El éxito y el fracaso escolar establecen realmente, una dificultad de sorprendente importancia dentro del sistema educativo de enseñanza actual. El fracaso escolar, calificado en un principio como un fenómeno educativo sin consecuencias sociales relevantes, que se aplica cada vez más como un problema social alarmante, a partir del momento en que la escolarización se extiende como obligatoria para todos. De acuerdo con el autor Charlot, el fracaso escolar engendra el fracaso social, es decir, la vida precaria, la marginación, la dependencia de mecanismos de asistencia social. 

El éxito y el fracaso son dos caras de la misma moneda. Son algo relativo y, contrariamente a lo que normalmente se piensa, dependen, en gran parte, de uno mismo, de nuestros objetivos y expectativas, de nuestras ambiciones y motivaciones. Cuando una actividad termina bien, decimos que tiene éxito, cuando acaba mal, decimos que es un fracaso. Estamos acostumbrados a reconocer el éxito en personas famosas: cantantes, artistas, banqueros conocidos, deportistas, entre otros. Confundimos la fama con el éxito. 
Para que una persona sienta el éxito en cualquier faceta de su vida personal, de relación, profesional, por nombrar algunos. Deben darse dos escenarios.
  1. La satisfacción propia.
  2. El reconocimiento por parte de los demás, sobre todo de las personas queridas y valoradas. 
Las personas somos seres sociales y, para nuestro propio crecimiento, necesitamos la aprobación y el reconocimiento de los demás para sentirnos realmente personas con éxito. La autoestima está estrechamente unida a la experiencia de éxito. El Diccionario de las Ciencias de la Educación, destaca entre los factores que el propio educando precisa para lograr el éxito el de su interés o inclinación hacia los objetivos propuestos. 
La labor fundamental del docente será, despertar tal interés mediante la oportuna motivación, entendida ésta como el arte de estimular el interés de los estudiantes, por aquello en que aún no están interesados, en definitiva, la motivación ha de crear en el educando sentimientos de necesidad que determinen impulsos orientados hacia la consecución de objetivos acomodados a sus posibilidades. 
Por tanto, el fracaso escolar no es simplemente un fenómeno que refleja las diferencias de rendimiento entre el estudiante y los valores que la institución educativa va transmitiendo de manera implícita a través de lo que se ha venido a denominar currículum oculto. Además, cabe mencionar que el fracaso escolar puede afectar a cualquier persona en un sentido amplio, sin que se pueda definir una vinculación directa entre colectivos y riesgo de fracaso. Asociar el fracaso escolar a determinados colectivos es una forma de estigmatizarlos que consideramos inadecuada.

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