✍ ¿LA ACEPTACIÓN DE LOS DOCENTES, ES LA MEJOR RUTA PARA EL PROCESO EDUCATIVO ACTUAL? | DOCENTES 2.0

La necesidad de aceptación como requisito previo para el cambio se ha vuelto casi axiomático en el ámbito educativo. No obstante, podemos reflexionar que existen ideas o estrategias más poderosas para generar compromiso y promover una mejora escolar duradera. Al pensar, el peso otorgado a la aceptación de los docentes en los últimos años. Muchos atribuyen la controversia que rodea la implementación de los estándares, como resultado directo de su ausencia. La aceptación de los docentes se postula como un ingrediente clave para el éxito en el sitio de programas específicos como intervenciones y apoyo para el comportamiento positivo e iniciativas de aprendizaje socioemocional en general. Se cree que la participación se sienta para la mejora escolar: con ella, el progreso hacia adelante es posible; sin ella, el movimiento se detiene.

Pero ¿la aceptación de los docentes, es la mejor ruta para el proceso educativo actual? Con la pandemia de COVID-19 se destacó cómo es posible un cambio sustancial sin involucrarse en el difícil y largo proceso de obtener la aceptación de los educadores. En un tiempo relativamente corto, se produjo un cambio educativo masivo, ya que los docentes pasaron de las presentaciones en clase a varias formas de enseñanza remota. Los docentes sin duda encontraron dificultades durante esa transición, pero nadie puede negar que la gran mayoría se adaptó a las circunstancias aun cuando uno de los componentes fundamentales de la escolarización, el aula tradicional, se transformó casi de la noche a la mañana. La pandemia también cambió drásticamente la forma en que los educadores usan las nuevas tecnologías.

Por supuesto, el apoyo de los docentes a cualquier iniciativa es ideal, pero la aceptación, tal como se entiende en las instituciones educativas, es muy compleja y, a menudo, no es factible. Cuando reflexionamos que se requiere la participación de los docentes para el éxito de una nueva iniciativa, muchos imaginan la participación de los docentes en el desarrollo de un programa o política en particular, un compromiso observable para implementar la propuesta con fidelidad y un alto grado de comodidad con esa decisión (Lee y Min, 2017). Para muchos docentes, sin embargo, el tener tiempo para una contemplación tan profunda de los problemas que enfrentan sus aulas, es muy difícil. Como señala el autor Belli (2016) “los docentes están increíblemente ocupados… por lo general, intentan hacer tres o cuatro cosas diferentes a la vez».

En síntesis, la aceptación a menudo requiere una negociación, un proceso que puede resultar en una propuesta aceptada que se aleja mucho de su visión original. Los docentes reacios, los «resistentes», son vistos como oponentes a los que se debe atraer para que participen, y el proceso puede resultar en una multitud de compromisos y demoras. Esta dinámica crea una relación transaccional entre líderes y seguidores, que con frecuencia se basa en recompensas y sanciones en lugar de una visión compartida del crecimiento de los estudiantes y el progreso de la comunidad escolar. Tal como lo señala el autor Reeves «si esperas a que las personas acepten, sean felices o cambien sus sistemas de creencias, el cambio nunca sucederá» (2006, p. 97).