El aplicar el diálogo, como un método de enseñanza y de aprendizaje tiene una amplia extensión en las variantes educativas y didácticas actuales. Se ha comprobado la importancia de estimular la comunicación entre los estudiantes, y expandir el diálogo en el aula de clases a nuevas formas que no se limiten al conocido como diálogo pedagógico docente-estudiante, sino que abarquen la participación de los educandos, ya sea como grupo en su totalidad o en subgrupos más pequeños para propiciar la discusión, el intercambio de opiniones y experiencias acerca de temas de estudio y de interés general. 

El diálogo representa una de las vías para la participación escolar, la que resulta imprescindible cuando se busca un aprendizaje significativo y de calidad. Algunos enfoques como el de aprendizaje cooperativo, las posiciones socio constructivistas, el paradigma crítico reflexivo, entre otros materializan estos presupuestos. 
Se han exhibido algunas reflexiones en relación con los impactos del diálogo en la estimulación de procesos que intervienen en el buen desenvolvimiento del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es el habla el proceso que, jerarquiza el conjunto de mediadores que facilitan las relaciones interpersonales e intrapersonales. A través de él el hombre se comunica utilizando códigos y símbolos que, precisamente, les permiten transmitir información, ofrecer sus puntos de vista, sus ideas; en pocas palabras, traducir al exterior su pensamiento. 
El lenguaje posibilita regular el proceso interactivo, controlarlo y dirigirlo; incluso la vida afectiva de los individuos puede expresarse de algún modo a través de las palabras. Nuestro propósito para esta parte del trabajo, lejos de convertirlo en un análisis del lenguaje, es sencillamente tratar una de sus formas comunicativas e interactivas que diariamente usamos. 
El uso del lenguaje permite la adquisición de un conjunto de recursos lingüísticos que favorecen a su vez, la organización y elaboración del pensamiento y su expresión mucho más rica. Además, una comunicación dinámica como la que necesitamos en la vida de nuestras aulas y para nuestro trabajo, se logra por medio del habla, de la interacción verbal y especialmente a través del diálogo. Es de esta manera, que el diálogo se convierte en una estrategia de trabajo esencial, una vez que es comprendida su relación con el pensamiento y la de ambos con la creatividad. 
Su utilización más amplia dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje encamina a una concepción tradicional y errónea de la relación entre educador y estudiantes y de la forma en que estos últimos deben comportarse durante las clases, que ha sido asumida por épocas interminables en nuestras formas educativas y en la educación mundial, en general. Se trata de una imagen de la clase en la que sólo el maestro puede y debe hablar, donde los estudiantes escuchan, y opinan o preguntan ocasionalmente. Concepción que limita la comunicación desde el momento en que se ubican los estudiantes, dándose las espaldas e impidiendo la interacción cara a cara. Es un espacio donde predomina el diálogo docente-estudiante, pero pocas veces aparece el diálogo grupal.
En síntesis, el diálogo es instrumentado en su forma más explícita, que funciona en el lenguaje externo. Se trata, de la discusión abierta, vivencial, donde se refleja la concepción vigotskiana de una sucesión bastante rápida de acciones y reacciones por parte de los interlocutores; es decir, en esta variante los educandos participan de una discusión o intercambio de ideas imprevisible, o sea no previsto de antemano, en la que exponen sus ideas, criterios u opiniones en relación con diversas temáticas.

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