En las aulas de clases se alojan una serie de procesos tanto individuales como sociales los cuales están integrados dentro de otro de mayor amplitud: la educación. Al observar un aula y las dinámicas que allí ocurren, sin lugar a dudas se está frente a un sistema que, está compuesto por personajes que se influyen entre sí, surgiendo dinámicas que no se pueden explicar tan sólo por los comportamientos aislados de los individuos. Es así que, al hablar de sistemas en el comportamiento humano, tal como ocurre dentro de un aula, nace naturalmente la vinculación con los sistemas complejos, es decir, aquellos que se componen de unidades interactuantes y emotivos, de cuya acción en el tiempo surgen comportamientos no lineales, de los cuales la predictibilidad exacta es imposible.

Al reflexionar, sobre los paradigmas de los Sistemas Complejos (SC), se señala que está compuesto por múltiples elementos individuales interactuantes y emotivos entre sí. Estos agentes cambian sus estados internos según la interacción que tienen con otros agentes y el ambiente en que están inmersos. La dinámica de los SC se aleja de un comportamiento lineal, es decir, aquel en el cual se puede realizar una predicción exacta de la conducta del sistema a partir del conocimiento de las condiciones iniciales de dicho sistema. En cambio, en un sistema con dinámica no lineal, una pequeña variación en las condiciones iniciales puede generar un comportamiento totalmente diferente a lo largo del tiempo. 
Un pequeño ejemplo sería, si el sistema educativo fuera lineal y dependiera de una buena transmisión de información y motivación de los estudiantes, entonces, en un cierto nivel de dichas variables, se debería poder predecir el rendimiento de los educandos. Sin embargo, al observar, el aula podría polarizarse, lo que indicaría una dinámica no lineal. Igualmente, bajo esta condición, sería muy difícil predecir el comportamiento futuro del curso, como, por ejemplo, pronosticar cuántos grupos de diferentes rendimientos habrá al finalizar el curso, dada la proporción inicial del estudiante con buen y mal rendimiento.
Se ha podido observa, que la intuición basada en un modelo lineal de causa-efecto de un sistema, lleva a analizarlo y sacar conclusiones no válidas en relación con el comportamiento del mismo. Aún más, en base a dicho análisis se puede diseñar intervenciones que no contribuirán a lograr los objetivos que se persiguen. Para no correr dicho riesgo, es conveniente complementar dicha mirada con la perspectiva de los SC. Si bien es cierto, este paradigma no es el único posible de emplear, en muchas situaciones facilita los métodos y herramientas que son los más adecuados para analizar mejor a un sistema e intervenirlo para lograr un objetivo. 
Indudablemente, que esta perspectiva de SC es difícil de emplear y más costosa que usar un paradigma lineal, pero muchas veces es la única forma de asegurar un resultado aceptable. En efecto, al pensar aplicando solamente el paradigma lineal, se puede caer en el engaño de centrarse en identificar un único foco de análisis e intervención en educación. Por un lado, se ha comprobado que al enfocarse en los desempeños individuales y modificarlos por acciones o intervenciones exclusivamente a nivel individual, podría no tener los resultados esperados. Por otro, focalizarse en la importancia de las variables de contexto, y muy especialmente aquellas vinculadas con el grupo más amplio, tampoco explica completamente el éxito o fracaso en un rendimiento individual. 
Por consiguiente, al hablar en sistemas complejos, atendemos a la íntima relación entre los niveles micro y macro, exponiendo intervenciones en ambos niveles, pero sin pretender resultados exactos y lineales, sino como propuestas que tengan una mayor probabilidad de ocurrencia. Por otra parte, dadas las propiedades confusas de un SC, es decir, su sensibilidad a condiciones iniciales, la utilización de este paradigma asimismo permite alertar al investigador respecto a la aplicabilidad de ciertas intervenciones a un sistema, dentro de un contexto particular, a otros contextos y/o situaciones. Es decir, debe tenerse mucho cuidado al establecer la generalización de intervenciones. 
En síntesis, en el fenómeno educacional, si se considera los procesos de aula como expresiones de comportamiento complejo, es esperable también que distintas intervenciones tengan resultados completamente diferentes, originados en la sensibilidad que tienen los sistemas y, muy particularmente, aquellos compuestos por seres humanos. Un ejemplo cotidiano se puede observar cuando un docente realiza una misma clase en cursos distintos, realizando pequeñas modificaciones que posteriormente obtiene distintas consecuencias en diversos ámbitos: rendimiento, atención, motivación, simpatía, entre otros. Por lo tanto, el desafío es descubrir qué intervenciones tendrán una mayor probabilidad de éxito en función de los objetivos planteados por el proyecto educativo.

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