Al momento de reflexionar sobre como aprendemos, podemos observar las grandes diferencias que existen. Un ejemplo muy evidente son las aves, nacen con un conjunto de conocimientos que los humanos, tienen que adquirir. Las aves, saben instintivamente cómo construir sus casas. El hombre se debe ensenar como construir paredes y techos, o nos vemos obligados a contratar a alguien que lo haga por nosotros. Las aves no necesitan aprender cuándo deben volar hacia el sur y cuándo han llegado a su destino; nosotros debemos consultar el calendario y los mapas de carreteras para conseguir nuestro destino. Las aves saben de manera instintiva cómo cuidar de sus crías, mientras que nosotros requerimos acudir a clases de preparación al parto, leer libros sobre el cuidado de los niños y pedir ayuda para cambiar los pañales.

No obstante, somos los humanos y no las aves, quienes dominamos el mundo. Los seres humanos hemos aprendido a edificar casas cada vez más sólidas y cómodas, mientras que las aves todavía construyen los mismos nidos débiles en los que han estado viviendo durante miles de años.
Los humanos han desarrollado medios de transporte rápidos y fiables, mientras que las aves siguen teniendo que sacudir sus alas. Los humanos están aprendiendo cómo alimentar y cuidar de nosotros y de nuestros hijos cada vez mejor, de manera que cada generación se desarrolla más alta, más fuerte y más saludable que la anterior. Mientras tanto, las aves siguen comiendo la misma mazorca.
Con el ejemplo anterior, podemos apreciar que el proceso de aprendizaje permite a la especie humana tener un mayor grado de flexibilidad y adaptación que cualquier otra especie del planeta. Debido a que el contenido inconsciente de la conducta es tan pequeño, y es tanto lo que se debe aprender, que son capaces de obtener beneficio de la experiencia. Se reconoce qué acciones pueden provocar resultados interesantes y cuáles no, y modifican la conducta para conseguirlo. Como, además, todos estos aprendizajes son transferidos a los hijos, con la sabiduría alcanzada por los antepasados y por ellos mismos, cada generación es más capaz de actuar de manera inteligente. 
Como se puede observar, el aprendizaje es el medio el que no sólo se adquiere habilidades y conocimiento, sino también valores, actitudes y reacciones emocionales.
¿Pero qué significa la palabra aprendizaje? Los psicólogos definen y admiten el aprendizaje de manera diferente. Seguidamente, podemos observar dos definiciones que reflejan dos perspectivas comunes, pero bastante diferentes de lo que es el aprendizaje:
  1. El aprendizaje es un cambio relativamente permanente en la conducta como resultado de la experiencia.
  2. El aprendizaje es un cambio relativamente permanente en las asociaciones o representaciones mentales como resultado de la experiencia.
¿Qué tienen en común estas dos definiciones? 
Las dos describen el aprendizaje como un cambio relativamente permanente, un cambio que permanecerá durante cierto tiempo, aunque no necesariamente para siempre. Ambas atribuyen este cambio a la experiencia; en otras palabras, el aprendizaje tiene lugar como resultado de uno o más acontecimientos en la vida del aprendiz. Otros cambios, como los derivados por modificaciones derivadas de la maduración, daños orgánicos o estados temporales del organismo no pueden atribuirse a la experiencia, y por lo tanto no suponen un aprendizaje.
¿En qué difieren estas dos definiciones?

  1. La primera definición se refiere a un cambio en la conducta, un cambio externo que podemos observar y refleja la perspectiva de un grupo de teorías conocidas como conductismo. Las teorías conductistas se centran en el aprendizaje de conductas tangibles y observables, denominadas respuestas, tales como atarse los zapatos, resolver correctamente un problema aritmético o hacerse el enfermo para no ir al colegio.
  2. En cambio, la segunda definición se centra en un cambio en las representaciones o asociaciones mentales, un cambio interno que no podemos ver, lo que refleja la perspectiva de un grupo de teorías conocidas como cognitivismo. Las teorías cognitivas no se centran en la conducta sino en los procesos de pensamiento, implicados en el aprendizaje humano. Algunos ejemplos de tales procesos pueden ser: encontrar la relación entre la adición y la sustracción, utilizar trucos mnemotécnicos para recordar el vocabulario del examen de inglés o construir interpretaciones idiosincrásicas de obras clásicas de la literatura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *