La representación del docente, es fundamental en el aula de clases y en el proceso educativo en general. En ocasiones, es una fuente de información que cede y comparte lo que sabe, a veces, es un mediador que refuerza al estudiante para que encuentre y construya su propio conocimiento. Pero más allá, de los antecedentes que circulan entre docente, texto y educandos, el educador es una esencia con actitudes, normas, creencias y valores tanto derivados de su personal formación, como de la institución a la que representa. Es decir, exhibe ante sus estudiantes un discurso que puede pretender o no, transmitir.
Ese proceso de enseñanza-aprendizaje, que puede ser consciente o inconsciente, se lleva a cabo mediante el ejemplo, la exigencia, la inspiración, el convencimiento o algunas otras formas, y en mucho depende de la manera utilizada el hecho de que el estudiante llegue a imitar, acatar, acceder o convencerse de hacer suyo esa alocución, ese conjunto de actitudes, normas, creencias y valores.
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