En la actualidad, no sólo se califica a una persona por lo más o menos inteligentes, ni por la formación o experiencia, sino, además, por el modo en que se relacionan con ellos mismos y con los demás. Se trata de un discernimiento que se aplica cada vez con mayor frecuencia y que finalizará determinando quién será contratado y quién no en el mundo laboral, quién será despedido y quién conservará su empleo, quién será postergado al mismo puesto durante años y, por último, quién terminará siendo ascendido.

Estas nuevas políticas pueden ayudar a predecir quién va a fracasar y quién, por el contrario, llegará a convertirse en un empleado ejemplar. Y poco importa, en este sentido, cuál sea el campo laboral en el que nos movamos porque estas normas determinan también el potencial para acceder a otros posibles empleos futuros. Pero, el hecho es que estas normas tienen muy poco que ver con lo que, en la institución educativa, nos indicaron que era importante, desde esta nueva perspectiva, las habilidades académicas son prácticamente irrelevantes.

Este nuevo discernimiento, parte de la base de que se dispone suficiente capacidad intelectual y destreza técnica para llevar a cabo la labor y, por el contrario, centra su atención en cualidades personales como la iniciativa, la empatía, la adaptabilidad o la capacidad de persuasión. Y ésta no parece ser una práctica pasajera ni el nuevo medicamento de los ejecutivos del momento, porque los datos que confirman esta tendencia se basan en investigaciones realizadas sobre millones de practicantes, que evidencian, con suma precisión, los rasgos que caracterizan a los empleados estrella, y, asimismo ponen de manifiesto las cualidades humanas que más contribuyen a la excelencia en el mundo laboral, especialmente en el campo de la gestión empresarial. 
Si usted trabaja en una gran empresa es muy probable, que esté siendo evaluado en función de este tipo de capacidades. En el caso de que usted forme parte del equipo directivo, tendrá que determinar si su empresa promueve o desalienta este tipo de competencias porque, en el primero de los casos, la organización será más eficaz y productiva. De ese modo conseguirá sacar el máximo partido a la inteligencia grupal o. por decirlo de otro modo, a la interacción sinérgica de los talentos más adecuados de cada uno de los participantes. 
En el caso de que usted forme parte de una pequeña empresa o incluso de que sea un empleado autónomo, también deberá tener en cuenta que el rendimiento depende en buena medida de este tipo de capacidades, aunque nadie le haya hablado de ellas en la institución educativa. Pero, en cualquiera de los casos, su carrera dependerá, en mayor o menor grado, de su dominio en este campo. En una época que tolera de todo tipo de garantía y seguridad laboral y en la que el mismo concepto de labor, está siendo rápidamente reemplazado por el de habilidades portátiles, éstas son las cualidades que determinarán nuestra permanencia en el puesto de trabajo y la flexibilidad para adaptarse al nuevo mercado laboral. 
Y, sin embargo, durante décadas se refirieron a este tipo de habilidades con una gran diversidad de términos, como: carácter, personalidad, competencias o habilidades blandas, en la actualidad se dispone de una visión más detallada de estos talentos y de un nuevo nombre para ellas: Inteligencia Emocional.

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