En la actualidad, no sólo se califica a una persona por lo más o menos inteligentes, ni por la formación o experiencia, sino, además, por el modo en que se relacionan con ellos mismos y con los demás. Se trata de un discernimiento que se aplica cada vez con mayor frecuencia y que finalizará determinando quién será contratado y quién no en el mundo laboral, quién será despedido y quién conservará su empleo, quién será postergado al mismo puesto durante años y, por último, quién terminará siendo ascendido.
Estas nuevas políticas pueden ayudar a predecir quién va a fracasar y quién, por el contrario, llegará a convertirse en un empleado ejemplar. Y poco importa, en este sentido, cuál sea el campo laboral en el que nos movamos porque estas normas determinan también el potencial para acceder a otros posibles empleos futuros. Pero, el hecho es que estas normas tienen muy poco que ver con lo que, en la institución educativa, nos indicaron que era importante, desde esta nueva perspectiva, las habilidades académicas son prácticamente irrelevantes.
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