísticas de estudiantes y profesorado. Por otro, el estudio de la importancia de establecer una correspondencia entre la enseñanza y el estilo individual del alumnado. Fruto de estas investigaciones es la vinculación entre el logro académico y la correspondencia de estilos de aprendizaje y de enseñanza. 
La certeza de que existe una relación entre el logro académico y los estilos de aprendizaje ha fundamentado la idea de que cada estudiante aprende de una forma diferente, que el logro del estudiante está unido a su forma específica de aprender, que cuando los estudiantes aprenden teniendo en cuenta su propio estilo de aprendizaje, su rendimiento es más eficaz y, finalmente, que las formas sistemáticas de identificar las preferencias para aprender y las sugerencias para enseñar a los estudiantes con estilos de aprendizaje diversos, pueden desarrollarse según un diagnóstico individualizado. La identificación de los modos de procesar la información, así como de aprender, determinan la eficacia de la tarea docente y los resultados de los estudiantes. 
En el proceso de enseñanza-aprendizaje exploramos diferencias no sólo en lo que se aprende, sino también, en el cómo se aprende. Algunos ejemplos serian: los estudiantes reflexivos son lentos para responder a preguntas, necesitan pensar una respuesta con cuidado; los impulsivos responden con rapidez revelando lo que piensan. Quienes aprenden poco a poco, avanzan sobre seguro, mientras que las personas intuitivas dan saltos mostrándose impacientes por averiguar nuevas cosas. 
Existen cuatro funciones, que todas las personas realizan cuando interactúan en una situación, persona, información o idea. Observan, Piensan, Reaccionan y Actúan. Estas funciones básicas determinan cuatro relaciones: 
  1. El estilo está relacionado con la cognición, ya que percibimos y adquirimos el conocimiento de forma diferente.
  2. El estilo está relacionado con la formación de conceptos, puesto que formamos ideas y pensamos de forma diferente. 
  3. El estilo está relacionado con el afecto y los sentimientos, pues las personas sienten y forman valores de manera distinta. 
  4. El estilo está relacionado con el comportamiento, porque actuamos de manera diversa. 

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