Actualmente, los docentes que trabaja frente a grupo en un aula de clases, y tienen interés en realizar sus funciones educativas con eficacia, han demostrado tener conocimientos sobre los problemas de las adicciones dentro de las instituciones educativas. Sin embargo, es probable que esa información le hayan generado confusiones sobre las acciones que le corresponden como participante de un programa preventivo. 

Existen perspectivas divergentes en la documentación que se les presentan, tales como: manuales, folletos, trípticos, libros, programas, entre otros. Además, existen varios países que han establecido sus propias informaciones. En estos esfuerzos preventivos se le pide al educador que sea facilitador, conductor, aplicador, capacitador o conferencista, y se le asignan labores para las que no ha sido preparado, o bien que lo obligarían a llevar a cabo un curso completo, largo y exigente. Su evidente confusión es resultado de la influencia de diferentes factores, entre los que destacan de manera especial: 
a) Los programas que se basan en enfoques distintos y a veces contradictorios, 
b) La información que recibe el docente es diversa, carente de uniformidad y también contradictoria. 
De acuerdo a las orientaciones, al comparar algunos programas para comprobar la incompatibilidad entre sus orientaciones. Desde aquel que basa sus objetivos y metas en la necesidad de que el docente y los padres de familia conozcan sobre las drogas y sus efectos en el organismo y el psiquismo, hasta otro, muy distinto, que propone lo contrario: no hablar de las drogas, ya que lo efectivo es reforzar los valores universales, la unión familiar. 
En la práctica, basta con analizar los materiales publicados por diversas instancias para evidenciar la falta de correspondencia, aun en las definiciones elementales, como las de droga, adicción, farmaco-dependencia, psicofármaco, entre otros. Se habla de un asunto de vital importancia. No se puede esperar mucho éxito de un programa nacional o estatal que difunde información que induce a error, ya sea porque su contenido está equivocado o porque se utilizan versiones de conceptos y definiciones básicos incompatibles entre sí. 
Resumiendo, podemos decir que los docentes y los padres de familia frecuentemente reciben información inadecuada. El problema se vuelve aún más complejo cuando la capacitación que se proporciona contiene discrepancias mayores, que tocan el fondo de asuntos trascendentes. Nos referimos a hechos concretos comprobables, cuando se comparan manuales y materiales educativos de procedencias distintas. 

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