El uso de metodologías pedagógicas participantes o activas, se ha estimado como el único medio que puede facilitar mejores resultados para ayudar al estudiante a convertir en actos su propio aprendizaje; capacitándolo para que pueda asumir una mayor responsabilidad, creatividad, criticidad y compromiso, no solo a nivel intelectual o cognoscitivo, sino también, en el progreso de sus relaciones interpersonales, para variar su posición como educando; es decir, no como un receptor, sino como emisor-receptor de su propio aprendizaje. En otras palabras, que el quehacer educativo se basa específicamente en el estudiante y no en el programa de estudios.

El autor Rogers considera, que la única relación posible y deseada entre el docente y el estudiante, debe ser una relación centrada en el auto- descubrimiento. En ella, el educador no es el que debe transmitir sus conocimientos sobre el educando, sino que debe ser este mismo quien debe descubrir por sí solo los conocimientos de los cuales él tiene necesidad e interés; y la sola intervención del educador será aquella mediante la cual cree las condiciones que hagan posible este tipo de aprendizaje. 
El autor Rogers sostiene, que una posición muy clara respecto a la enseñanza tradicional, en la cual, el educador imparte conocimientos al educando. Rechaza esta práctica y manifiesta que los frutos almacenados con este tipo de metodología pedagógica están muy lejos de ser los deseados e insiste en que los verdaderos conocimientos, no son ni pueden ser comunicables, que los únicos conocimientos verdaderos que adquirimos son aquellos, producto de nuestras propias experiencias, investigaciones y esfuerzo. 
El mismo autor afirma que la experiencia ajena solo debe servir de guía, debido a que el hombre no puede comprender y asimilar a fondo sino aquello que emana de su propio descubrimiento y experiencia. La relación pedagógica centrada en el docente y el estudiante es la más importante en el acto de instruir y que para que éste sea efectivo, ha de ser centrado a su vez en una verdadera comunicación, la cual a su vez posee cuatro características: 
1. La Autenticidad: La autenticidad conlleva y permite la unidad de la persona, redunda en un equilibrio mucho más durable y desde luego aparece la ambivalencia. Solo este aspecto considera esencia el que nos aceptemos tal y como somos realmente; es decir, reconocernos sin juzgar nuestros sentimientos.
2. La Congruencia: Congruencia de la persona consigo misma como resultado de la autenticidad, quien no es auténtico consigo no podrá ser congruente ni poseer el equilibrio interno necesario para vivir sin necesidad de mecanismos de defensa entre su yo-ideal y su yo-real.
3. La Atención Positiva e Incondicional: La atención positiva e incondicional del docente con sus estudiantes, está en relación directa con las características anteriores. Una persona auténtica, congruente, tiene más posibilidades de darse y aceptar a los otros tal cual son, sin que existan juicios de valor que entorpezcan esta relación. Es, en pocas palabras, abstenerse de todos los juicios a priori o no de que podamos investirnos en relación con otras personas, y sus actos, en definitiva, el respeto que nace en mí para el otro, en tanto que ser humano diferente a mí mismo.
4. La Empatía: Una relación que conlleva autenticidad, congruencia y atención positiva e incondicional nos lleva a una relación positiva, más que a una relación racional e inconsciente. Así pues, la relación empática viene en nuestro concepto no tanto a ser una característica más, sino, el resultado de las anteriores, en tanto que conlleva a comprender “el otro”, a saber, excluir toda tentativa de análisis o de juicio sobre él o sus acciones, es un dejarse ir en la comprensión de las acciones del otro sin ir o buscar más allá de éstas, es un saber comprender y sentir aquella situación del otro con el otro, pero sin perder nuestro yo. En esta relación pedagógica no será el buscar cuál es la significación, tal o cual actitud, sino, cuál es la significación que él le ha dado.
En síntesis, el autor Rogers define la relación pedagógica no directiva como la práctica de una actitud permanente de comprensión, gracias a la creación de un clima de relaciones auténticas, a un saber aceptar las ideas de los otros en el momento en que se producen, adoptando sus cuatro principios.

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