La proactividad es una condición personal, que nos impulsa a tomar decisiones e iniciativas y a responsabilizarnos de sus resultados. Se trata de decidir, en cada momento qué deseamos hacer y cómo vamos a actuar. Al mejorar el ambiente del aula, el procedimiento facilita que los estudiantes adquieran con mayor rendimiento aprendizajes no solo relacionados con los contenidos de las materias, sino también con la convivencia y con las relaciones personales.

El carácter proactivo de la normativa nos permite acompañar al educando en el aprendizaje de la convivencia; que es educativo, además, porque trabaja distintos aspectos de la educación integral que permiten el desarrollo de diferentes competencias:

1. Enseñar a pensar sobre las conductas, sus causas, consecuencias, alternativas, soluciones a problemas.
2. Aprender a regular las emociones que generan los conflictos, controlando respuestas impulsivas o agresivas, fomentando la empatía, gestionando el aburrimiento o desarrollando la paciencia, por poner algunos ejemplos. 
3. Educar en valores como el de la libertad unida a la responsabilidad, la actitud crítica, el respeto, la colaboración, el esfuerzo.
4. Desarrollar habilidades socio-comunicativas positivas como la escucha y la comunicación no violenta, para llegar a acuerdos y compromisos.
Además de ser proactivo y educativo, esto tiene un valor importante en la prevención de conflictos, que se concreta en características como las siguientes:
1. Es inclusiva porque todas las personas tienen oportunidad de aprender a convivir sin que se las excluya. 
2. Es concreta las conductas no deseadas con claridad. 
3. La concreción y la claridad en el saber qué vamos a hacer en caso de que algo no funcione aporta seguridad al docente.

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