Las actividades académicas poseen más de un significado puesto que las mismas, contribuyen a la consecución de diferentes metas. No obstante, no todas las metas tienen la misma importancia para cada uno de los estudiantes. Esta importancia varía de acuerdo a la orientación personal y de las distintas situaciones que afrontan a lo largo de su vida académica. 

Por este motivo, tomando en cuenta que las distintas metas a menudo tienen efectos opuestos, sobre el esfuerzo con que los educandos afrontan el aprendizaje, es importante conocer cuáles son tales efectos para así saber sobre qué metas tratar de influir y cómo hacerlo. De acuerdo con los autores Dweck y Elliot, 1983, el significado básico que toda situación de aprendizaje debería tener para los estudiantes es el de que posibilita incrementar sus capacidades, haciéndoles más competentes, y haciendo que disfruten con el uso de las mismas. Cuando esto ocurre se dice que el estudiante trabaja intrínsecamente motivado, siendo capaz de quedarse concentrado en su trabajo, superando el aburrimiento y la ansiedad, buscando información espontáneamente y pidiendo ayuda si es realmente necesaria para resolver los problemas que encuentra, llegando a autorregular su proceso de aprendizaje que, de un modo u otro, llega a plantearse como el logro de un proyecto personal. 
Se sustenta, que conseguir que los estudiantes afronten el aprendizaje atribuyéndole el significado, tiene efectos máximamente positivos, lo que se debe plantear es como saber qué característica debe reunir el modo en que el docente plantea la enseñanza para que los educandos la afronten del modo indicado. El aprendizaje se realiza, pero, en un contexto social que contribuye a atribuirle otros significados. 
El significado más evidente es el instrumental. Por ello, esforzarse por aprender puede ser más o menos interesante dependiendo del significado funcional de lo que se aprende. Se busca aprender algo útil, si bien la utilidad es relativa: comprender un principio, resolver un problema, facilitar nuevos aprendizajes, facilitar aprendizajes que posibilitan el acceso a distintos estudios, al mundo profesional en general y a puestos específicos de trabajo en particular, entre otros. 
Si no se distingue la utilidad de lo que se ha de aprender, el interés y el esfuerzo tiende a disminuir en la medida en que los estudiantes se planteen el tema de la utilidad. Por el contrario, en la medida en que se perciban las múltiples utilidades que puede tener aprender algo, aumenta la probabilidad de que el interés y el esfuerzo se acreciente. La utilidad del aprendizaje puede ser algo intrínseco al mismo. Así, que estudiar facilita la comprensión de conceptos o procedimientos que, a su vez, facilitan la comprensión y el aprendizaje de otros más complejos que, por su parte, contribuyen a la adquisición de capacidades más generales. 
El esfuerzo y el aprendizaje, pueden ser percibidos como materiales o sociales cuando el atractivo de una actividad sólo se puede comprobar después de llevar acabo realizándola cierto tiempo o cuando es preciso alcanzar cierto nivel de destreza con ella para disfrutar de su realización y su uso parece aconsejable. Sin embargo, el hecho de que para un sujeto su motivación primaria para aprender dependa de incentivos externos no siempre tiene efectos positivos. A menudo contribuye a hacer desaparecer el interés intrínseco que puede tener la realización de una labor, haciendo que los estudiantes se esfuercen sólo cuando consideran que su realización les va a aportar algún beneficio externo a la misma. 

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