Los seres humanos fundan sus valores a través de la socialización. Y, ésta se presenta en dos fases de la vida: en el seno de la familia, y en la institución educativa. Una de las características de la socialización, es la carga afectiva con la que se trasfieren los contenidos y la identificación con el mundo tal y como lo presentan los adultos.

Asimismo, la creciente variedad de estructuras que adquieren las familias en la actualidad, ha llevado a que las prácticas cotidianas y los tipos de relaciones en las que interactúan sus miembros, se modifiquen drásticamente dando como resultado, por un lado, la inversión de valores que viven los hijos y, por otro lado, la poca destreza de los padres para educarlos en lo esencial. Debido a ello y al insuficiente tiempo con que muchos padres cuentan para atenderlos, se desconectan de la vida diaria de sus hijos, y para compensarlo, los llevan a colegios en los que confían la formación valoral de los pequeños a docentes que consideran competentes.
La dificultad no termina ahí, ya que existe un análisis entre lo que se enseña en la familia y lo que la institución educativa determina como valioso, esto representa para los estudiantes una contradicción entre lo que se afirma que es bueno en casa y lo que los docentes transmiten como valor; provocando en los educandos graves confusiones y una pérdida de autoridad de ambos educadores. Asociados a esta situación, existen otros agentes socializadores que en la actualidad cobran cada vez mayor importancia en la vida de los estudiantes. 
Estos agentes hacen referencia a la transmisión de valores que se produce en los diferentes ámbitos sociales en los que los pequeños interactúan, y que educan de acuerdo a sus valores: 
1. Una formación en las creencias que la familia sostiene acorde a sus creencias ideológicas y/o religiosas. 
2. Principios y conductas específicas que practican sus amigos.
3. La carga de valores y antivalores a los que se encuentran expuestos por largas horas a través de los medios de comunicación, en especial la televisión, la cual les “vende” sus propios “valores”. 
Otra de las dificultades que se percibe es la incoherencia en las conductas que muestran los modelos a seguir que con frecuencia carecen de consistencia con respecto a lo que enseñan. Esta incoherencia que perciben los estudiantes día a día en la actuación de dichos educadores no sólo los confunde, sino que esta pierde toda la fuerza que se requiere para vivir auténticamente una vida recta. 
La institución educativa se muestra como un lugar donde se abre la posibilidad de establecer relaciones con sujetos que tienen visiones diferentes del saber hacer cotidiano a partir de los códigos que han aprendido en sus casas. La institución educativa, se convierte en un lugar privilegiado donde se relacionan con diversos grupos con culturas propias, con formas particulares de valorar el mundo que les rodea y lo complementan con la forma particular que desarrolla en sus aulas para ampliar sus horizontes.

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