La vocación docente ha estado firmemente a la enseñanza, y se ha considerado un arte. Estas ideas, que gozan de armonía desde hace mucho tiempo y que permanecen todavía en la mente de muchas personas, han evolucionado obligatoriamente con los cambios sociales. En el estudio de la vocación docente contra profesión docente se entremezclan dialécticamente elementos que han intervenido y están mediando en el quehacer profesional del docente: la tradición, las transformaciones sociales, los avances de la investigación y las necesidades del docente.

La personalidad del individuo es factor importante para determinar un estilo docente. Cuando cada docente desarrolla su programa y establece relaciones con los estudiantes, ocurre una igualdad consciente e inconsciente de todo cuanto conoce y sabe, desarrollando así un estilo propio de enseñanza. 
El conocimiento que el docente tenga de sí, de los estudiantes y de sus familias, influirá mucho en el estilo que éste determine para su práctica profesional. En este proceso de búsqueda se puede tomar como referencia el modelo de los docentes de formación profesional, pero el objetivo no es que lo repita, sino más bien que sea creativo en establecer su propio estilo teniendo en cuenta su personalidad y experiencia. 
Un buen docente tiene confianza en sí mismo y asume su responsabilidad con el mayor compromiso, lo que hace que su trabajo deje resultados significativos en el desarrollo de los estudiantes. Igualmente, un buen docente debe: 
  1. Sentirse aceptado y apreciado por los estudiantes, por sus padres y sus colegas.
  2. Disfrutar de la vida y promover el sentido del humor en los demás. 
  3. Tener confianza en las personas y creer tanto en los estudiantes como en sus padres. 
  4. Ser eficiente en el ajuste de la enseñanza. 
Este listado nos permite observar que el docente debe buscar alternativas que lleven a la obtención de exitosos resultados en la relación educativa, social y afectiva que quiere construir con el estudiante. Esta construcción puede darse de manera muy rápida o lenta, y es allí donde con paciencia y creatividad el docente usará su estilo personal de enseñanza que responda a las necesidades generales del grupo y de cada estudiante en particular. Por otra parte, el docente tiene que crear un ambiente de aprendizaje que facilite la innovación por parte de los estudiantes, y en últimas que este descubrimiento lo puedan expresar en sus propias palabras, es decir, llevar al estudiante a tomar la iniciativa en su propio aprendizaje.

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