LA LABOR DEL SISTEMA EDUCATIVO Y LA CALIDAD EDUCATIVA.

La labor del sistema educativo en el mundo actual es compleja, generalmente se habla de que presenta desequilibrios, que cuando se mantienen en el tiempo se agravan y se expresan en la crisis educativa. En el conocimiento de la teoría de los sistemas, el concepto de reforma es semejante al de mantenimiento (cambio y adaptación) permanente, porque de otro modo la estructura (el sistema) se anquilosa y pierde funcionalidad. 

En resultado, se reflexiona la calidad de la educación como aquella determinación de tendencia cuya medición revele el grado en que los medios conducen de manera más o menos rápida y directa hacia los objetivos. Los medios pueden cambiarse en la medida en que sean necesarios para el mejor logro de metas, objetivos y fines. El fin es visto como un valor en sí independiente de cualquier criterio de racionalidad. 
El proceso lógico que se trata de orientar para la actualidad, esta conforma por las siguientes razones: 
  1. Se caracteriza por la transformación en oposición a la conservación, esto implica elevar la calidad de la educación. 
  2. No se descarta el valor de las teorías ni de la memoria, pero se considera que resulta improductiva la simple acumulación de información cuando está cambia constantemente. La idea predominante es que al estudiante debe enseñarle todo el medio escolar, lo cual niega la importancia educativa de los diferentes medios donde se desenvuelve la persona. El docente es el que sabe todo, es quien tiene la verdad, es activo, y los estudiantes son pasivos, no descubren por sí mismo; no hay motivación al logro y la propensión al interés. 
  3. El docente cambia el rol de transmisor de conocimientos para compartir con los estudiantes un proceso conjunto de crítica y creación. 
  4. La racionalidad de los procesos educativos se funda en su historiedad, y, por lo tanto, los criterios de eficiencia, congruencia y pertinencia con los que suele abordarse la calidad de la educación estarían validada por sus resultados.  
  5. Las instituciones de educación superior, formadores de educadores deben replantar su rol y esforzarse por formar más que transmisores, investigadores de la educación, sujetos críticos y creativos que estén dispuestos para la innovación de métodos y técnicas educativas en plena interacción con los educandos, haciéndose constructores ambos de un proceso educativo abierto y cambiante. 
Es importante señalar los indicadores de calidad, y de acuerdo con el autor Santa Gadea quien sostiene que  “El vocablo calidad constituye un criterio que, de manera similar a eficacia o efectividad, se utiliza para evaluar ciertas características de los procesos y logros educativos”. Así se dirá, que una educación es de calidad, luego de comparar; además la calidad admite ciertos matices de baja, media o alta calidad. Durante mucho tiempo la calidad fue entendida solamente en oposición a cantidad, como algo no factible de medir, limitada a simple apreciación subjetiva. Paulatinamente se comenzó a hablar de cualidades mensurables, al referirse a figura, lugar, tiempo, movimiento y distancia. 
En tal sentido, una educación de calidad es aquella cuyas características hacen posible satisfacer las necesidades sociales de formación, o necesidades básicas de aprendizaje, que se plantea la sociedad. Por tanto, una educación puede ser de calidad en un determinado tiempo y para un determinado sitio, pero no implica que lo sea en cualquier época y lugar, dependerá de las necesidades de la sociedad en que se inscribe.