LA IMPORTANCIA DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL AULA.

Hoy en día, Instruir la inteligencia emocional de los estudiantes se ha convertido en una labor necesaria en el ámbito educativo y la mayoría de los docentes consideran fundamental el dominio de estas habilidades para el desarrollo evolutivo y socio-emocional de sus estudiantes. 

Actualmente, se ha defendido y desarrollado la importancia de desarrollar en el salón de clases las habilidades relacionadas con la inteligencia emocional en el ámbito educativo, algunos autores ha realizado una revisión de las medidas actuales de evaluación de la inteligencia emocional que son aplicables al aula y se ha llevado a cabo una recopilación de los principales hallazgos científicos que vinculan una adecuada inteligencia emocional con mejores niveles de ajuste psicológico. Sin embargo, a veces se piensa de forma errónea que las competencias afectivas y emocionales no son imprescindibles en el docente.
A continuación, analizaremos algunos antecedentes que demuestran que la inteligencia emocional es un conjunto de habilidades que el docente debería aprender por dos razones: 
  1. Porque las aulas son el piloto de aprendizaje socio-emocional adulto de mayor impacto para los estudiantes.
  2. Porque la investigación está demostrando que unos adecuados, los niveles de inteligencia emocional ayudan a afrontar con mayor éxito las fracasos cotidianos y el estrés laboral al que se enfrentan los docentes en el contexto educativo.
Una de las razones por la que el docente debería poseer ciertas habilidades emocionales tiene un evidente aspecto altruista y una finalidad claramente educativa. Para que el estudiante aprenda y desarrolle las habilidades emocionales y afectivas relacionadas con el uso inteligente de sus emociones necesita de un “educador emocional”. El estudiante pasa en las aulas gran parte de su infancia y adolescencia, periodos en los que se produce principalmente el desarrollo emocional de la persona, de forma que el entorno escolar se configura como un espacio privilegiado de socialización emocional y el docente se convierte en su referente más importante en cuanto actitudes, comportamientos, emociones y sentimientos. 
El docente, es un agente activo de desarrollo afectivo y debería hacer un uso consciente de estas habilidades en su trabajo. Los docentes son un modelo adulto a seguir por sus estudiantes en tanto son la figura que posee el conocimiento, pero también la forma ideal de ver, razonar y reaccionar ante la vida. El docente, sobre todo en los ciclos de enseñanza primaria, llegará a asumir para el estudiante el rol de padre-madre y será un modelo de inteligencia emocional insustituible. 
Junto con la enseñanza de conocimientos teóricos y valores cívicos al docente le corresponde otra faceta igual de importante: moldear y ajustar en clase el perfil afectivo y emocional de sus estudiantes. De forma casi invisible, la práctica docente de cualquier docente implica actividades como:
  1. La estimulación afectiva y la expresión regulada de los sentimientos positivos y, más difíciles aún, de las emociones negativas.
  2. La creación de ambientes que desarrollen las capacidades socio-emocionales y la solución de conflictos interpersonales.
  3. La exhibición a experiencias que puedan resolverse mediante estrategias emocionales;
  4. La enseñanza de habilidades empáticas mostrando a los estudiantes cómo prestar atención y saber escuchar y comprender los puntos de vista de los demás.
Además, tampoco podemos dejar toda la responsabilidad del desarrollo socio-afectivo del estudiante en manos de los docentes, especialmente cuando la familia es un modelo emocional básico y conforma el primer espacio de socialización y educación emocional del niño. Incluso, cuando el
Docente se encuentra sensibilizado a la necesidad de trabajar la educación emocional en el aula, en la mayoría de las ocasiones los docentes no disponen de la formación adecuada, ni de los medios suficientes para desarrollar esta labor y sus esfuerzos con frecuencia se centran en el diálogo moralizante ante el cual el estudiante responde con una actitud pasiva. Por esta razón, padres y docentes deben complementarse en estas tareas y, de forma conjunta, proporcionar oportunidades para mejorar el perfil emocional del estudiante. Los padres en la relación con sus hijos deben adoptar lo que se conoce como un estilo educativo democrático en contraposición a otros menos beneficiosos como son el estilo autoritario, permisivo o de no-implicación. 
El estilo democrático requiere por parte de los padres una exigencia pero también una receptividad. Por un lado deben exigir el cumplimiento de las demandas acordes a la madurez del estudiante, pero a la vez incentivar la toma de decisiones, mostrar cariño y escuchar las opiniones del niño y conocer sus gustos y preferencias. Esto implica participar de forma activa en el tiempo que pasan en casa con sus hijos, conocer el tipo de juegos que practican, los programas televisivos o vídeos que ven, aconsejar sobre los libros que podrían leer, saber los amigos con los que juegan o salen, interesarse por la música que escuchan, o supervisar el acceso a Internet. 
Este tipo de actividades construye la vida emocional del niño o adolescente y en muchas ocasiones, por diversos motivos, los padres son los grandes ausentes. En el aula, por su parte, los docentes determinan tareas de similar valor afectivo y emocional. Cada vez más la sociedad y las administraciones educativas son conscientes de la necesidad de un currículo específico que desarrolle contenidos emocionales. 
En definitiva, la educación emocional debería estar inserta en las distintas áreas curriculares, no en cuanto a su enseñanza-aprendizaje como contenido de cada área, sino cómo estilo educativo del docente que debe transmitir modelos emocionales adecuados en los momentos en los que docente y estudiante conviven en el aula.

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