
La lateralidad es un predominio motor relacionado con las partes del cuerpo, con mayor frecuencia se hace referencia al predomino de una mano sobre la otra, por ser lo más notorio, pero se deben tener en cuenta también las extremidades inferiores y los órganos sensoriales de la vista y el oído. Es la función que hace posible la orientación en el tiempo y en el espacio y a su vez permite percibir y operar los códigos escritos que son las letras y números, porque sin coordenadas bien definidas no se podría orientar los símbolos cuyo significado depende de la forma que tienen y el lugar que ocupan en el tiempo y en el espacio, dando lugar a confusiones como, por ejemplo: “25 por 52” y “la por al”.
En cuanto a la participación del cerebro, se sabe que en el estudiante diestro, el hemisferio izquierdo es el dominante, y en el caso de los zurdos, es el derecho. Cada uno, zurdos y derechos, tienen una disposición cerebral diferente. Esto significa que tienden a dar mayor dominio a esa parte del cuerpo en comparación con la otra. La lateralidad se va desarrollando siguiendo un proceso que pasa por tres fases:
1. Fase de identificación, de diferenciación clara (0-2 años)
2. Fase de alternancia, de definición por contraste de rendimientos (2-4 años).
3. Fase de automatización, de preferencia instrumental (4-7 años).
No obstante, el desarrollo evolutivo es alrededor de los 4 años cuando se establece la preferencia sobre una u otra mano, pero será alrededor de los 6 u 8 años aproximadamente cuando se sabrá definitivamente si el educando es diestro o zurdo. El Sistema Nervioso necesita funcionar como un sistema jerárquico en el que cada parte tiene su labor y en el que todas las partes trabajan juntas aportando cada una su función para obtener resultados eficaces con un mínimo esfuerzo. Esto es necesario para que el Sistema Nervioso pueda procesar todos los estímulos que le llegan de forma constante.
En síntesis, los estudiantes zurdos se ven afectados en su gran mayoría en su estado emocional, debido a que deben aprender a adaptarse a un entorno diseñado para diestros. Las actividades que para los niños diestros no suponen un esfuerzo especial como cortar siguiendo una línea de puntos o aprender a escribir, tienen un grado de dificultad incrementada para los zurdos. Estos pequeños problemas cotidianos pueden generar ansiedad o incluso falta de confianza en los educandos, cuando por su edad no son capaces de reconocer la verdadera causa de su torpeza; además para un estudiante trabajar con una herramienta para diestros causará frustración por la incomodidad que ello implica.