Cuando observamos, cómo crece la complejidad de las organizaciones educativas, el personal que la conforma debe tratar de obtener nuevos conocimientos y habilidades para mantenerse productivos en la vida laboral y para contribuir continuamente a la ventaja competitiva de la firma. Los dos aspectos más importantes que determinan el éxito o el fracaso de una organización son las necesidades de los empleados y la necesidad de la firma de tener productividad y éxito estratégico.

Por nombrar algunos ejemplos, serian: satisfacción laboral, reto laboral, salario y premios adecuados, y condiciones de trabajo seguras. Realmente, las organizaciones educativas buscan la mayor eficacia operativa o la producción óptima de bienes y de servicios con el mínimo gasto de recursos. Los planteles bien dirigidos equilibran constantemente las necesidades de los empleados y la eficacia operativa, ya que esto ayuda a mantener la ventaja competitiva, una tasa de rendimiento que excede el promedio de la industria. Para llegar a ser un gerente o directivo versátil, se debe desarrollar una comprensión objetiva de cómo el personal de su organización puede producir una ventaja competitiva sostenible.

La filosofía de gestión de la fuerza laboral, estaría incompleta si no se incluyera el conocimiento de cómo se le podría dar más sentido al trabajo y cómo se lo podría hacer más estimulante. Para ello, se debe reconocer y aceptar la función esencial que juega el trabajo en su vida y en las vidas de sus colegas y subordinados. Reconocer y valorar la función esencial que juega el trabajo en su propia vida lo llevará naturalmente a respetar a sus colegas y subordinados como seres humanos valiosos y productivos. En el rol de Gerente o Directivo Escolar, el acto de respetar a sus empleados en las situaciones cotidianas del trabajo crea lealtad y compromiso por parte de los docentes, y el origen de una ventaja competitiva sostenible. 
Lo primero que se debe resaltar, es que la conducta humana está orientada a alcanzar unos objetivos, de esta forma se podrá comprender mejor los factores que favorecerán la motivación en el trabajo; es decir, el trabajador que esté motivado aportará todos sus esfuerzos en alcanzar los objetivos de la institución, ya que los objetivos empresariales habrán pasado a formar parte de sus propios objetivos. Las motivaciones son muy diversas, existen tantas motivaciones como personas o situaciones concretas. 
La motivación de un docente puede ir desde obtener una retribución económica para cubrir sus necesidades básicas y las de las personas que puedan estar a su cargo, hasta la búsqueda del reconocimiento y prestigio social. Además, los elementos motivadores de los educadores van evolucionando a lo largo del tiempo, cubriendo sus necesidades y deseos. Para motivar a los docentes habrá que tener en cuenta sus características personales como su escala de valores, su nivel cultural, la situación económica del entorno en el que vive o los objetivos o metas que está interesado conseguir mediante el desarrollo de su trabajo. 
Evidentemente, las metas u objetivos de un educador en un país desarrollado son radicalmente diferentes a las de un docente en un país en vías de desarrollo. La personalidad y las necesidades de los educandos son los principales factores que los directivos deben valorar para conseguir garantizar la motivación de sus trabajadores.
Podemos concretar que, para los educadores, las principales fuentes de motivación externa son las siguientes:
1. La retribución económica. Aunque, en ocasiones, a medida que un educador va elevando su estatus económico comienza a disminuir la importancia que le da al dinero. Por lo que podemos afirmar que el dinero no va a motivar de igual manera a un trabajador que tenga sus necesidades básicas o primarias. 
2. El reconocimiento dentro de la institución educativa. Un reconocimiento continuo al docente podrá dejar de ser motivador, el reconocimiento deberá ser proporcional al trabajo que se desarrolle. 
3. La responsabilidad sobre el trabajo. Deberá corresponder con la formación y las capacidades que el educador posea. 
4. El reconocimiento social. Es una gran fuente de motivación, y en ocasiones una fuente de motivación superior al dinero, que el desarrollo de un trabajo sea valorado y reconocido por la sociedad.

En síntesis, la gestión educativa, está conformada por un conjunto de procesos organizados que permiten que una institución educativa logre sus objetivos y metas. Una gestión apropiada, pasa por momentos de diagnóstico, planeación, ejecución, seguimiento y evaluación que se nutren entre sí y conducen a la obtención de los resultados definidos por los equipos directivos. 
Una buena gestión es la clave para que lo que haga cada integrante de una institución tenga sentido y pertenencia dentro de un proyecto que es de todos. Es decir, es fundamental lograr que todos los involucrados «remen hacia el mismo lado» para lograr lo que se desea, y mejorar permanentemente. De ahí la importancia de tener en cuenta los cuatro ámbitos de la gestión educativa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *