LA REALIZACIÓN DEL POTENCIAL HUMANO EN LA EDUCACIÓN.

Para la educación, la significación de la realización del potencial humano tiene implicaciones de gran valor y alcance. Ésta favorece al desarrollo humano en todos sus términos y es condición indispensable para participar en la construcción colectiva de una vida más próspera y feliz para todas las personas. Es la educación precisamente la facultada de potenciar las disposiciones propias de cada cual aprovechando, a su favor, y también a favor de la sociedad, la diversidad de los dones adquiridos.

Durante los últimos años, se ha generado una amplia aceptación internacional acerca de la importancia que tiene la educación para el desarrollo humano. Se reconoce que la educación ayuda al desarrollo de las potencialidades de las personas y que forma al ser humano para realizar una actividad productiva; para participar activa y conscientemente en el mejoramiento de su entorno familiar, comunitario y social; para simpatizar en armonía con otras personas; y para incrementar la propensión a una vida sana, reduciendo la mortalidad y aumentando la esperanza y la calidad de vida. Así mismo, se plantea que la educación es un componente que influye en la reducción de la pobreza y la exclusión social, así como en la construcción de sociedades más democráticas, tolerantes, estables y pacíficas.
Se puede observar una relación directa entre el nivel y calidad de la educación, y el proyecto de vida de las personas. La población con un mínimo de doce años de estudios tiene mayor probabilidad de adherirse a una actividad productiva y a un salario digno, así como menores posibilidades de ser pobre. De este modo, mujeres y hombres estarán en mejores condiciones de comprender los mensajes de salud, vivir en ambientes adecuados, comprender sus derechos y deberes, y participar conscientemente en el desarrollo de su comunidad y del país. Aun cuando esta dependencia entre educación y desarrollo humano no es mecánica ni mágica, es importante reconocer el papel potenciador que tiene el factor educación, más que cualquier otro, en el empleo, el ingreso, el progreso, el bienestar común y la libertad ciudadana.
La educación universal es una término necesario para la plena realización de las personas y un pasaporte a otros niveles y modalidades de formación que contribuyen al aprendizaje de la cultura, la ciencia, la tecnología, y a la preservación de la salud, el medio ambiente y la nutrición.
Todas las investigaciones que se han realizado hasta el presente, sobre la infancia nos indican que los primeros años del ser humano constituyen una etapa de grandes cambios, los cuales ejercen una influencia decisiva y duradera en la vida adulta porque es en este período cuando se crean las bases del desarrollo de las capacidades de pensar, hablar, aprender, razonar, comunicarse y convivir con otras personas. En este período se definen también los fundamentos de los valores y las actitudes que definirán la personalidad de las personas en el futuro. En este sentido, las decisiones y opciones que, en materia de educación, salud y nutrición, se tomen en favor de la infancia, serán decisivas para sus vidas y para el porvenir del país.
Cuando hay grupos de estudiantes, que por razones económicas y sociales, no reciben oportunamente estos estímulos y condiciones, se atenta no sólo contra su calidad de vida, sino también contra el progreso del país en general.
Los países con mayores niveles de desarrollo humano son los que poseen también altos niveles de educación y han atendido de modo universal la educación de su población. En sentido contradictorio, los países y grupos más pobres son los que generalmente registran los mayores índices de analfabetismo y bajos estudios. La educación es la pedrusco angular para el desarrollo de habilidades cognoscitivas, lo cual conlleva a desarrollar en los individuos una abundancia crítica de conocimientos especializados que les permitirá ser parte de la era de las redes y del conocimiento.
Desde una representación cuantitativa, se puede confirmar que los cinco países que encabezan las naciones de más alto desarrollo humano son: Canadá, Noruega, Estados Unidos, Australia e Islandia, que tienen una tasa de alfabetización igual o superior al 99.0% y una tasa bruta de matriculación que oscila entre 100 % (Canadá) y 89% (Islandia). Por su lado, los países que ocupan los últimos lugares de desarrollo humano bajo son Etiopía, Burkina Faso, Níger y Sierra Leona, que tienen tasas de alfabetización que oscilan entre el 36.3% y el 14%, mientras que la tasa bruta de matriculación varía entre el 26% y el 15%.

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