Cuando se habla de calidad en la educación, es indiscutible que la palabra evaluación es fundamental para acercarse a ella. “La calidad de la educación depende, en buena medida, de la rigurosidad de la evaluación y evaluar no siempre resulta fácil, pero es siempre ineludible” (Casanova, 1999). 

El rigor no debe entenderse como inflexibilidad o exigencia excesiva al momento de evaluar, es más bien una posición crítica y reflexiva frente al papel de la evaluación en los procesos educativos y específicamente, en la evaluación de los estudiantes, proceso confuso que implica una serie de factores que no sólo dependen de la propia actividad del docente, sino también de ciertos requerimientos de tipo institucional o curricular.
En la actualidad, por lo general, el proceso evaluativo establecido en las instituciones de educación superior responde a modelos de tipo cuantitativo que se diferencian de manera importante de los seguidos en la educación secundaria, los cuales responden a esquemas cualitativos. 
Según Crooks (1988), algunos efectos de la evaluación en los estudiantes son:
  1. Reaviva o consolida ciertas habilidades o conocimientos previos.
  2. Incita a las estrategias de aprendizaje.
  3. Beneficia a los estudiantes a monitorear su propio progreso y a desarrollar mecanismos de autoevaluación.
  4. Estimula un sentimiento de superación.
  5. Interviene en la selección y desarrollo de estrategias de aprendizaje y modelos de estudio.
  6. Influye en la habilidad de los estudiantes para retener y aplicar, en diversos contextos y de formas diferentes, el material aprendido.
  7. Motiva a progresar en áreas particulares y generales de conocimiento.
Las razones antes expuestas, son términos suficientes para valorar la importancia de los procesos evaluativos y su utilidad en los procesos de enseñanza y aprendizaje en la educación superior.
Realmente, si las pruebas de evaluación no son fuente de aprendizaje, resultan reducidas a la aplicación elemental de técnicas, minimizando u ocultando procesos complejos que se dan en la enseñanza y en el aprendizaje. La evaluación educativa debe tener un carácter claramente formativo para trascender lo instrumental y técnico, y debe regirse por ciertos principios que hagan de ésta una actividad coherente y le permitan tener un carácter sistémico y formativo, como son:
  1. Integridad: La evaluación no es un proceso aislado, es parte esencial del proceso educativo, por tanto, debe existir coherencia con los otros componentes curriculares que intervienen en el acto educativo.
  2. Continuidad: La evaluación debe ser continua a lo largo del proceso educativo. Exige un control y reorientación permanente del proceso y no se puede estimular u orientar el desarrollo de quienes participan si no se conoce el estado en el que se encuentran.
  3. Diferencialidad: Este principio reitera la necesidad de emplear diferentes fines o propósitos evaluativos, es decir, debe estar presente desde el inicio hasta el final del proceso de enseñanza y aprendizaje. 
  4. Educabilidad: Este principio busca que la evaluación de los aprendizajes promueva la formación del ser humano, al igual que el resto de los componentes del proceso educativo.
Como lo señala Bertoni, la evaluación, al igual que otros procesos educativos, involucra un proyecto. Una vez que se han considerado los principios, la fase siguiente es la elaboración de los diferentes instrumentos o actividades que serán utilizados para realizar la evaluación. En esta elaboración se deben considerar, los siguientes aspectos:
  1. Los conocimientos previos: Es importante conocer los conocimientos de los estudiantes para tomarlos en cuenta como puntos de partida de los aprendizajes y actividades que queremos desarrollar y promover.
  2. El propósito de la enseñanza: Detallar aquellos propósitos sujetos a evaluación que servirán de indicadores para reconocer el avance en el logro de los objetivos,
  3. Criterios de evaluación: Construir de manera clara, sencilla y coherente con los contenidos sujetos a evaluación. Estos criterios deben desprenderse de un consenso entre los docentes involucrados y ser del conocimiento de los estudiantes.
  4. El contenido de la enseñanza: Se trata de establecer los conceptos, habilidades y actitudes que los diversos temas permiten desarrollar; la evaluación reconocerá el nivel de apropiación y las condiciones de aprendizaje que promuevan mejores alternativas para el desarrollo de este proceso.

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