LA PROACTIVIDAD EN LA DOCENCIA

En la actualidad, los docentes inician su actividad profesional con la predisposición a resolver las dificultades por imitación a los educadores que se encuentran en su entorno, es decir, aprenden de los compañeros de trabajo con experiencia. Se puede afirmar que la mayoría de los docentes en sus aulas, continúan haciendo lo que han hecho persistentemente y las nuevas generaciones de egresados para ejercer la docencia no dan signos de tener competencias para incorporarse al reto de enseñar en el marco de una nueva realidad social y cultural que es denominado, fenómeno de la globalización. 

Este nuevo perfil educativo, lleva a la necesidad de plantear otro marco de conocimiento, otras bases epistemológicas para la formación inicial de un docente proactivo con una fuerte dimensión globalizadora, capaz de ejercer su acción pedagógica en los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo. 
De acuerdo con el autor Gimeno, quien expresa que la “Proactividad” es una actividad destinada a estudiar y poner en marcha planes destinados a anticiparse a las necesidades futuras, sometiendo constantemente a estos planes a un análisis crítico riguroso, de modo que permitan abortar cuanto antes aquellas acciones emprendidas que se demuestren que no llevan a ninguna parte. 
No obstante, la Proactividad es una actitud en la que el sujeto asume el pleno control de su conducta vital de modo activo, lo que implica la toma de iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias de la vida. El concepto opuesto es el de reactividad, o tomar una actitud pasiva y ser sujeto de las circunstancias y, por ende, de los problemas. 
En síntesis, podemos decir, que no es operativo en la docencia quedarse anclado en un sistema tradicional, si lo que realmente se desea es mejorar el logro educativo. No se debe engañar el docente, atribuyendo la responsabilidad de los problemas únicamente a los agentes externos o a la presión del medio. Porque, cada protagonista del proceso de aprendizaje-enseñanza tiene la responsabilidad de escoger sus propias respuestas ante lo que nos ocurre y de dirigir la acción de una manera inteligente.
Para obtener experiencias exitosas en las instituciones educativas es preciso convertirse en un agente activo de cambio, tener iniciativa y saber hacer frente a la incertidumbre. La persona proactiva, no espera a que los demás tomen decisiones por ella, actúa con determinación anticipándose a los problemas, baja a terrenos operativos y crea constantemente nuevas oportunidades. 
El comportamiento proactivo está orientado a resultados. Ser proactivo no consiste únicamente en proponer ideas o hacer reestructuraciones cognitivas para percibir la realidad de otra manera. Pensar en el cambio está muy bien, pero no es suficiente; hay que ser capaz de transformar las ideas en acciones para obtener resultados.