La palabra violencia proviene del latín (vis = fuerza), y es la fuerza que se ejerce en contra de otra u otras personas. Estas acciones deliberadas orientadas a dañar al prójimo admiten sucesión. En el ámbito escolar, podemos encontrarnos agresiones físicas a compañeros, como a docentes, y estas varían en intensidad, por nombrar algunos ejemplos: robos, deterioro intencionado de material, insultos, burlas, amenazas, entre otros. Éstas serían algunas exposiciones de la violencia física o psicológica que más se repite en las instituciones educativas. 

Existen algunos casos, en los que la situación se vuelve inadmisible y algunos educadores y estudiantes temen ir a las aulas educativas. Pero, ¿A qué se debe la violencia escolar? Este problema acata a un conjunto de factores. Por un lado, se debe que tener presente que la institución educativa ha experimentado grandes cambios con el aumento del término de la enseñanza. 
Al analizar las causas de la agresividad, podemos distinguir que se debate entre factores exógenos (contexto social, características familiares y medios de comunicación) y factores endógenos (clima escolar, relaciones interpersonales y rasgos personales de los alumnos en conflicto). Realmente, este desequilibrio estructural actúa como un cultivo favorable para la inadaptación y las conductas antisociales. 
Aun cuando las instituciones contrarrestan los efectos negativos de estos ambientes de exclusión, poco puede hacer en solitario. Nadie pone en duda que la familia es la primera y más importante comunidad en la formación de la personalidad. Por eso, los problemas familiares tienen gran impacto en el desarrollo. 
Entre los factores que pueden aumentar la agresividad de estudiantes cabe enumerar: 
1. La desestructuración familiar, abandono de algún padre o falta de atención, 
2. Los malos tratos y la utilización de la violencia, ya que, el estudiante aprende a resolver los conflictos a través del daño físico o la agresión verbal, 
3. El ejemplo familiar tutelado por “la ley del más fuerte” y la falta de diálogo, 
4. Los métodos educativos fundados en la permisividad, la indiferencia o la excesiva punición, 
5. La ausencia de afecto entre cónyuges y la consiguiente inseguridad del educando. 

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