El autor H. S. Sullivan define la expresión «persona significativa»: como la persona importante para el estudiante que tiene influencia en su desarrollo”. Y de acuerdo los autores Galbo, Demetrulias, “Es sobre todo a los padres a los que se considera como personas significativas, luego a otros miembros de la familia (abuelos, hermanos), y también a personas ajenas a la familia, a los docentes, los líderes de grupos religiosos o a los entrenadores”.

Este nombramiento se relaciona con los frutos en la enseñanza y con las personas que se encuentran durante la clase en el aula escolar. Los docentes son importantes no sólo en la enseñanza, sino también como personas que dan apoyo emocional y ayudan a resolver los problemas.

De acuerdo con M. Tatar quien afirma que el docente, para ser persona significativa frente al estudiante, tiene que caracterizarse por, al menos, algunos de los rasgos que los estudiantes aprecian en sus docentes. Los estudiantes esperan que los docentes sean justos, competentes y que presten ayuda. La relación entre el docente y el estudiante tiene que ser personal, para dar el máximo sentido de apoyo emocional. La comunicación tiene que ser profunda y tocar diferentes asuntos, el estudiante tiene que sentirse satisfecho de su relación con el docente. Los estudiantes desean ser tratados como contemporáneos; desean que se interese más por sus asuntos, opinan que la interacción debe ser más amistosa. Los estudiantes otorgan también mucha importancia a lo que los docentes esperan de ellos, aprecian el conocimiento y las aptitudes didácticas del docente, la capacidad de estimular el esfuerzo, de apoyar en el desarrollo intelectual y también la sensibilidad del docente hacia las necesidades de cada estudiante, valoran en él rasgos como la justicia, la competencia y la disposición para ayudar.

El autor M. Nowak, enfoca su atención a los cambios actuales en el entendimiento acerca de qué es lo esencial en las relaciones entre estudiante y docente. Los análisis de hasta ahora presentaban lo siguiente: los partidarios del diálogo arbitral, en el que el docente desempeñaba el papel de jefe, preguntaba y esperaba la respuesta, discutían con los partidarios del diálogo no-arbitrario, en el cual el docente y el estudiante son compañeros, y la última palabra la puede tener cualquiera de los dos, dependiendo de las circunstancias. Los que dan a conocer la educación autoritaria, donde el docente manda, y mediante castigos y premios ejecuta sus órdenes, chocan con los solidarios de la educación subjetiva, donde se respetan tanto el sentido del propio valor del estudiante como del docente, y el motivo para actuar no es el miedo frente al castigo, sino los motivos internos que surgen de aceptar unas normas, de tomar posiciones y del interés del estudiante.

Actualmente, el autor observa que ya no se exploran las relaciones entre estudiante y docente bajo este enfoque dicotómico, porque se dice que al desarrollo del estudiante favorecen tanto control y organización, así como apoyo y ayuda.

El autor propone un catálogo de atributos del docente para que el estudiante tenga en cuenta quien es la persona que le apoya:
  1. Son persona comprometida emocionalmente con su trabajo, esto se manifiesta en la satisfacción del contacto con los estudiantes y de estar con ellos.
  2. Es la persona capaz de sentir compasión, que sabe tratar varios temas, experiencias y las emociones de los estudiantes. 
  3. La comunicación entre el estudiante y el docente toma la forma de «sana» comunicación interpersonal, donde importa más la información que regresa. 
  4. Al docente le determinan la justicia interna y externa, es justo ante sí mismo y trata objetivamente de juzgar a otros. 
  5. Le caracteriza también un carácter agradable, que crea un ambiente de alegría, amabilidad, cordialidad y entendimiento. 
  6. Respeta igual las propiedades psicofísicas de los estudiantes, tomando en consideración que cada estudiante tiene un camino individual en su desarrollo. 
  7. Y, por último, al docente le caracteriza un profundo conocimiento y amplias capacidades.
Según M. Tyszkowa, la actitud del docente hacia estudiante depende, sobre todo, del progreso educativo del estudiante, del grado de acomodación, disciplina y su aspecto físico. De las investigaciones realizadas por la autora resulta que en el 70% de los casos, la relación de los docentes hacia los estudiantes flojos es claramente negativa o indiferente (p. 130). La autora, analizando esta situación tan pesimista, observa que el fracaso escolar del estudiante constituye al mismo tiempo el fracaso didáctico del docente. 

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